Policiales
Domingo 13 de Diciembre de 2015

División Homicidios: vivir tras los pasos de asesinos y criminales

La trastienda del trabajo diario de los policías que esclarecen los peores hechos de la sociedad  

Ángel Ricle es el jefe de la División Homicidios y hace 14 años que trabaja en esta área de la Policía de Entre Ríos. Carlos Schmunk es el subjefe y hace 10 que está en la misma tarea. Ellos y el grupo que conforman 19 oficiales y suboficiales son los responsables de haber llevado a la Justicia a los sospechosos de 30 de los 31 asesinatos ocurridos en el año. En el que queda pendiente “no hay testigos, pero sí varias pruebas científicas que llevan un poco más tiempo”, se esperanzan. Todos ellos trabajan en el clásico régimen de 24 por 48 (un día entero para descansar dos), pero a diferencia de otras áreas, en Homicidios cuando suena el teléfono se interrumpe un sueño, un paseo familiar o un asado, para que los minutos no se coman las pruebas que puedan conducir al culpable.
“La satisfacción del personal es que está todo prácticamente esclarecido, con imputados, de los cuales la mayoría están todos en la Unidad Penal, algunos condenados y otros esperando el juicio”, dice orgulloso Ricle tras recibir a UNO en su despacho del incómodo edificio que tiene la Dirección Investigaciones en Ayachucho y Churruarín.
La complejidad de los homicidios en Paraná es mediana, un poco más que antes pero sin llegar a ser crimen organizado. Muchos se resuelven en las primeras horas o días, y otros llevan unas semanas. “Hemos tenido causas que te llevan semanas en esclarecer, porque necesitás informes, otras cosas, y por ahí te sentís bajoneado porque ves que no surge nada, por ejemplo la causa Gabarró (Nicolás, el joven asesinado el 18 de octubre) demoró en salir a la luz todo, y mientras tanto te bajoneás pero cambia a medida que va saliendo”, cuenta Schmunk, y agrega: “Por ahí se siente la presión por hechos puntuales de trascendencia notoria, pero el lineamiento es claro: trabajar tranquilos, hacer las cosas bien, no apresurarse. Comentarios en un homicidio te llegan diez mil, por eso se trabaja mucho ahora con Inteligencia Criminal y Criminalística, se ha formado un lindo equipo de trabajo en conjunto donde cada uno aporta su parte. Nosotros resaltamos el esfuerzo que hacemos todos, desde el jefe hasta el último. Es realmente un sacrificio, al que está acá le tiene que gustar, después de 24 horas se quedan para allanamientos, para seguir en la calle. Por eso no puede venir cualquiera que no tenga la intención de trabajar”.
En los últimos años, los homicidios ocurridos en algunos barrios de la zona este de Paraná adoptaron las características de venganzas entre bandas y disputas por mandar en la zona. Ricle lo explica: “Podemos decir que hay barrios donde hay gente que siempre está delinquiendo, se van deteniendo y siempre se va descolgando alguno que por ahí lo tuviste nombrado en otro hecho y van surgiendo de la misma banda de la que ya tenés algunos presos. En los conflictos como en el Municipal, La Milagrosa, Hijos de María, Lomas del Mirador, son grupos, no sé si bandas, pero sí grupos muy numerosos. Son conocidos directos y que quieren dominar por cuestión de poder”.
“Se trabaja en todos por igual”
Ricle tendrá unos 450 homicidios (sí, 450) aproximadamente en los que ha trabajado desde que ingresó a la División. Él y Schmunck han detenido a personas que se han entregado respetuosamente hasta personajes pesados del hampa paranaense. Sin embargo, dicen que nunca han tenido un problema personal con ninguno: “Hasta ahora gracias a Dios no. Nosotros no inventamos ni hacemos nada, nosotros cumplimos con lo que tenemos que hacer, no nos interesa ni somos nadie para juzgar ni prejuzgar a nadie, cuando tenemos todos los elementos que consideramos, el fiscal se lo informa al juez de Garantías y la Justicia es la que determina”, asegura Ricle. Schmunk agrega: “También nos ha pasado que tenemos causas que hemos llegado bien pero no nos alcanzan los elementos para comprobar y nunca se ha inventado nada. Hasta hemos encontrado el arma de un homicidio, pero el tipo dijo ‘no, a mí me la dieron’ o ‘la compré por seguridad’. Para la Justicia no alcanza y se sigue, no se baja los brazos”.
El subjefe de Homicidios dio un ejemplo: “A mí me ha tocado la causa Barrientos (Petaco, el jefe de la barra de Patronato y del barrio Municipal), me cruzó y me lo tomé como una persona enojada, si se lo toma como personal es por él, para nosotros es una causa más. Lo que le dan los medios o las personas a lo que es Patronato, la barra, es una cosa, para nosotros es una causa más, las trabajamos a todas iguales, no es que uno es más y otro es menos”.
Una bomba de problemas sociales
Este año los investigadores notaron una particularidad en los homicidios: la creciente participación de menores de edad. Esto conlleva una forma especial para actuar en la investigación y la detención, pero además los policías observan la cruda y cruel realidad que le da contexto a cada historia.
“Hemos tenido un porcentaje alto con menores de edad que han cometido hechos y siempre las hipótesis que se trabajaron son problemas de estupefacientes, de vieja data o entre familiares, es lo que más nos ha llamado la atención”, cuenta Ricle. Por su parte, Schmunk observa “la complejidad” de los crímenes, “porque antes era más sencillo, había un problema en un barrio, uno lo mataba al otro y se quedaba ahí y ‘bueno llevame’. Ahora uno ve que por un arrebato o un asalto están matando, se hace más compleja la investigación, los menores están con armas de fuego”.
En este sentido, lo que notan al intervenir en estos casos no es solo un joven señalado en un asesinato, sino otros problemas: “Uno ve que esos chicos no van a la escuela, están totalmente en conflicto con los padres. No quiere decir que porque el chico haya matado sea de mala familia, el padre trabaja, la madre es ama de casa, y son buenas personas, pero el chico se les fue de las manos, y no hay forma, los enfrentan. Y cuando al chico lo vamos a detener lo ves de una manera, y no te lo podés imaginar en lo que hizo”, dice Schmunk . Y contó el caso de un joven, hoy mayor de edad, que está preso por varios hechos muy graves: “Siempre que lo fuimos a detener siendo menor de edad nunca tuvimos un problema con él, pero la madre misma nos decía que tenía problemas severos de drogadicción, entró a las drogas a los 10 u 11 años, un problema grave que lo llevó a cometer todos los hechos que se le probaron”.
“Siempre los ves en el mismo hábitat y con las mismas personas, ellos viven el día. No se entiende porqué responden por otro, ni el motivo, si por miedo, porque los mandan, o por la familia”, plantea Ricle.
Condiciones que deben mejorar
Como pasa en cualquier ámbito laboral, pocos hacen el trabajo de muchos. Según pudo observar UNO, en la División Homicidios los 19 efectivos son escasos para el trabajo que abarca desde la actuación en una escena del crimen y la búsqueda del asesino, hasta la notificación a un testigo que tiene que ir a declarar a un juicio. También muchas veces hacen las tareas que les corresponderían a otras áreas. Además, el lugar físico tampoco reúne las condiciones adecuadas, tanto para el personal como para quienes deben asistir allí, ya que se trata de una oficina pública.
Un panorama que no se condice con la relevancia del trabajo de quienes esclarecen hechos que conmueven a la sociedad, que llevan un poco de tranquilidad a las familias destruidas por un crimen, y que le salvan las papas a las autoridades judiciales para que los casos no queden impunes, con salarios que dividen varias veces los de jueces o fiscales.
Ante el cambio de autoridades en la Policía provincial, hay expectativas de que se mejoren algunas cosas, al menos para valorar un poco el esfuerzo, muchas veces desinteresado.
Nuevo Código: Se sumaron los fiscales
Desde octubre de 2014 rige en Paraná el actual Código Procesal Penal de la Provincia. Cambió en el sistema judicial el trámite de las causas, pero el trabajo en la calle para esclarecer un hecho sigue siendo el mismo. Aunque ahora intervienen en la investigación los fiscales, codo a codo con los policías. La División Homicidios, en los años anteriores y con el nuevo sistema, se ha ganado el respeto y la confianza del Ministerio Público Fiscal, y según Ricle y Schmunk la experiencia hasta ahora ha sido muy buena.

