La Provincia
Domingo 05 de Julio de 2015

Dinero y política en el universo de las drogas

Descubriendo Entre Ríos. El periodista Daniel Enz sumó este año una obra que exige mucho esfuerzo, organización y conciencia. Una vez más, pone el dedo en la llaga

Tirso Fiorotto / De la Redacción de UNO 
tfiorotto@uno.com.ar



"Los hijos del narco. Narcotráfico, poder, violencia y muerte en Entre Ríos” desnuda un flagelo que hasta ahora aparecía en noticias aisladas o diálogos en voz baja. 

El investigador nos muestra allí el panorama, y los vínculos que revela en el mundo del hampa resultan impresionantes.

Armas, muertes, prostíbulos, política, deportes, empresas, todo encaja. El autor no duda en señalar que las amenazas y los aprietes están a la orden del día, y añade la denuncia de hechos delictivos dentro del gobierno que exigen la presencia de fiscales por propia iniciativa, aunque en Entre Ríos eso sea una ilusión.

Sobre algún barrabrava, afirma que los referentes del poder político no saben cómo controlar lo que alguna vez inventaron.

Con el estudio de la violencia estatal en la dictadura, la corrupción sistemática en las últimas décadas, la concentración de las riquezas (en especial el uso y la  tenencia de la tierra), o el abuso en lugares inesperados como la iglesia, el abordaje de un tema tan espinudo como narcotráfico ayuda a mirar nuestra región ya sin candidez. Y todos estos temas han sido tratados por Daniel Enz, a través de distintas vías.

Eso le permite al periodista entrerriano (por adopción) trazar relaciones, conocer puentes, estructuras de poder, miserias y resistencias, pintar en fin el litoral desde perspectivas inusuales. 

Los desafíos

Enz da nombres y fechas y cantidades y lugares y conexiones, o nos ofrece algunas pistas para comprender. Todo eso lo pone en un estado de riesgo permanente, porque no son pocos los sectores y las personas que se sienten incómodos frente a la mirada y la pluma del periodista nacido en Reconquista, Santa Fe, pero afincado en Entre Ríos desde su adolescencia.

Hablar de los narcos y los lavadores de dinero y sus contactos no es para flojos. Hay que tener… espaldas. 

Daniel Enz toma desafíos que no son comunes en el periodismo de investigación y los lleva adelante contra viento y marea. Hay que comprar su libro para conocer, y para apoyar los propósitos del autor, y para tomar conciencia de que el poder, en sus distintas manifestaciones, no siempre encuentra el camino aceitado en el periodismo, como parece. 

Historiadores, economistas, periodistas de interpretación, sociólogos, pensadores de cualquier ámbito, tienen en las obras de Enz abundantes testimonios de primera mano que ayudan a entender la realidad social. Y debemos reconocer en el director de la revista Análisis, de Paraná, una particular vocación para meterse en el barro, para pelearse, para ser el “malo” de la película, lo cual genera mil y una dificultades. 

Enz es el periodista más perseguido por los delincuentes (principalmente los de alto rango), en las últimas dos décadas. Hay otros que sufren, de distintas maneras, como por ejemplo el estrangulamiento económico, la censura, la sobreexplotación, en fin.

Es fácil decir hoy “Ilarraz” una vez que ya actuaron los estamentos de la justicia. Difícil, en cambio, la primera denuncia, cuando todo resulta bastante incierto y hay que hurgar en los elementos de juicio que le den a la noticia (del abuso deshonesto protagonizado por un cura) un grado de verosimilitud, para hacer de eso un título, una portada.

Y vale otra digresión: es el abuso del cura el escándalo, no su divulgación. Es el secretismo de la curia lo escandaloso, no la tarea del mensajero.

Héroes y villanos

Enz desaparece de tanto en tanto, se marcha un par de meses. Cuando vuelve presenta un nuevo título y agarrate Catalina. Es difícil que el tema pase inadvertido.

Por ahí con intríngulis judiciales, policiales, de familias acaudaladas o de crímenes que revelan relaciones enfermizas; por ahí con detalles de personajes siniestros, asesinos seriales, o criminales que mueren en la cárcel por mentidos suicidios, es decir, victimarios-víctimas.

