Cristina Fernández de Kirchner
Domingo 26 de Junio de 2016

Del relato épico a la serie de ficción

Del gobierno nacional que terminó el 9 de diciembre a las 23.59 se dijo que diseñó un "relato". Este relato, según impusieron algunos formadores de opinión, habría tenido la finalidad de tergiversar la realidad para hacerle creer a millones de personas que se distribuía el ingreso en favor de sectores postergados, que se democratizaba la comunicación o que se implementaban políticas de Estado en derechos humanos, cuando en realidad, mientras se montaba este engaño, había una banda de facinerosos que se dedicaba las 24 horas a robar y asesinar fiscales.
No era una novedad aquello del relato. Todos los gobiernos buscan mostrarse ante la sociedad con un determinado perfil y, en paralelo, construyen una narración de su relación con otras fuerzas políticas, con la sociedad y con la historia, a través de imágenes, consignas, diseño, música, determinado tono de voz y, sobre todo, de discurso. Puede decirse que durante los años del kirchnerismo el género que predominó fue el de la épica: lo que se relataban eran acontecimientos grandiosos, hazañas y escenas de heroísmo. Las multitudes que acompañaban en los actos a Cristina Fernández de Kirchner o que se sumaban a la militancia en las agrupaciones políticas kirchneristas, le daban legitimidad a ese relato.
El objetivo de esta estructuración de una narración es siempre la disputa por el sentido. Es decir: las significaciones sociales son construcciones y para que algunas se impongan sobre otras es necesario dar una disputa donde intervienen operaciones de asignación de sentido a los hechos y a las cosas. Está claro que, luego de 12 años de éxito, el kirchnerismo perdió esa puja en las últimas elecciones. Por poco, pero perdió.
Ahora bien, el gobierno de Mauricio Macri carece de relato propio. Tuvo uno bien definido en campaña electoral, cuando los voceros de Cambiemos apelaban a términos como "la república", "alegría" o "pobreza cero". Sin embargo, a más de un semestre de la hora 0 del 10 de diciembre se siguen contando a sí mismo como en campaña y el discurso se estructura casi exclusivamente en oposición al kirchnerismo. El principal eje discursivo –casi el único por estos días– es la corrupción que supuestamente impregna a todo aquel que haya pertenecido al gobierno K y que no debe alcanzar a miembros de otras fuerzas políticas.
El relato oficial es, entonces, el que transmiten las 24 horas los medios de comunicación más poderosos. Se trata de un relato que está al servicio del gobierno de Macri. El Gobierno no necesita por el momento dedicar esfuerzo a fabricar un relato a partir del cual disputar sentido de acuerdo a sus intereses y proyectos. Tiene la ayuda de los medios que lo inventan por él; porque el único sentido que parece importante disputar es el de la corrupción enquistada en la política, pero no en la tecnocracia.
Es así que asistimos al pasaje del relato épico a la ficción. Para lograr el objetivo buscado es necesario un bombardeo informativo, a toda hora y por todos los medios. A tal punto es esto así que parece que no existen otros temas más que la corrupción K. La jerarquización que los medios hacen de las noticias implica que esto es mucho más importante que la inflación, que los despidos masivos, que los tarifazos o que la represión de las protestas. Siguen ganando con comodidad la disputa por el sentido.
El género elegido es la serie de ficción: la televisión muestra capítulos en serie con continuidad temática y unidad argumental. Material para escribir los guiones, no falta. Y los directores de escenografía y de vestuario tienen un rol preponderante cada vez que policías armados hasta los dientes pasean a los detenidos ante las cámaras con abundancia de cascos y chalecos antibalas.

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