Entrerrianos por el mundo
Sábado 12 de Noviembre de 2016

De la crisis a la vida en comunidad

Diego Silberman dejó Paraná en 2001 junto a su familia, agobiado por la falta de trabajo y la recesión. El destino elegido fue un kibutz de Israel.

Empezaba el 2001, el año del estallido, pero las dificultades económicas ya habían comenzado mucho antes. Diego Silberman no le encontraba la vuelta a la crisis. Probaba de todo para hacer frente a la recesión y a la falta de trabajo. Y ya no había centímetros de brazos disponibles para seguir arremangándose. Había nacido en Paraná, había vivido la infancia y parte de la adolescencia en el barrio Mariano Moreno. Se había casado muy joven, a los 18, con Roxana, una chica de 17 del mismo barrio. A esa edad fueron padres por primera vez, cuando él trabajaba en la empresa familiar, una fábrica de jugos concentrados. Luego tuvieron un bar pizzería, Clark's, en San Martín esquina La Paz. Pero para los años del final de la convertibilidad ya no existían los emprendimientos comerciales ni nada parecido a la prosperidad. Eran momentos de manejar remises, de trabajar en un hotel y de incursionar en lo que surgiera. El paisaje de la capital entrerriana, como en el resto del país, era de las filas eternas frente a los hipermercados que prometían empleo; el de los clubes del trueque y los bonos federales; el de las protestas en las calles y las ollas populares.
Diego y Roxana pensaron en los chicos, Maty y Karen, y decidieron arriesgarse. Como muchos otros argentinos en ese momento la decisión fue emigrar. Como unos cuantos, la opción fue Israel. En los umbrales de los 30 años de los esposos, con los chicos de 9 y 11, con el dólar todavía 1 a 1 con el peso y con un horizonte oscuro, se subieron a un avión que los llevó hacia otra vida, lejos de todo, del otro lado del mundo.
"El motivo fue pura y exclusivamente darles un futuro a nuestros hijos sin importarnos cuán difícil nos sería a nosotros en lo que se refiere a adaptación, estar lejos de la familia y amigos. Solo pensábamos en los chicos", repite Diego ahora, año 2016, cuando se pone a recordar las razones de la partida y vuelve a pensar en que aquella fue una buena determinación.
Fue así que pasaron de una economía capitalista de corte neoliberal, donde el progreso se piensa de modo individual, en crisis permanente y a punto de hacer eclosión, a un sistema que proponía lo contrario: un kibutz. Y no fue cualquier kibutz: fue uno habitado en su mayoría por sudamericanos; argentinos, uruguayos, chilenos. Eso lo sabían y por eso mismo lo eligieron. La adaptación, para sorpresa de la familia, fue muy rápida y muy buena.
"A la semana de haber llegado solo repetíamos por qué nos habíamos demorado tanto en venir acá. Eso te da una idea de cómo fue nuestra adaptación e integración", resume. Hasta el día de hoy viven en el kibutz del cual son miembros. Él trabaja en los campos con los cultivos, donde se ocupa del riego. Roxana trabaja en el área contable.

