La Provincia
Domingo 05 de Julio de 2015

Discriminación: hay un largo camino por recorrer

Análisis. Las recientes estadísticas provinciales muestran el alto impacto de esa problemática en la sociedad. Pese a la indiferencia, identificar estos casos constituye también un avance en la toma de conciencia colectiva

Daniel Caraffini / De la Redacción de UNO
dcaraffini@uno.com.ar


La discriminación es uno de los males de nuestra sociedad, y la indiferencia para no practicarla, para intervenir o denunciar, aún peor.

Está a nuestro lado, a cada paso, lo vemos y hasta lo sentimos, alguna vez, en carne propia. Puede presentarse en forma de violencia pasiva, o transformarse en una agresión física.

Se discrimina por género, por trabajo, por orientación sexual, por etnia o procedencia geográfica o religiosa, por alguna capacidad diferente.

Algunas estadísticas recientes sobre esta problemática –incluidas en el Mapa de la Discriminación en Entre Ríos presentado semanas atrás– describen estos comportamientos. Pero también traslucen, una mayor conciencia sobre esta problemática: el reconocimiento y la identificación de estos hechos marca un camino que habrá que profundizar de aquí en más, apostando a un cambio cultural que condene este tipo de comportamientos.

Entre la catarata de números y porcentajes surgidos de encuestas en Paraná, Concordia, Concepción del Uruguay, Gualeguaychú, Villaguay y La Paz, sobresalen referencias como que los mayores niveles de discriminación se producen en el ámbito educativo, luego en el laboral, y en tercer término, en la vía pública. Ello implica que se discrimina entre próximos, conocidos, personas cercanas de nuestro entorno.

Por otro lado, nos muestra el mal de la indiferencia que llevamos puesto: casi un 70% de las personas consultadas fue indiferente ante casos de discriminación, sufridos o vistos; es decir, no hizo nada ante el hecho.

En parte, puede salvarse el alto nivel de desconocimiento sobre cómo actuar, aunque en el fondo subyace un problema de educación: los entrerrianos discriminamos por ser pobres, por ser obesos o por su condición física; por discapacidad. También discriminamos a las personas provenientes de países limítrofes, o por su condición sexual. 

Lo sufren los chicos en la escuela, por la cuestión física, o también aquellos que padecen algún trastorno de salud. Hay rechazos a personas de otros países limítrofes, como bolivianos, paraguayos, y también a aquellos de origen asiático. También persisten actos xenófobos contra la comunidad judía, como ocurrió recientemente con la aparición de una pintada en la zona del Puerto Nuevo de Paraná. Lo sufren también quienes no encuentran ropa de sus talles en los comercios.

En cifras concretas, el estudio reveló que los tipos de discriminación más experimentados por los entrerrianos son por el nivel socio-económico (29%); por el aspecto físico (19%), por la obesidad o sobrepeso (18%). 

En tanto, las mujeres son quienes más la padecen, bajo distintas formas: la experimentó una de cada tres; mientras que en el caso de los hombres, uno cada cuatro.

De acuerdo con las consultas, el nivel de discriminación percibida en nuestro país alcanza “es mucha” para el 51% de los encuestados; y otro 40% dice “bastante”.

En cuanto a los ámbitos principales de discriminación, sobresalen el ámbito educativo (49% de los encuestados afirmó haber experimentado allí una práctica discriminatoria, como observador o víctima); en el ámbito laboral (33%); y en la vía pública (19%).

La publicación destaca que como ocurre a nivel nacional, en la provincia el ámbito educativo es el principal espacio donde se concentran las experiencias discriminatorias: los principales tipos tienen que ver con motivos relacionados al nivel socio-económico y cuestiones estéticas como el aspecto físico o la obesidad/sobrepeso.

Le sigue la discriminación laboral, un fenómeno complejo “que incluye tanto la etapa previa a la contratación, como el efectivo vínculo laboral, el espectro de casos de discriminación” como el nivel socio-económico y el color de piel, hasta la discapacidad y la obesidad y el sobrepeso.

Y en el espacio público –sea vía pública o instituciones públicas- prevalecen discriminaciones por nivel socio-económico, discapacidad, forma de pensar/ideología, aspecto físico, color de piel y edad.

“Más atentos”

A criterio del sociólogo y docente de la Universidad Católica Argentina (UCA) Jorge Kerz, los altos porcentajes son indicativos de la existencia de una discriminación “importante” por parte de la sociedad, aunque aportó que si bien merecería un estudio más profundo, puede ser que la existencia de estos índices tanto de la percepción como la identificación de hechos “no tenga que ver con un incremento o elevación de casos, sino que hay más información y la gente está más atenta a percibirlos o reconocerlos”.

