Educación
Miércoles 19 de Octubre de 2016

Dedos ágiles, pensamiento ágil

Mucho se escucha sobre la crisis de la educación tradicional, de docentes que no logran captar la atención de los niños, de alumnos poco incentivados por el aprendizaje. También se habla de padres que no logran que sus hijos les "hagan caso", de la mengua de las horas de juego al aire libre; en contacto con la naturaleza y del acceso indiscriminado de los niños a la tecnología. Está claro que para muchos papás el paradigma tradicional de educación está agotado y por eso buscan otras fórmulas en las que se respete más a los niños y se trabaje con mayor libertad. Las familias buscan instituciones desestructuradas, donde los niños concurran con placer y disfruten su aprendizaje. En Paraná, desde 2010, padres preocupados por la educación de sus hijos comenzaron a aproximarse a la Pedagogía Waldorf. Desde noviembre de 2012 realizan encuentros gratuitos de lectura y labores, abiertos a cualquier persona interesada. Se leen y comentan textos de Pedagogía Waldorf y, en consonancia con dicha pedagogía ("dedos ágiles, pensamiento ágil") y la convicción de que lo hecho a mano es sanador y verdadero, se realizan sencillas labores manuales (tejido, siembra, costura, atrapasueños, ojos de Dios, estrellas de papel). Al no haber aún escuelas en Paraná hacen lo que está a su alcance con la clara convicción que la Pedagogía Waldorf comienza en la casa, en el aula y sobre todo, dentro de cada una de las personas. Tienen la autoeducación del educador como pilar de la pedagogía. Waldorf es una creación de Rudolf Steiner, fundador de la Antroposofía, quien abrió la primera escuela Waldorf en 1919, en Stuttgart (Alemania). Está centrada en las etapas evolutivas del niño, respetuosa de sus ritmos naturales; en la que se busca desarrollar sus capacidades en forma armónica. Cuando los niños relacionan lo que aprenden con su propia experiencia, se sienten llenos de interés y de vida, y lo que así aprenden se convierte en algo que les es propio.

Waldorf no usa libros de texto ni exámenes y los niños aprenden a leer y a escribir a partir de los 6-7 años, porque antes de esa edad se los deja jugar. No hay exámenes, importa menos lo competitivo y mucho más dar a los niños una educación universal. No hay libros de texto: al libro lo hacen los propios niños con sus trabajos del día a día. Dan mucha importancia a las artes. "Aún no estamos enfocados en crear una escuela. Para llegar a crear una escuela en Paraná tenemos que trabajar cada uno desde uno, en su casa, con su hijo, cambiar la mirada y además, pensar que todos somos influyentes, lo que hace cada uno importa", dice Sara Araya, mamá de un niño de 7 años y coordinadora de los grupos dedicados al estudio y prácticas de la educación Waldorf. Junto a Carolina Sad Rossi fueron las responsables de la charla del viernes en la Biblioteca Popular de Paraná. "Para el viernes 18 de noviembre a las 17 horas habrá un nuevo taller libre", anunció. Esta educación está más cercana a la naturaleza, el arte y los sentidos que de la tecnología y los estímulos virtuales. Se tiende a respetar la personalidad de cada chico, su forma de ser, sus gustos y habilidades. Es otra mirada del ser humano. La diferencia más grande con el método tradicional es que se respeta al niño como ser individual, junto con su maduración, con su crecimiento físico.

La vida actual nos lleva muchas veces a intentar cambiar la mirada hacia la infancia, este grupo paranaense plantea un espacio para conocer nuevos escenarios, nuevas formas de enfrentar la crianza de lo más preciado que tenemos: nuestros hijos.


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