Mundo
Domingo 05 de Julio de 2015

Dilma Rousseff, impotente mientras se le disuelve la coalición en el Congreso

La rebelión del principal aliado histórico, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, ya es abierta en las dos Cámaras. Ahora se espera la deserción del vicepresidente.

A su regreso de Estados Unidos, donde reanudó su relación con Barack Obama, la presidenta Dilma Rousseff se encontró con una serie de pésimas noticias que revelan que la crisis política que la atormenta desde que asumió su segundo mandato en enero no hace más que agravarse y crecer.

   Entre las malas nuevas se cuenta un 68 por ciento de rechazo popular, dos nuevas derrotas en el Congreso y la posibilidad de que el vicepresidente de la república, Michel Temer, su único mediador ante un Congreso en pie de guerra, abandone el papel de articulador político en el que ha sido exitoso hasta el momento.

   Los resultados de una encuesta del Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (Ibope) arrojaron índices inéditos: sólo el nueve por ciento de los electores aprueba el gobierno de la mandataria del Partido de los Trabajadores (PT), y el 68 por ciento lo reprueba. En lo personal, el 78 por ciento dijo no confiar en la presidenta. Paralelamente, el Senado Nacional y la Cámara de Diputados desnudaron la fragilidad de un gobierno al cual castigan, tanto o más que la oposición, sus propios aliados. El Senado aprobó el martes un aumento promedio de los sueldos de los funcionarios del Poder Judicial de un 59,5 por ciento. Además de chocar con el ajuste de cuentas públicas con el que se intenta recomponer la economía, el fracaso del oficialismo fue estrepitoso: fueron 62 votos a favor y ninguno en contra. El cómputo no incluye a los legisladores del PT, que sin lograr siquiera el apoyo de los aliados para evitar el aumento, se ausentaron de la sala al momento de la votación.

En el Senado. El presidente del Senado, Renan Calheiros, podría haber postergado la votación, pero no lo hizo, aun cuando integra el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), principal aliado —al menos en lo formal— del gobierno. “La tropa de infieles es tan grande que ya no tiene sentido hablar de traición. La palabra que resume la nueva actitud de los aliados en relación con Dilma es abandono”, retrató la situación el analista del diario Folha de Sao Paulo, Ricardo Mello Franco.

   Rousseff tiene la postestad de vetar el aumento, y asesores suyos ya adelantaron que lo hará. Pero el veto puede ser rechazado por el Congreso, lo que dadas las circunstancias es más que posible. Por su parte, la Cámara baja, presidida por el correligionario de Calheiros en el PMDB, Eduardo Cunha, votó el jueves a favor de la rebaja de la edad mínima de imputabilidad penal de 18 a 16 años. La forma como fue votada una de las enmiendas constitucionales más rechazadas por el PT y otras fuerzas de izquierda también contribuyó a enturbiar aún más la relación Rousseff-PMDB. El proyecto aprobado el jueves había sido rechazado el miércoles por escaso margen (cinco votos). Pero una maniobra de Cunha, tildada de “golpista” por los legisladores contrarios a la enmienda, hizo posible una segunda votación en la que la iniciativa fue aprobada.

   La última palabra respecto a la enmienda, rechazada por diversas entidades —pero respaldada por el 85 por ciento de la población según un sondeo reciente—, no está dada. Debe ser sometida a nueva votación en la Cámara de Diputados y después a dos rondas de votación en el Senado. No obstante, la maniobra de Cunha y las críticas que suscitó entre parlamentarios del PT agravó a tal punto la crisis que atraviesa la relación entre el Ejecutivo y el PMDB, que el político evangélico llegó a defender públicamente que Temer, también del PMDB, abandone la articulación política con la que logró que el Congreso aprobara buena parte del ajuste fiscal. La mala noticia es que la posibilidad de que Temer abandone efectivamente ese papel no es solamente una expresión de deseo de Cunha. Por el contrario, analistas coinciden en que esa posibilidad es real y que el vicepresidente está sopesando incluso hacerlo en agosto.

   “Michel Temer es hoy el eslabón que resta entre Dilma y el PMDB. De la mano de Cunha y Calheiros, el partido está en guerra abierta con algunos sectores del PT”, constató un editorial del diario Folha de Sao Paulo.

   Al panorama negro en la coalición se suman las crecientes denuncias, aún no confirmadas, de que las campañas electorales de Rousseff se beneficiaron con fondos desviados de la estatal Petrobras, sumida en el mayor escándalo de corrupción de la historia por la acción de una red que actuó durante la época en que la mandataria presidía el consejo de administración de la empresa petrolera. La crisis fue retratada por un integrante del PMDB citado por el portal UOL. “¿Ve alguna luz al final del túnel?” se le preguntó al político, quien respondió: “No veo ni siquiera el túnel”.

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