La Provincia
Jueves 30 de Abril de 2015

De oficio: Carnicera

A propósito del Día de los Trabajadores, hoy en UNO, historias de señoras que venden, filetean, trozan y deshuesan. La atención al público es central en sus actividades. Galería de fotos.

Dina Puntín / dpuntín@uno.com.ar

No hay muchas, pero que las hay las hay. Las mujeres carniceras son pocas, pero trabajan duro y a la par de cualquier hombre, aunque con más encantos. Ése es el caso de Raquel Passarino de Sosa, lleva 30 años como carnicera junto a su marido Ismael y desde hace 10 que atiende sola su local en el Mercado Central de Paraná.

“Siempre estuve en el Mercado (refiriéndose al exmercado La Paz donde hoy funciona el Shopping La Paz), porque cuando me casé con Ismael él ya estaba allí”, explicó Raquel que tiene dos hijas una de 27 y otra de 23. “Emilia se recibe de Ciencias de la Educación y Regina estudia Psicología”, contó.

Vecina de la zona de Ramírez Sur destacó que el de carnicera: “Es un  oficio hermoso, estoy muy satisfecha en mi vida. Si volviera a nacer no cambiaría nada, lo único que mejoraría son los altos y bajos del país que han influido en la cuestión económica del negocio. Hubo muchas épocas difíciles pero la de los federales fue complicada. El que nos vendía la carne aceptaba federales pero cada vez valían menos y no nos alcanzaba para nada”, recordó.

De la lana a la carne

“Cuando recién me casé con Ismael me hicieron una nota (hace 30 años) y me preguntaron si no era un trabajo sucio y yo les respondí ‘que veía a las chicas de Manet (casa de telas cercana al mercado) que se sacudían las manos por el polvo de las telas y yo en vez de sacudirlas me las limpió en el delantal’ (se ríe). Estoy muy acostumbrada, nunca me dio impresión. Aprendí mirando, a pesar de mi marido que no quería que fuera carnicera”.

—¿Antes de conocer a su esposo trabajaba?
—Sí, teníamos un negocio en mi casa que era lanería.

—Nada que ver.
—Nada (se ríe).

—De lo suave a lo rudo.
—Cuando me casé lo cerré. Tengo dos hermanas, y ellas cuando se casaron me lo dejaron a mí, cuando me casé cambié de rubro. Siempre decimos con ellas que vamos a poner algo otra vez, pero no sé.

—¿Nunca se lastimó?
—Sí, me he cortado un montón de veces. Con la cuchilla y con la sierra. Pero la he sacado bien. Gracias a Dios no me ha pasado nada grave. Trato siempre de tener cuidado.

—¿Tiene clientes fijos?
—Sí, de 30 años, a veces me demoro en la atención porque me pongo a conversar con ellos. Son muchos años.

—¿Le gustó el cambio de lugar?
—Si es por limpieza, sí; si es por recuerdo o nostalgia me quedo con aquello (en referencia al exmercado). Allí me casé, tuve mis hijas. Nunca pude volver entrar, y el próximo 8 de mayo se van a cumplir 5 años que estamos acá y no he podido volver a lo que hoy es el shopping. La última vez que fui (la emoción la invade al evocar el momento) fue el 3 de mayo de 2010 para recuperar algo que mi mamá me había regalado. Entré entre los escombros y encontré mi medallita que tenía en una ganchera. A mi hija más chica le pasa lo mismo. Ella no puede pasar ni por la vereda. Yo por la vereda sí, pero no he entrado, he visto fotos pero todavía no puedo. Porque vivimos muchas cosas allí.

—¿Hasta cuándo piensa seguir con el oficio?
—Eso hablábamos los otros días con mi hija, qué voy hacer más adelante, y la verdad no me imagino haciendo otra cosa. Estoy acostumbrada ha venir a las 8.30 e irme a las 13, después vuelvo a la tarde y me voy a las 21. Así que duermo un ratito y hago las cosas de la casa. En el tiempo libre también tejo.

—¿Cómo va a festejar el 1º de Mayo?
—Trabajando en casa. Yo los domingos no vengo pero tengo mucho que trabajar en casa.

Legado familiar

Adriana Blázquez de Cregnolini se crió en una pescadería y no conoce otra forma de trabajo.

Hace 23 años que trabaja en el rubro de pescadería. “Mis padres hace 45 años que tienen pescadería, yo me crié entre pescado, estudié entre pescado, me casé y seguí con este ramo”, explicó Adriana Blázquez de Cregnolini la encargada de limpiar, destripar y preparar los pescados en su negocio del Mercado Central de Paraná.

En su mostrador se puede ver el pescado despinado, las milanesas preparadas y también piezas listas para ser trozadas.

“Es un oficio masculino pero uno se acostumbra. Es sacrificado, más ahora que mi papá falleció hace cinco meses y me toca ir a buscarlo a mí hasta Diamante. Pero bueno, agarro la camioneta, mi mamá se prepara el mate y nos vamos las dos. Mamá tiene casi 70 años y sigue en el rubro”, contó Adriana.

—¿Cómo son las ventas?
—La venta tiene vaivenes, pero todos los días se vende. Ahora un poco más porque hay muchos médicos que por una cuestión de salud mandan comer pescado a sus pacientes, entonces tenemos nuevos clientes.

—¿Y los hijos seguirán con el rubro?
—Los hijos no creo que sigan la pescadería. Mi hija estudia Enfermería, el hijo empezó la carrera de analista en sistema en Oro Verde, otra está en la Secundaria y Tessia en la Primaria.

—¿Querés contar algo de la historia de Tessia?
—Tessia es mi hija del corazón, es la hija de mi cuñada que falleció y mi esposo y yo nos hicimos cargo. A pesar de que está próxima a cumplir 10 años es la bebé de la casa, la que hace todo lo que no hicieron los otros (se ríe).

—¿Es un volver a empezar?
—Sí, volvimos a las tareas. A estudiar para los exámenes. Los otros días no anduvo bien en un examen y tuvo su reto que incluyó el no uso de tecnología. Al segundo examen se sacó un 9,50 y estaba enojada porque quería un 10. Ella se había acostumbrado mucho con mi papá, él la llevaba a la escuela y la buscaba. El 4 de diciembre del año pasado falleció (un día antes de que terminen las clases) y la preocupación de Tessia era quién la iba a llevar ‘ahora al colegio que no esta el Nono’ (recordó Adriana con un dejo de tristeza). Ella me dice ‘mami acá’, ‘mami allá’. Al principio era tía, pero ella sabe que soy su mamá del corazón, su mamá está en el cielo. Es toda una historia de vida.

El exmercado
“Estuve en el exmercado. Empecé en un puestito en el 91-92 sobre calle Chile, al tiempo me trasladaron a otro porque se iba gente. En la época de los federales quedamos 11 que pudimos aguantar. De casi 50 puestos quedamos alrededor de 10. Desde que estamos acá estamos bien, allá se complicaba porque faltaba infraestructura, limpieza”, destacó.
—¿Tenés muchas anécdotas?
—Mis anécdotas tienen que ver con la familia y el negocio. Me he ido del mercado a la clínica para tener mis hijos y a los dos o tres días estaba de vuelta. Los chiquitos se quedaban con mi suegra a la mañana y de tarde con mi mamá. Ellas son un complemento en mi vida que me ayudaron a criar mis hijos.
—¿Cómo vas a festejar el 1º de Mayo?
—Este 1º de Mayo lo voy a celebrar descansando, si me dejan (se ríe).
 

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