A Fondo
Lunes 16 de Febrero de 2015

Cuando la desinformación se vuelve discriminación

Lucila Tosolino / De la Redacción de UNO
ltosolino@uno.com.ar

 

 

En 1993 se estrenó la película Philadelphia, la cual fue dirigida por Jonathan Demme y protagonizada por Tom Hanks y Denzel Washington.


El film relata la vida del joven Andrew Beckett, un prometedor abogado interpretado por Hanks, que es sorpresivamente despedido de la firma de abogados donde trabaja en la ciudad estadounidense de Filadelfia. En un principio, la causa por la cual echan a Beckett es por supuesta negligencia en un caso, aunque luego la verdadera razón es por ser portador del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).


Beckett decide entonces demandar a sus antiguos empleadores, y cuenta con la ayuda del abogado Joseph Miller, interpretado por Washington, quien al principio rehúsa  colaborar, debido a su homofobia y miedo a la enfermedad.


La película tuvo excelentes críticas y ganó dos premios Oscar. Tom Hanks como mejor actor y “Streets of Philadelphia” de Bruce Springsteen como mejor canción original. Pero los elogios no terminan aquí, el film hizo algo asombroso: desnudó la falta de conocimiento que existía en los 90 sobre el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (Sida), y reveló cómo esa ignorancia es el principal motor para la discriminación que sufrían constantemente los portadores del virus.


Al respecto, una escena de la película resulta impactante y demuestra de la mejor manera esta problemática; es cuando Beckett está en una biblioteca pública sentado en una mesa con otras personas y, en ese momento, se acerca el bibliotecario y le sugiere al protagonista principal que se traslade a una habitación privada debido a su condición. Esta situación llama la atención de las personas que están sentadas al lado de Beckett en una mesa e inmediatamente se corren de su lado y él queda solo, aislado y discriminado por una sociedad desinformada, que no sabe que el VIH no se contagia por compartir una habitación o darle la mano a alguien. 


Si bien empecé esta columna hablando de una película de hace más de 20 años. Consideré necesario hacerlo para explicar una situación que experimenté hace unos días en Paraná. El hecho sucedió cuando realicé una nota acerca del dispositivo de infusión subcutánea continua de insulina (ISCI), más comúnmente llamado bomba de insulina, el cual utilizan las personas con diabetes Tipo I también conocida como insulinodependiente y, muy pocas veces, Tipo II.


Cuando recolecté testimonios de personas que usan bomba de insulina me topé con dos que me resultaron alarmantes. Uno fue el de Dardo, de 24 años, que hace 21 es insulinodependiente. Él contó que una vez cuando estaba en la facultad y le ofrecieron galletitas dulces él contestó: “No gracias, no puedo”.  El joven explicó que la persona que le ofreció comida le preguntó por qué no podía comer dulce y él le indicó que es debido a su diabetes. Acto seguido, la reacción del compañero de Dardo fue espantosa: se paró y alejó de su lado. Es por eso que Dardo lo interrogó: ¿Por qué te corrés de al lado mío? Y el chico le dijo: “Porque la diabetes se contagia”.


Dardo quedó sorprendido por la reacción del joven compañero de su facultad. Su conclusión sobre esa experiencia fue que mucha gente no sabe qué es la diabetes y, al no saber, discrimina: “La diabetes no se contagia. Es una enfermedad que generalmente se transmite genéticamente, la gente debe saber más acerca de esta enfermedad así no discrimina porque la desinformación muchas veces es discriminación”.


A los dichos por Dardo, Luciana de 23 años, otra joven que es insulinodependiente hace 11 años, contó que cuando a ella le diagnosticaron diabetes Tipo I no sabía qué era, al igual que sus padres. “No teníamos ni idea qué era la enfermedad que me diagnosticaron. Tuve que ponerme al tanto al igual que mi familia. Tuvimos que interiorizarnos porque estábamos desinformados”, apuntó la joven y explicó que para ella hay información sobre la diabetes “dando vuelta”, pero muchas veces no llega a la gente o las personas no saben cómo llegar a la información.


Considero que es necesario estar informado, en este caso, sobre diferentes patologías así la desinformación no termina siendo discriminación, lo cual provoca una herida muy grande para las personas que padecen la enfermedad. Ellas necesitan ser apoyadas y acompañadas y no menospreciadas. 


Ayudemos a quienes más lo necesitan informándonos, no les demos la espalda discriminándolos.

 

 

 

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