A Fondo
Jueves 09 de Junio de 2016

Del Café Pendiente a Heladera Solidaria

Daniel Caraffini / De la Redacción de UNO
dcaraffini@uno.com.ar


En pocos tiempo pasamos del Café Pendiente, a la Heladera y Perchero Solidario. De estar cerca del Hambre Cero, como planteó el incuestionable Juan Carr de la Red Solidaria hace tres años, a una explosión de la demanda en comedores comunitarios. Mientras tanto, los espasmos sociales son los que dan respuestas donde las políticas públicas tardan en llegar.

No fue hace mucho. Llegaban los primeros fríos del año 2013, y nació y replicó con rapidez en todo el país, un proyecto solidario llamado Café Pendiente, que también tuvo eco en la provincia. El objetivo: ayudar a las personas en situación de calle, incluirlos, no discriminarlos y permitirles que también ellos puedan tomar un café en un bar. El mecanismo: luego de tomar un café, el consumidor dejaba pagado otro para el necesitado que lo solicitara.

De colaborar para dar un gusto, a ayudar a atender una necesidad básica insatisfecha.

Hoy, la siempre solidaria comunidad se multiplica en colaborar ante la creciente demanda de alimento y abrigo. Se trata de guardar en una heladera la comida que no se consumió en el hogar de una familia, en un bar o un restaurante, y que los que no tienen nada para comer puedan llevarse una porción de manera gratuita, en lugar de tener que buscar los restos en la basura. Lo mismo con los percheros, con abrigos disponibles en la vía pública.

La realidad, que es la única verdad, nos arrastró hacia una situación que parecía alejada, por causas que unos y otros se endilgan.

En primera persona, los testimonios sobran: comedores y organizaciones no gubernamentales que reconocen el crecimiento de la asistencia de la población, y que encima no les alcanza el dinero; demanda que se observa también en las escuelas, donde hermanitos piden para llevar al resto de su familia; y personas que piden “algo que sobra” al tocar el timbre de una casa.

Pasaron más de seis meses de la salida del anterior gobierno. La “pesada” herencia recibida puede ser una causa de inconvenientes, pero aun si así fuese, no sirve como excusa para no actuar ante lo urgente y necesario. ¿Hay algo más prioritario, impostergable, que asegurar la comida y el abrigo de una persona?

Algún tiempo atrás, hubo quienes alentaron la famosa “teoría del derrame” –que hasta el propio papa Francisco condena y rechaza– como solución a todos los males sociales: dar más a los que más tienen, para que eso luego “derrame” al resto de la población. ¿Es esa la teoría de quienes pedían esperar el segundo semestre del año, o ahora el 2017?

El próximo fin de semana se realizará una nueva edición de la colecta nacional de Cáritas. La Iglesia, en las últimas semanas, se ocupó de marcar por distintas vías la preocupación por el incremento de la pobreza y por los despidos, hizo un llamado a “no caer tanto en las estadísticas” y a incrementar las donaciones porque las necesidades de los pobres son “urgentes”.

Seguramente, habrá una contundente muestra de solidaridad de la población. Porque esa ayuda social, como la colecta de Cáritas, la Heladera Social, el Perchero Solidario, o la labor de organizaciones no gubernamentales, están siendo hoy los más fuertes sostenes del golpeado entramado social más vulnerable.

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