A Fondo
Miércoles 27 de Enero de 2016

Disculpe, gracias, buen día, perdón

Javier Aragón / De la Redacción de UNO
jaragon@uno.com.ar


Se podrá entender que en estos tiempos modernos hay que dejar de lado gran parte del pasado, incluso, hasta las buenas costumbres. Así somos los humanos cuando asumimos este tipo de modismos.

Me llama poderosamente la atención, cómo gente grande, madura y qué decir de los jóvenes o adolescentes no tienen la sana costumbre de ser atentos cuando ingresan a algún lugar, saludar, ser corteses, amables, sencillamente para que todos entremos en esa idea de tratarnos todos los días un poco mejor.

Por el contrario, hoy la sociedad avanza entre los diálogos cortos, secos, ausentes de frases agradables para los oídos. Es como que el otro tiene la responsabilidad de escucharte, y si bien podés tener un problema o una necesidad que se expresa, ¿qué cuesta hablar bien, pidiendo bien las cosas, siendo al mismo tiempo agradable?

El gran músico y maestro en toda la palabra Raúl Barboza cada tanto viene a la ciudad de Paraná. Este hombre recorre el mundo con su chamamé tan característico y desde aquel Tren expreso que llegó incluso hasta el lejano Japón, demuestra ser una persona sencilla, muy culta, pero respetuosa por sobre todo.

No es una coraza, no es demagogia. Por convicción lo siente y reconoce que hay “una onda” en la Argentina de ser muy poco amable.

Barboza en las entrevistas que le realicé siempre llegaba con una sonrisa, diciendo buen día, cómo andan, para luego pasar a contar sus cosas. El músico está un poco grande de edad, y por ello es que cada tanto dice: “Perdón, disculpe no escuché bien, me podría repetir su pregunta, gracias”...

Qué agradable al oído de cualquiera que un interlocutor recepcione una frase y devuelva una caricia  al respeto, la tolerancia, la idea de neutralizar la violencia verbal  y priorizar el buen diálogo como premisa de la sana costumbre de ser un poco mejor persona a la hora de transitar en este mundo y de relacionarnos con el otro.

Al otro hay que hacerlo sentir bien. Recuerdo que hoy es normal que a una mujer, a un niño o a una persona con problemas físicos no se le cede el asiento en el colectivo, darle paso en la parte más cercana a la pared en la vereda, abrirle una puerta o ayudarlo a pasar una calle. Parece ser que da vergüenza.

A muchos les gusta hacerles sentir que estamos en una selva, donde el más poderoso sobrevive, por el solo hecho de ser más fuerte. 

Habrá que volver a las raíces, y recordar lo que nos enseñaron nuestros padres y docentes. Creo que el gran problema de esta realidad con sus modismos o como quieran llamarlo, es sencillamente la falta de educación.

Este problema no es para una clase social determinada, es la comunidad que está enroscada en una franca disociación del otro, de no saber quién es y que termina en un maltrato indirecto de alguien a quien no le tengo aprecio. 

Hagamos el ejercicio cada tanto, o mejor todos los días, de probar y amplificar en nuestro vocabulario las palabras tales, como: Perdón, gracias, disculpe o buen día...


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