Domingo 11 de Septiembre de 2016

Crónica con pulgas: cuando los animales adoptan proteccionistas

El rescate de mascotas crece. En Paraná, por mes se castran gratis unos 800 perros y gatos

Por Pablo Felizia
pfelizia@uno.com.ar

Desde lejos ya se notaba que había mucha gente. Llegaban en pequeñas oleadas. Un grupo de mujeres organizó una feria, una de tantas que hacen durante el mes. Así juntan plata, más de 10.000 pesos por jornada, que luego destinan en acciones concretas: salvarle la pata a un perro, curar a un gato averiado, comprarle los remedios a un conejo, operar a un caballo. El movimiento del proteccionismo crece, tienen en Paraná sus características propias y encontró en Internet la clave para su difusión. Se castran de manera gratuita, más de 70 animales diarios cuando se realizan operativos en los barrios.
En Racedo al 700, con las puertas abiertas de una casa de familia, en la calle había cactus, ropa, zapatos, libros viejos y hasta un casco que alguien donó y se vendió de inmediato a 200 pesos. La feria tenía un objetivo: que Viruta, un rutero de la 18, no pierda la pata.
Había gente que llegó por la novedad, para revolver y tratar de encontrar algo necesario, otros solo para ayudar, dar una mano y colaborar con estas mujeres. Hasta juguetes, calcomanías y plantas estaban expuestas en la vereda, en el garage y en el living de la vivienda. Aprovecharon incluso para juntar firmas en contra de la pirotecnia.
Laura Torres atendía a quienes llegaban, pasaba precios, juntaba plata. Proteccionista desde hace 40 años, empezó a los 14. Nació en Santa Fe y dijo que fueron sus padres quienes la consintieron en la actividad cuando todavía, allá sobre finales de la década del 70, no era usual hablar de la posibilidad de la castración. Entonces, contó, un perro vivía siete u ocho años como mucho. Ahora, en un descuido, alcanzan los 17 y hasta los 20. Cuando Torres se vino a vivir a Paraná, enseguida nomás realizó su primer rescate entrerriano: la perra se llamaba Mica, adoptó a la mujer y así compartieron una década y media.
"Hay quienes se dedican al cuidado de los chicos, de los mayores, otros los árboles y bueno, a mí me duele el sufrimiento de los animales porque ellos manifiestan todo con la mirada; me conmueven", dijo con emoción en el medio de la vereda de Racedo mientras transeúntes hacían parada para revisar tendederos y estantes. Torres también habló de Lucas: perro macho con 32 bicheras, ocho cirugías y cuatros meses internado. "A pesar de todo eso, lo sacamos", dijo como para dar cuenta del desafío al que se enfrentan a diario.
Estas personas abren cuentas bancarias para recaudar fondos, sacan créditos, llevan a las veterinarias animales partidos, desnutridos, chocados, casi muertos de hambre, abandonados en cualquier calle, repletos de pulgas, de garrapatas, de una sarna que se les instala y da pelea para quedarse.
"Hay un hilo delgado entre ser la loca de los perros y ser proteccionista", sintetizó Torres esa diferenciación básica y necesaria ante tanto prejuicio de un cronista y su pregunta. "Cuando el perro está en condiciones tienen que tener un hogar", explicó.
A Viruta lo chocaron en la ruta 18: tuvo fractura expuesta de una pata y desplazamiento de cadera. Una mujer lo llevó a Salud Animal donde le practicaron una cirugía que duró siete horas y le colocaron ocho clavos que se salieron a los pocos días. Volvieron a repetir la operación. Torres se hizo cargo, el animal estuvo un mes con muletas para perro y ahora necesitaban plata para una nueva intervención: le van a poner un injerto de hueso para no tener que amputar: esperaban juntar ayer más de 7.000 pesos para cubrir esos gastos.