En comunidad
Los kibutzim (el plural de kibutz) son comunidades colectivas que resultaron fundamentales para la conformación del Estado de Israel, basados en los principios del sionismo y del socialismo. El que habitan los Silberman de Paraná se llama Ein Ashlosha. Está muy cerca de la Franja de Gaza. Los campos donde trabaja Diego son linderos con la Franja. "No sé cuénto sabés sobre los kibutzim. Te lo voy a explicar, pero sé que es difícil de entender o imaginar sin haber estado en uno", advierte. "Tiene un sistema socialista; todos los miembros reciben lo mismo sin importar donde trabajen. Por ejemplo: el que limpia los platos en el comedor donde comemos todos y el encargado del tambo reciben igual. Tienen guarderías hasta los 5 años, así los padres pueden ir a trabajar tranquilos. Acá se trabaja de corrido de domingo a viernes, de 6 o 7 de la mañana, dependiendo dónde te desempeñás, hasta las 4 o 5 de la tarde".
Por lo general, todos los kibutzim se dedican a lo mismo: agricultura, ganadería e industria. En el caso de los entrerrianos, están en el sector de agricultura. Pero allí también hay un tambo grande, crían pavos y tienen una fábrica de carpetas como para el colegio y las oficinas.
Pero la vida en comunidad no se reduce solamente a las horas dedicadas a generar productividad. En Ein Hashlosha hay pileta de natación y cancha de tenis. Es parecido a un barrio privado, a los countries que se expandieron en Argentina poco antes de que los Silberman se tomaran el buque. También hay autos, unos ocho o diez, que están a disposición de los que viven en el lugar si los piden con la debida anticipación. Porque está prohibido tener vehículo personal. "La gente se anota para poder salir a pasear. No podés tener coche privado, propio, en tu casa. La gente se agarra uno de los coches que está ahí, anotándose con anticipación, para salir a pasear a las ciudades o donde quiera ir. Es un sistema socialista cien por cien. Y en nuestro kibutz todavía funciona como tal. Hay muchos que ya están privatizados, o sea que ya son algo distinto".
Otra particularidad es que los chicos deben independizarse a los 16 años. A esa edad dejan de vivir con los padres y les dan una casa aparte. Karen trabaja en la fábrica de carpetas, mientras que el hijo varón tiene otra vida: está en el Ejército israelí desde hace ocho años, desde que era un jovencito de 18.

Lejos del pago
La familia trata de viajar cada tres años a Paraná. Claro que les gustaría venir más seguido, pero no les resulta sencillo. De todos modos, el contacto con familia y los amigos es constante: "Hoy con la tecnología es mas fácil", asegura.
En Israel tratan de conservar algunas costumbres entrerrianas: "En mi casa con mi mujer hablamos español y cuando están mis hijos, mitad español, mitad hebreo. La esposa de mi hijo es israelí y habla muy poco español, está aprendiendo. Costumbres mantenemos muchas; acá llegan todos los cortes de carne de argentina, morcilla, chorizo. También yerba, dulce de leche y otras cosas".
Diego no quiere dejar de decir que extraña a los amigos y la familia que está en Argentina. Extraña "hacer cosas que son de allá", como ir a pescar, juntarse a jugar al fútbol o la peña con los muchachos. "Eso se extraña mucho y es por eso que trato de viajar para llenar el tanque de combustible con todo eso".
Diego hoy tiene 45 años, Roxana 44; Matías 26 y Karen 24. Lejos en el tiempo quedaron las dificultades económicas por las que debieron atravesar y la sensación de no encontrar una salida más que convertirse en migrantes. Y aunque el país salió de aquella situación y ellos residen cerca de una zona conflictiva, donde la guerra es una amenaza permanente, siguen eligiendo la vida en Israel y en el kibutz.

El lugar
Ein Hashlosha pertenece al movimiento juvenil sionista Hanoar Hatzioni. Está ubicado en la zona noroeste del Néguev, 8 kilómetros al este de Jan Yunis. El nombre es un homenaje a los tres miembros del "núcleo fundacional" del Hanoar Hatzioni Latinoamérica, caídos en la guerra de Independencia en la Batalla de Nitzanim, se explica en Wikipedia.
El kibutz fue levantado en 1950, en tierras del kibutz abandonado Neve Iair, por miembros del mismo "núcleo" al que pertenecían los tres caídos. Neve Iair fue levantado por miembros del Leji (acrónimo hebreo de "Lojamei Jerut Israel", "Luchadores por la Libertad de Israel") en el año 49 pero abandonado al poco tiempo. En sus primeros años, el kibutz sufrió de acosos de falanges que cruzaban la frontera desde Egipto así como constante fuego de artillería egipcia.
El kibutz forma parte de lo que se define como "comunidad de poblados que rodean a Gaza". Dentro de él existe una variedad de servicios que incluyen estación de servicios, piscinas, un comedor comunal y una sede social. El sistema de transporte es comunal, cuenta con servicio de internet y aire acondicionado. Existen además vehículos pequeños similares a carros de golf para el transporte de ancianos.
El 15 de enero de 2008 fue asesinado un voluntario ecuatoriano a mano de francotiradores miembros de Hamás que disparaban desde la Franja de Gaza.

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