Gobernadores, sindicalistas, legisladores, empresarios, herederos, corporaciones, curas, obispos, policías, militares, dirigentes sociales, terratenientes, abogados, criminales varios, organizaciones delictivas, jueces, espías, patria contratista, monopolios, son protagonistas en las denuncias de Enz en torno de las miserias humanas de la bella Entre Ríos. Siempre relacionando los asuntos locales y regionales con los nacionales, y en este caso con conexiones internacionales (Colombia, México, Perú, etc), que alertan.

Al mismo tiempo, luchadores sociales, héroes de Malvinas, militantes de los derechos humanos o ambientales, mujeres y hombres de la resistencia que dan su tiempo, su esfuerzo, y hasta sus vidas por principios y valores trascendentes. El autor muestra el paisaje, allí hay villanos y héroes, y si bien a veces exhibe un cierto maniqueísmo, eso no es lo habitual en Enz, capaz de señalar la gama de grises en los personajes y las historias.

Clases altas

Es cierto que su perseverancia (y la de otros periodistas por el estilo) ha logrado que en Entre Ríos la corrupción, la connivencia de políticos y empresarios, no quede en la total impunidad.

En tiempos de la actuación del fiscal Oscar Rovira, por caso, fueron las páginas dirigidas por Enz y el esfuerzo de varios colegas los que dieron mayor espacio a las denuncias, un verdadero catálogo de la corrupción de la especie humana que cruza partidos, instituciones, profesiones, clases sociales, aunque por supuesto echa raíces en las clases altas y el poder político. Difícilmente Enz haga hincapié en rateritos de barrio, los peces gordos son su especialidad. Es decir, lo difícil.

Pero veamos algunas perlitas de “Los hijos del narco”, con prólogo de Hugo Alconada Mon, sobre el cual ya hizo algunas referencias el periodista José Amado en UNO.

El Delta, un paraíso

“Entre Ríos resulta atractiva para las organizaciones narcotraficantes por su ubicación estratégica para la salida de estupefacientes por el acceso fluvial hacia el Río de la Plata y sus puertos internacionales. Esto es aprovechado por las bandas delictivas como zona de tránsito de la droga, hacia el Uruguay o Buenos Aires y, en muchos casos, con destino final al continente europeo, triangulada desde Colombia y Bolivia”.

Enz pinta un panorama grave. En cada página. “El delta del Paraná, o sea, el límite natural entre Buenos Aires y Entre Ríos, es la zona donde el comercio de la droga instaló un escenario de acopio y tránsito… el delta es la puerta de acceso de la droga al conurbano por el lado norte, gracias a su vecindad con Pilar y Escobar. Son zonas donde el ingreso de droga, ya sea por avionetas que salen de Salta, Misiones y Paraguay o bien por barcazas, muchas de ellas con bandera extranjera y que nunca se detienen, demanda toda una organización. Van arrojando paquetes con marihuana y cocaína en los campos, que suelen estar atravesados por arroyos, lo que es rápidamente recogido, a toda hora, por lanchas o canoas que luego le dan un destino final”.

“La droga es como el cáncer”, dice Daniel Enz y anticipa qué ocurrirá cuando la política responda.

Los hijos del narco es una obra nos interpela como sociedad, y devuelve expectativas en la función del periodista.


La droga entra al Uruguay por el río

No fue casual, dice el autor, que varias familias colombianas compraran extensiones de tierra en proximidades de Concepción del Uruguay, “para vivir en fastuosas chacras”.

El puerto uruguayense, como el de Concordia, siempre estuvo “en la mira de los investigadores del narcotráfico. A mediados de los 90 se detectaron cargamentos de droga mezclados con carbón y cada tanto se filtra información de embarques hacia Europa”.

“El crecimiento del narcotráfico en las ciudades fronterizas uruguayas ha sido muy marcado. La alta incidencia de cocaína en los departamentos de Soriano y Río Negro, cuyas cabeceras son Paysandú y Fray Bentos, conectadas con la Argentina por los puentes con Gualeguaychú y Colón, como así también la conexión de Concordia con Salto, fue preocupante en los últimos años. En especial a través del río… Se estima que el 80 por ciento de la cocaína que ingresa al Uruguay lo hace por Entre Ríos”.

