Sol y Luna
Jueves 17 de Marzo de 2016

Diversión sin límites

Si caminar por la calle implica chocar gente por estar mirando el celular, si en la cena con familia  no se tiene referencia de quien está en la mesa por seguir una charla en WhatsApp, si se tiene más diálogo con amigos por Facebook que cara a cara y la concentración para estudiar se vuelve imposible por pensar en mil planes para el resto del día, la respuesta es sólo una: sos colgad@.

Desprendernos del celular
Un especialista,  el Licenciado Tomás Kelly, de Eustress recomienda lo siguiente: “Podés ser sociable en las redes, pero si estás ahí metido todo el tiempo, difícilmente seas sociable en la vida real con quienes te rodean. Si lo pensás bien, el celular no te conecta profundamente con la gente, porque con un mensaje no sabés la realidad de lo que siente la otra persona. No ves sus ojos ni escuchas sus tonos. No sentís su contacto ni te conectas con sus emociones. Es momento de desconectarse para conectarse”, explica.

Para resolverlo, propone dejar el aparato por un momento en un sector de la casa donde se esté  habitualmente, si bien eso logrará una gran inquietud, servirá para revalorizar a los que forman parte del entorno más cercano, a quienes se les prestará más atención.

Entrenar el cerebro
Otra clave que aportan los psicoanalistas y que no se debe descuidar, es el entrenamiento del cerebro, ya que si se mantiene un entrenamiento sostenido durante cierto tiempo con la mente, se irán generando ciertos encendidos neuronales que diseñarán un “concierto” distinto y más saludable en el cerebro.
Es la mente atenta la que se sitúa en el presente y con una actitud de aceptación. La que no está deseando que todas las cosas sean de tal o cual forma,  sino que reconoce los límites de su control y aprende a transitar cada instante.

Una mente que se entrena de esta manera va deshollinándose de preocupaciones, temores y ansiedad y crea la base de un círculo virtuoso que incluye la aceptación, la paciencia y la ecuanimidad.  



Si estás en un momento de tu vida en que la “persona indicada” para comenzar a transitar una relación, parece no llegar nunca, hay un consejo que no se debe descuidar para revertirlo.
Los especialistas atribuyen la desconfianza de conocer a alguien nuevo, a las experiencias previas que la persona ha vivido y que fueron dolorosas. Esto se debe a que las mismas actúan como impedimentos, es decir, por temor a ser nuevamente decepcionados nos encerramos y nos privamos de la posibilidad de salir y conocer a otras personas que demuestran interés en nosotros. Ese temor de ser decepcionados opera en nosotros de modo constante. Otras veces es una cuestión de autoestima baja. Con lo cual no nos consideramos atractivos o merecedores de enamorarnos de alguien o tememos no ser correspondidos y eso se convierte en una profecía autocumplida y nos “autoboicoteamos” toda posibilidad que nos surge.
Una vez reconocido, la respuesta es que, el hecho que se hayan tenido malas experiencias, no implica que la próxima sea igual. Es importante saber que la capacidad de amar estará intacta en nuestro interior. Arriesgarse: ¡Vale la pena!

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