“Como toda cosa nueva cuesta aclimatarse, pero hay una buena relación de la parte judicial con nosotros, esto es de años de una convivencia de trabajo. Hay cosas que por supuesto nos cuestan un poco porque estábamos acostumbrados a hacer todo el expediente y ahora lo maneja directamente el fiscal”, cuenta Ricle, y Schmunk coincide: “Antes hacíamos todo nosotros, las consultas con el juez eran básicas, ahora el fiscal está continuamente con nosotros, en muchas cosas agiliza, está en el lugar del hecho, acompaña, habla con los testigos. Pero después la parte investigativa sigue siendo igual, el movimiento que tenemos con los oficiales y el personal es igual, hay mucho trabajo”.

Un clásico del viejo Código Procesal eran las contradicciones de los testigos entre lo que declaraba ante los efectivos policiales de Homicidios, luego lo que decía en el Juzgado de Instrucción y más tarde en el juicio. Ahora esto cambió: “Para nosotros es fundamental el hecho de llevar al testigo a Fiscalía, para que el fiscal tome conocimiento de lo que pasó, de lo que puede aportar, porque nos ha pasado que hemos tenido causas graves, se han tomado testimonios y después van y dicen otra cosa, entonces quedamos en el medio, el oficial que tomó la declaración y la persona que por una cuestión de amiguismo, de estar en el mismo ambiente, de miedo, hay muchos factores que no dicen lo mismo en sede judicial”, relata Ricle.

“Hoy en día a los fiscales también les ha pasado en las entrevistas, y les hacen saber que son filmados para que se den cuenta”, dice Schmunk.

Después de todo, “tanto con el código viejo como con el nuevo nos hemos sentido cómodos para trabajar porque tenemos un lineamiento, o es blanco o es negro, hay cosas que por ahí se saben, quién pudo haber cometido el hecho, pero necesitamos elementos. Nosotros decimos siempre que la investigación es un 50% de trabajo a full y un 50% una cuestión de suerte también, porque el investigador anda en la calle, hablando con uno, con otro de un tema y surge otra cosa que uno no la había percatado en la investigación”, concluye el jefe de Homicidios.

 

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