Ovacion
Sábado 08 de Agosto de 2015

Cuando evadir es solo un juego

Marcelo Medina/De la Redacción de UNO
mmedina@uno.com.ar

“La AFA está feliz de que esto ocurra. Siempre quisimos que haya claridad”, dijo Julio Grondona en 2012 cuando la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) comenzó a investigar las triangulaciones en el fútbol. Desde ese año hasta hoy, lo único que cambió fue que Don Julio se murió. Una vez más los empresarios que manejan el millonario mundo del fútbol se las siguen ingeniando para evadir impuestos, ganar más dinero y destruir a los clubes. Con la FIFA investigada por corrupción y otras tantas suciedades, el deporte con más seguidores en el mundo sigue por mal camino. Tras su pase sin pena ni gloria por el fútbol argentino, Daniel Osvaldo, regresó al Viejo Continente. Ahora jugará en Portugal. Lo hará en el Porto, club de la ciudad de Oporto, la segunda más importante después de Lisboa. Para llegar a la institución portuguesa con mayor número de trofeos internacionales, el ex de Jimena Barón pasó de Boca al club Sud América de Uruguay. Todo con el único fin de evadir en Argentina, país que lo vio nacer, los impuestos correspondientes.

El pase puente o triangulación es un tipo de transferencia peculiar que se realiza generalmente en Uruguay, Chile y Suiza. En esta maniobra participan muchos: representantes, empresarios, dirigentes, asociaciones y los jugadores. Como la legislación prohíbe que las personas físicas sean dueñas de los derechos federativos de un jugador, los empresarios necesitan de un club para registrar aquellos pases de futbolistas que les pertenecen. Las instituciones reciben monedas, mientras que las valijas se las llevan los grupos, que pueden ser hasta narcos, y los futbolistas. De esta forma, al acordarse el traspaso de un jugador que milita en el fútbol argentino, algunos futbolistas acuerdan antes pasar a clubes menores de Uruguay y luego realizan la transferencia desde ese equipo. Así, con esta maniobra, pagan menos impuestos y le dan al club uruguayo un monto estipulado. Un negocio redondo. O sea hacen trampa. Es más, la AFA no hace nada para impedir que con esta operación se siga perjudicando al Estado, su principal socio. Según publicó AFIP hace unos años en Argentina, cada transferencia incluye un 24,5% de gravamen: 15% para el jugador, 2% para la AFA, 0,5% para Agremiados y un 7% para la AFIP. Es mucha la plata que se pierde, ya que siempre hablamos de millones de dólares. No solo se trata de evasión impositiva o fuga de divisas, se trata de plata que si ingresa a las arcas del Estado puede ser destinada para obras públicas por citar un ejemplo.

El diario La Nación hace unos años publicó el siguiente relato: “el jugador A llega al club ‘puente’ (B) por 5 millones de dólares, pero, a las pocas horas, se convierte en jugador del equipo C a cambio de 10 millones. La diferencia se la reparten entre todos los protagonistas del negocio menos los clubes, que invierten en formar a los jugadores”.

Aquí lo más importante, porque no es un valor ‘económico’, lo que está en juego es que utilizan y luego dejan de lado a las instituciones, que aportan a la formación de los jóvenes en valores como el esfuerzo para alcanzar los objetivos, la solidaridad necesaria para la construcción colectiva, la honestidad para alcanzar el triunfo, el respeto por el adversario y la competencia entendida no como el aplastamiento del rival, sino como una manera de ampliar los horizontes personales y conocer los hábitos  

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