En tal sentido, remarcó que puede haber más casos, o más conciencia social. En cambio, especuló que puede faltar información sobre cómo actuar, o donde realizar la denuncia. “Eso puede hacer minimizar los hechos”, añadió.

Para Kerz, que fuera el primer defensor del pueblo de Paraná en el año 2003, hubo un avance en la materia, más allá que el nivel de discriminación es alto.

“Hace 30 años atrás se discriminaba, pero antes se tomaba como normal; ahora hay más información y supongo que ello está dando resultado; entiendo que hay más conciencia y por eso hay tantos niveles de identificación y también de discriminación porque se perciben” y remarcó que “son procesos sociales que necesitan tiempo: Hoy es difícil ver a alguien pegarle un sopapo a un chico, cuando antes era natural; ahora muchos tal vez no reaccionen, pero otros sí. Por eso estos procesos se miden en el tiempo”.

En relación a los ámbitos de discriminación, expresó que sean en esos ámbitos –educativo, laboral– tiene que ver con que son allí donde se producen los comentarios discriminatorios, y no necesariamente que se allí se produzcan. “Es entre cercanos, próximos, que se escuchan comentarios o se habla de otros”, planteó.

Agregó también las recurrentes manifestaciones de discriminación contra personas de países limítrofes: “Nosotros tenemos cuestiones con nuestros hermanos latinoamericanos, pero vas a Europa hoy y seguramente siendo un extranjero pasará lo mismo, porque competís con ellos en el mercado laboral; o lo que significa ser árabe hoy en Europa”, al opinar ante la consulta o comparación de la discriminación entre nuestra sociedad y otras del mundo.

Finalmente, Kerz volvió a valorar que los niveles de percepción indican que “hay más conciencia. El camino se está haciendo, puede faltar más información, pero identificar la discriminación es un paso para cambiar la actitud, para saber lo que no es correcto”.

Los valores en la sociedad de consumo

“Reproducimos ciertas prácticas que responden a una sociedad consumista, relativista, donde el ‘todo vale’ está a flor de piel y a veces, quedarnos callados, es también como un mecanismo de defensa... es decir, muchas personas se callan para no ser discriminados ellos también....”, señaló la docente y licenciada en Ciencias de la Educación de la UNER, Rita María de la Paz Gotardo, al ser consultada por UNO acerca de los altos niveles de percepción de indiferencia ante estos casos.

Al respecto, que siete de cada 10 personas reconozcan haber experimentado discriminación, observando o siendo víctima de un hecho, “resulta una estadística alarmante”, pero a criterio de la profesional, “en muchos ámbitos de nuestra sociedad se discrimina y no todos reconocen que pasan por esa situación. Creo que dichas estadísticas responden a un tipo de sociedad atravesada por el consumo y ciertos patrones a seguir, muchas veces inalcanzables. Por ejemplo, si no tenés determinado tipo de celular, no usás cierta ropa que `está de moda´, si no hacés uso de ciertos códigos, sos visto como `bicho raro´. O sea, nuestra sociedad pareciera habilitar modos de discriminación encubierta. Y esto, inevitablemente, se hace carne en las acciones cotidianas”.

Rita Gotardo es actualmente asesora pedagógica en escuelas secundarias, y docente de Nivel Superior. Al mismo tiempo, está finalizando una especialización en Nuevas Políticas de Infancia y Juventudes. 

Respecto a lo que ocurre en las escuelas,  consideró que “es un espacio de socialización secundaria, que luego de la familia, empezamos a transitar. Y es allí donde las diferencias emergen...” con discriminación “tajante, como el  que usa anteojos, el gordito, el pecoso... rótulos que se van poniendo en juego a la hora de ‘llamar´  al compañero, o al `distinto’ con el cual se convive a diario. Cuando esos rótulos son recurrentes y nos se pueden manejar, estamos discriminando”.

“Pero no solo en eso –amplió su reflexión–, también en la escuela existen otros modo de discriminar, y no solo entre pares sino también desde los mismos adultos. Actualmente hemos interiorizado un discurso que tiene que ver con la idea de `trayectorias escolares´. La idea de trayectoria tiene que ver con “conocer, comprender y respetar el camino que cada sujeto dentro de la escuela va realizando”. Este concepto intenta recuperar lo personal,  de poder comprender que no todos tenemos los mismos tiempos de aprender. Esto también es importante destacarlo, porque como decía anteriormente, la discriminación dentro de la escuela también suele darse a partir de prácticas de exclusión reproducidas en las prácticas y discursos escolares”.

 

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