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La Provincia

Martes, 07 de septiembre de 2010

Sobre la muerte de un personaje

Carlitos Mainini era personaje social y negociante rapaz, casi inmoral. La mayoría lo recordará seguramente por su primera faceta. Muchos paranaenses, a los cuales posiblemente perjudicó, por la segunda.

(UNO) (UNO)

Que la muerte nos libera de algunos reproches, que se corresponden con culpas que ayuda a olvidar. O que arrincona en el fondo de la memoria nuestra bajezas, no es nada nuevo. Es más es algo bastante conocido, que le pasa a todo el mundo.

Pero en lo que rodea al fallecido más conocido del fin de semana hay una cosa que me llamó la atención. No su muerte biológica, claro está, sino de la forma en cómo Paraná, (nosotros) interpreta la muerte de uno de sus personajes más conocidos.

Me asombra, viendo las notas que lo recordaron este fin de semana, cómo se le concede rápidamente el efecto más benéfico de la defunción, que es esa idea de no recordar algunas cosas, algunos aspectos menos favorables de aquel viejo del auto rosado y los collares abundantes que escandalizaba- cada vez menos- a sus auditorios contando cómo, años atrás, esperaba a la salida de los cuarteles a los vigorosos colimbas para entablar trato con ellos.

Una vez me contó un taxista que Carlitos Mainini era hijo de un inmigrante italiano, que se le quedó con el campo hasta a sus hermanas, y que en esa escuela se formó este personaje. Vaya a saber si es cierto, o parte de la fábula...

Yo hablé con él una vez, en el 97, para comprarle un terreno que intentó venderme al triple de lo que valía. El hombre tenía condiciones para el negocio, así amasó una fortuna, que le permitió darse algunos gustos. Recuerdo la polémica cuando instaló las dos fuentes en la vereda de su casa. Hasta hubo gente que se enojó cuando la Municipalidad lo obligó a sacarlas, decían que era una pena, cuando por fin alguien hacía algo por la ciudad.

Las fuentes, los leones, las enormes arañas. Todo ese lujo desordenado con el que se encontraban los pobres que caían a comprarle un terreno, en loteos indignos, sin servicios, que nadie es capaz de explicar cómo la Municipalidad dejaba llevarlos a cabo. Muchos de esos pobres que, por no poder pagar las cuotas, perdían después el lote y la casita que habían comenzado a construir, casitas que muchas veces valían menos que las arañas con que se iluminaba la casa de Carlitos.

Tal vez esas excentridades... Hablo de las arañas y las fuentes, no de ser marica y decirlo a los cuatro vientos, para lo que se necesitaba algo más que determinación hace 20 o 30 años… tal vez esas excentricidades lo ayudaban a parecer más duro a la hora del negocio.

Carlitos era lo uno y lo otro. Personaje social y negociante rapaz, casi inmoral. La mayoría lo recordará seguramente por su primera faceta. Muchos paranaenses, a los cuales posiblemente perjudicó, por la segunda.


Carlos Matteoda / De la Redacción de UNO

  • Nahuelenggo

    08-09-2010

    10:15:38

    ahora tienen que seguir la fortuna!
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