A Fondo
Sábado 04 de Abril de 2015

Del poder debemos esperar excusas pero no autocrítica

Los derechos precautorios empiezan a llamar, frente a la intervención de la Organización Mundial de la Salud que aceptó los probables efectos dañinos del glifosato sobre la salud

Tirso Fiorotto/De la Redacción de UNO

Varios periodistas entrerrianos firmamos un documento contra el ataque de los Estados Unidos a Iraq, hace unos años. Los yanquis no mostraban pruebas convincentes para acusar al gobierno iraquí de manipular armas de destrucción masiva.


En todos los países del mundo hubo protestas. Con el tiempo se demostró que los yanquis mentían. Y cuándo no. El ataque fue, entonces, una matanza imperialista, en busca de riquezas. Lo de siempre. Una invasión a cualquier costo. Es un ejemplo, nada más, del modo de obrar de los poderosos, la política de los hechos consumados.

A veces avanzan con la complicidad de los gobernantes. A veces provocan golpes de estado. Pasan las décadas, un día un funcionario reconoce el atropello sobre un tema del pasado, y vuelta de hoja.

Venezuela está sufriendo presiones indecibles del poder imperial. Antes las sufrió el Paraguay. Allí son reiteradas las denuncias que involucran a la multinacional Monsanto en la caída de Fernando Lugo. Como ha ocurrido por dos siglos con gobiernos porteños o aporteñados, mientras Ecuador demandaba a Chevrón, la Argentina la recibía de brazos abiertos. Mientras Paraguay acusaba a Monsanto, la Argentina se asociaba.

 

Volver a Carrasco
Hay pensadores, científicos, políticos, asambleas, que estudian desde hace lustros los daños de Monsanto al ambiente. Y no podemos acusar al estado argentino por ausente: está muy presente, para defender a las multinacionales, las cadenas, los grupos concentrados.

 

En estos días, la Organización Mundial de la Salud reconoció las posibles propiedades cancerígenas del glifosato. El herbicida que facilitó ganancias multimillonarias de Monsanto, y en el que se basó el nuevo régimen agrícola. De pronto,  sinceramiento. Bienvenido. Hay abundante bibliografía, fundadas sospechas y denuncias contra el glifosato, contra los efectos acumulativos de sustancias usadas en la agricultura, contra los cultivos transgénicos, pero nada de eso impidió que el gobierno nacional profundizara su sociedad con las multinacionales.  

Sospechada de promover un golpe de estado, sospechada de enfermar a la humanidad, sospechada de destruir directa e indirectamente el ambiente, sospechada de someternos a  los monocultivos, sospechada de imponer un sistema a escala que destierra a las familias, sospechada de crear monstruos, sospechada de concentrar poder con las patentes de semillas vitales, sospechada de planificar un régimen que expulsa mano de obra y concentra la agricultura en manos de grupos financieros, sospechada de quebrar la soberanía alimentaria y la soberanía nacional, sospechada de destruir el tejido social, y a su vez abrazada con los más altos gobernantes de la Argentina. La historia de Monsanto mancha a los políticos, es un agravio para la democracia.

Decía el investigador y médico Andrés Carrasco en Paraná que se había generado un escándalo por los químicos usados en la agricultura: “Está bien que el escándalo, los enojos, las agresiones, las descalificaciones, vengan porque se está criticando un instrumento relacionado a una forma de hacer agricultura. Pero tengo que poner en dudas de que ese sea el verdadero problema. El problema no es el instrumento tecnológico sino que ese instrumento está en función de una concepción, de un modo que ha dejado de concebir la agricultura como producción de alimentos para concebirla como producción de una mercancía que sea transable en el mercado internacional”.

Y algo más, que publicamos en su momento: que el producto químico más usado en Entre Ríos para batir récord sobre récord de producción granaría (el glifosato) es teratógeno, es decir, provoca malformaciones. Genera monstruos.

El investigador entrerriano Rafael Lajmanovich hace lustros que denuncia los efectos de químicos usados en el agro sobre embriones. ¿Cuántos años deberemos esperar para que los gobernantes admitan la seriedad de los estudios de Carraco, Lajmanovich y otros argentinos? ¿Reconocerán en estos años el estado ha pisoteado el derecho precautorio?

El modelo deja fuertes dividendos a los grandes socios de la Argentina, grupos financieros y gobernantes. No es la salud, no es la verdad, lo que prevalece, sino la caja.
Pero de sectores de poder, como las multinacionales o los gobiernos, no hay que espera autocrítica sino excusas.

 

El arrepentimiento
Los gobernantes que llevan una o dos décadas en el ejercicio del poder y no han hecho más que impulsar el modelo Monsanto, más allá de los relatos y los gritos pour la galerie, ¿estarán dispuestos a cambiar el rumbo, ahora que les queda poco hilo en el carretel? ¿Lo harán? ¿Se disculparán, en este tramo final, por hacer oídos sordos durante tantos años? ¿Y los que hacen cola para suceder al gobierno? ¿Qué proyecto presentan, para sostener las inversiones sociales que permite el modelito y a la vez dar el necesario giro de 180 grados en las políticas agropecuarias, para una alimentación saludable, una agricultura basada en chacras mixtas sustentables con alta presencia de nuestras familias campesinas, y plenitud para la biodiversidad?

Se ha dicho que de poco sirve pedir disculpas a los pueblos antiguos de este suelo que fueron masacrados por la invasión europea, si al mismo tiempo no se les devuelven extensiones de territorio para que puedan desarrollar sus culturas en libertad, en armonía con la naturaleza. Respecto del modelo Monsanto, que sucede a otros modelos también expulsores y concentradores de riquezas, una vez que estén claros sus efectos, una vez que empiecen a regir los derechos precautorios hoy frenados, ¿qué haremos para revertir el proceso, y para el resarcimiento?

¿Qué diremos a todos los campesinos expulsados y a sus hijos? ¿Qué diremos a los trabajadores expuestos a los cócteles de los herbicidas, y a la suma de herbicida, insecticidas y otros productos? ¿Qué respuesta daremos a las especies atacadas?

 

Chau Monsanto
Cada tanto, el poder acciona válvulas de escape. De veinte reclamos, reconoce uno. Con los años podrá verse que la concentración de la propiedad y la tenencia de la tierra, el saqueo de nuestras riquezas, el maltrato a la naturaleza, el destierro de nuestras familias, la prevalencia del capital financiero, son ingredientes del mismo estofado que hoy llamamos Monsanto, como símbolo, pero involucra a una decena de firmas multinacionales bien metidas en Entre Ríos y toda la Argentina, verdaderos parásitos.


Los que no hemos sufrido el destierro, ni nos enfermamos, ni comemos de los tachos de la basura, no debemos esperar que el poder acepte sus responsabilidades, y tampoco debemos esperar que la miseria toque a nuestra puerta.

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