La Provincia
Sábado 20 de Febrero de 2016

Dan pelea por agarrar un cacho de dignidad

Pablo Felizia/ De la Redacción de UNO
pfelizia@uno.com.ar

Sobre un costado de Circunvalación, paralela a esa gran avenida, hay una calle que de alguna manera marca uno de los límites del barrio 4 de Junio de Paraná. La tormenta de ayer casi no dejó techo en pie en toda la zona, muy parecido a lo que ocurrió en otros lugares, incluso en el centro. En ese barrio había una mamá descalza que mostraba cómo había quedado su vivienda, daba cuenta de que ya no tenía colchones, de que había perdido su ropa y la de sus hijos. “Me quedé sin nada”, dijo.

Mientras caminaba en el barro, adelante, como si fuera un guía y junto a otros chicos, había un muchacho de unos 12 o 13 años que también estaba descalzo y sin remera; se tapaba con una campera que tenía el cierre roto. “Se va a enfermar”, dije, pero no para que alguien me escuche, como un pensamiento en voz alta. “Es que no tengo nada para darle”, me respondió la mujer; el chico era su hijo.

Le pregunté por la cantidad de niños que tenía, respondió tengo siete; por su trabajo, dijo que soy desocupada; qué cómo hace entonces y no hubo muchas palabras: como respuesta solo bajó la cabeza y agregó un hago lo que puedo.

En el barrio no era la única mujer que pasaba por esas condiciones. Otras señoras contaban que más allá de la tormenta, los problemas son diarios, que cuando llueve todo es un barrial y que los ratones en la zona son más grandes que los gatos. La mayoría de los hombres son ayudantes de albañil, changarines de lo que encuentran, cortadores de pasto; muy pocos tienen trabajo efectivo.

En el interior de muchas de las viviendas,todas humildes, ayer era imposible estar varios minutos con la humedad que había, con los pisos todos mojados, los techos en otro lugar, los armarios desarmados, la ropa hecha un trapo de piso.

Quizás la mayoría ya conoce de estas historias o saben de otro lugar en donde viven cientos de familias de la misma manera. Sin embargo pasan los años y ahí están los olvidados de siempre, los nadie, aquellos que dan pelea a diario por agarrarle a la vida un cacho de dignidad.

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