De narcos en el gremio a radares controlados

Para Enz, aparte de las facilidades que ofrece el delta, el mayor crecimiento por río “se viene dando en la zona de San Javier (Santa Fe), La Paz y Hernandarias. En especial por la carencia de controles y lo fácil que resulta a las organizaciones narcos. Son zonas de selva isleña donde siempre existen grupos fuertemente armados, con alto poder económico para corromper a los efectivos policiales o de Prefectura y  estructuras aceitadas para concretar los operativos narcos en escasos minutos y sin que nadie lo perciba”.

En lo que respecta a nombres y lugares, nos remitimos al libro, pero veamos lo que dice sobre la capital entrerriana. “El negocio de la droga está instalado en los barrios de Paraná, pero también en sectores políticos y de poder. Algunos operadores del narcotráfico están insertos en ámbitos del gremio municipal y por ente en determinadas dependencias comunales, donde usan parte de su estructura para su andamiaje”.

Al promediar el libro, Enz se refiere a las relaciones de una banda de los narcos que importaba estupefacientes del Paraguay.

“Aterrizaban en una pista clandestina cercana a Paraná, o frente a La Paz, para ingresar por lancha a la provincia”.

Allí se explaya el autor sobre los modos, los vuelos de “tanques de combustibles con alas” desde el Paraguay hacia nuestra región, y su aterrizaje en zonas de islas y descampados.

Hasta seres humanos

“Transportan lo que sea. Desde cigarrillos, pasando por la droga y electrónica, hasta seres humanos. Muchos hacen más de un vuelo por día y conoce las zonas de Entre Ríos y Santa Fe como la palma de la mano”.

“La radarización es el origen de un problema que sigue sin solución pese a los reclamos judiciales o políticos. Un área que se quedó en los setenta y que está visto no se mejorará. Sin radares confiables, no hay control confiable. Así los modelos de avioneta Cessna 182, 206, 210 y 310, y los Piper Azteca y Navajo, que llegan desde el Paraguay, no afrontan mayores problemas hasta esa zona. En un año, el Sistema Nacional de Vigilancia de la Fuera Aérea en la región Noreste detectó 250 vuelos irregulares. Esto haciendo la salvedad de que los dos radares Westinghouse TPS43 desplegados en Posadas y Resistencia sólo están encendidos durante ocho horas por razones presupuestarias. Nadie debería conocer cuándo se prenden o cuándo se apagan, pero los narcos los aben igual”.

Los empresarios

“Después de Paraná, Concordia y La Paz, el negocio de la droga creció en un ritmo considerable en Colón, San José, Villa Elisa, Villaguay, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay, a partid de los ’90. Algunas cosas estaban cambiando desde entonces en la zona de Colón, pero nadie las quería ver. En 1988 la empresa La Flecha -de su fundador, Hugo Derudder- estaba prácticamente fundida… A los hermanos Guillermo Diego y Raúl Hugo Derudder… nunca se les hubiera cruzado por la cabeza que 10 años después figurarían como ‘los dueños’ de un pool de empresas de transporte que hoy reúne alrededor de 3.500 colectivos de última generación”.

Ejemplos como el citado abundan en Los hijos del narco. 

“Los tentáculos del narcotráfico (que comprende también a socios empresarios inescrupulosos, que también lavan dinero en este negocio) están permanentemente buscando los agujeros del sistema para desarrollarlo. Son obsesivos, perversos y nunca se cansan. Además, cada día son más.  Hay grandes, medianas y pequeñas estructuras donde se promete dinero fácil y permanente, como parte de una nueva cultura que llegó para quedarse porque a la clase política, al poder de turno le importa poco y nada”. 

Desafilan por el libro de Enz empresarios conocidos, malandrines, choferes oficiales, jefes policiales, falsificadores, artistas, dirigentes deportivos, barrabravas, pastores, políticos, ministros, gente vinculada a los prostíbulos, bandas bien organizadas, la red es compleja. Enz encuentra ligazones estrechas entre patoteros peligrosos de la política en los años de plomo y el mundo narco de hoy, y halla explicaciones en ese mundo narco para algunos crímenes famosos de Paraná. No faltan peronistas ni radicales en los enredos.

Hay nombres bien conocidos, hay relatos desgarradores sobre las consecuencias fatales del negocio de los estupefacientes y los padecimientos de los papás de las víctimas, en comunas entrerrianas que parecen, por afuera, paraísos de esparcimiento y turismo.

Larroque, Villa Elisa, Colón, Ramírez… Por supuesto, Paraná, Concordia…

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