Militantes
En Paraná, también hubo otras ferias similares y por motivos parecidos en otros barrios. A veces son organizaciones las que lo llevan adelante. En otras se trata de proteccionistas que se autodenominan independientes y que se reagrupan para actividades concretas. De paso comparten iniciativas como la de ayer donde la cantidad de visitantes creció a medida que los minutos pasaron y se acercaba la hora del mediodía.
En la capital provincial hay tres grande grupos que se pueden identificar con claridad: aquellas personas que se oponen a la tracción a sangre; quienes se dedican al recate de animales abandonados o enfermos; y por último, las que militan la castración como clave para evitar que cientos de perros y gatos anden por ahí a la deriva.
El universo es más grande, pero en Paraná, por ahora, se ven menos: están quienes se oponen de manera específica a las carreras de galgos y de caballos, los que critican las jineteadas y buscan prohibirlas, y aquellos que recorren barrios para denunciar riñas de gallos y apuestas clandestinas en peleas de perros, entre otras.
Para darle la magnitud al problema y a la tarea, Mónica Ledesma –trabaja en Salud Animal de la Municipalidad de Paraná–, contó que llegan a castrar de manera gratuita, a unos 800 perros y gatos al mes. Tres veces por semana, esta dependencia que antes se llamaba Dirección de Zoonosis, se traslada a un barrio para realizar la intervención. Esos días operan a más de 70 animales, entre los operativos y aquellas cirugías que realizan en López Jordán 181. Quienes quieran más información se pueden contactar al facebook Salud Animal Paraná, donde además publican las zonas que recorrerán cada semana.
Ledesma también empezó de chica en el proteccionismo de perros y gatos. En su casa, entre propios y en tránsito, suma más de 15. "El problema es que no hay tenencia responsable. Hay gente que los tiene de cachorros y luego los largan", dijo a UNO y explicó que la castración pública es gratuita. En una veterinaria privada cuesta entre 800 y 1.000 pesos, a veces más.
Ayer, entre las más jóvenes estaba Sofía Acosta, de 20 años y estudiante de Diseño Gráfico. Contó que no es proteccionista, pero más por respeto a aquellas otras mujeres que le dedicaron casi toda su vida a la tarea. "Hago todo lo que está a mi alcance. Los animales no tienen cómo defenderse y pedir ayuda, alguien lo tienen que hacer". Su primer rescatado fue hace dos años y medio: Teo, un cachorrón que la encontró en el Cementerio de San Benito: el perro se la quedó para siempre. "Las redes ayudan mucho a difundir cuando un animal necesita un hogar", dijo y tiene razón, hay numerosos grupos de facebook, páginas específicas y particulares que se dedican a publicar, una y otras vez, pedidos desesperados de adopción.
Pero no todo es perro y gato. Quienes quieran saber algo sobre conejos y cobayos, tienen que preguntarle a Gabriela Palavecino que ayer estaba junto a su mamá y su tía –Marta y Zulma Adra– y las tres colaboraron con la iniciativa destinada a Viruta.
El de estos animales orejones, es otro cantar. El problema fue que se pusieron de moda. Antes se conocía nomás al conejo blanco, grande y de ojos rojos. Ahora vienen de orejas caídas, marrones, chocolates, con manchas, con ojos negros o azules, bien enanos; se multiplicaron los tipos de razas. Los cobayos también y estos, como pasan mucho tiempo en las veterinarias antes de que alguien los compre, muchas veces las hembras llegan preñadas al hogar.
Palavecino, en los últimos años, le salvó la vida a más de 100 conejos. Hoy tiene 22 propios y un cobayo paralítico.
"No es conocido que también se pueden castrar y no todos los veterinarios saben hacerlo", dijo y agregó frente al abandono, que la mayoría desconoce cómo tratarlos. Es que los conejos, a los pocos días empiezan a romper lo que encuentran y si bien se les puede enseñar, destruyen plásticos, todos los cables cercanos, las patas de mesas y sillas, desaparecen a las plantas del jardín y hacen pozos profundos en la tierra. "No son para tenerlos en jaulas, tienen que estar al aire libre", dijo Palavecino con razón y agregó que algunos los compran y al tiempo los largan a la calle. La mujer contó incluso que está en proceso de escritura de un libro sobre la tenencia de los conejos con toda su especificidad.
Ayer también había otras mujeres, trabajaban, atendían inquietudes y vendían todo lo que tenían alrededor para salvarle la pata a Viruta.
El proteccionismo tiene su historia y en Paraná está en crecimiento. La mayoría tiene sus trabajos, sus estudios y tareas diarias, pero se organizan en grupos o de manera individual; salen a la calle cada día a salvarle la vida al animal que las mira a los ojos.

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