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Domingo, 15 de agosto de 2010

Cuánto heredamos del Mina africano

Rastreo de una anotación geográfica que identifica a muchos de los negros llegados a Entre Ríos.

Una palabra saca otra / y esa otra saca el cuchillo, dice Amaro Villanueva. Bueno, de ciertos expedientes antiguos de escribanía afloran vida y obra de propietarios, vecinos, testigos, y si uno es bicho y sabe hallar hilos conductores hacia descendientes entonces el asunto no tendrá fin, porque una palabra saca otra…

Y no hablaremos del filo para pelear en este caso, sino para investigar.
Contamos tiempo atrás lo que nos regaló un ajado expediente del tiempo e’ ñaupa, que quiso darle propiedad al Congo Pereyra, un guerrero gualeguaychuense de sangre africana que integró el ejército de Urquiza. Los papeles terminaron dándole sí un terreno, pero más que eso le dieron historia y vida.

Contamos en otra oportunidad hasta dónde llega un gringo Rubén Tomassi, en el departamento Gualeguaychú también, agarrado de una carpeta de escribanía y de mil amores, y se va por el campo Los Muertos, que se llamó así nomás, y había motivos de sobra porque muertos, y no otra cosa, levantaban las rejas del arado.
Los temas se relacionan solos: esos campos fueron de García de Zúñiga, que tenía obreros esclavos.

17 de agosto, qué fecha

Publicada la notita sobre Domingo Pereyra en UNO (y confirmando eso de que una palabra saca otra), recibimos un correíto de la historiadora gualeguaychuense Elisa María Fernández, autora con Luisa Melchiori de la obra “Entre Ríos, huellas en nuestra historia”.

Es que nos habíamos preguntado si los investigadores del sur entrerriano podían rastrear el nacimiento de Pereyra, alias el Congo, para saber más de él, que había recibido ese terreno en palabra del propio Urquiza después de la batalla de Caseros.

La carpeta con los datos llegó a Paraná en manos de una familia Bachini que fue propietaria, por un corto lapso, de ese terrenito y quedó con el viejo título de propiedad, todo un tesoro. Y en esa carpeta había que buscar nomás: la novela se cuenca sola.
No pasaron dos días de la publicación. Un conocido periodista y dirigente de Gualeguaychú se encargó de distribuir la columna y el anzuelo alcanzó los frutos que buscaba.

“Me llegó el correo de Julio Majul y soy una apasionada de la historia. Te encontré un dato que puede ser de Domingo Pereira (aquí Pereira con i latina). En el acta parroquial del día 16 de noviembre de 1812 figura el nacimiento de un niño ‘sin nombre’ el 17 de agosto, hijo legítimo de Lorenzo Pereira y Juana Rosa Gonsáles. Padrinos Pedro Antonio Pabon y Luisa Caballero. (Ortografía de la época) ¿Será Domingo? En ese libro sólo figuran aborígenes y negros, no lo encontré en los años siguientes. Tal vez sirva el aporte”.

“Voy a seguir buscando datos pues en el acta (tengo algunas copias) no dice que se llame Domingo. El mismo matrimonio tuvo otro hijo llamado Pedro en 1817. El tema es que sean negros o aborígenes. Las actas mencionan negros ‘mina’. Nosotros usamos ese término como sobrenombre de mujer”.

Hasta aquí la carta de Elisa María Fernández. Pereyra había sido rescatado del anonimato por un expediente que procuraba establecer la propiedad de un terrenito, un espacio en el que Pereyra ya tenía su choza (así dice el testimonio) pero de hecho nomás. El Congo, ya viejito, quería entregarlo de inmediato a un vecino para que éste, a cambio, cuidara de su alimentación y su salud hasta su muerte y después, porque debía ocuparse también del sepelio y demás trámites.

La historiadora Fernández nos decía que un Pereira había nacido pues un 17 de agosto, como José de San Martín. Eso significa que este martes 17 cumpliría 198 años, casi lo mismo que la Argentina. Claro que en el registro se olvidaron de anotar el nombre. ¿Sería Domingo, el guerrero de Urquiza?

Ahora… una palabra saca otra y vamos al grano… ¿Negros “mina”? En la séptima acepción del diccionario de la Real Academia española, dice de mina: “Persona o cosa que abunda en cualidades dignas de aprecio, o de que puede sacarse algún provecho o utilidad. Este hombre es una mina”. Sin embargo, la pista nos daría mucho, mucho más, de tantos asuntos que ignoramos.

El Mina en América
Encontramos un artículo publicado en 2009 por el periodista de la república Dominicana Julio E. Fermín Caamaño, bajo el título “Barrio San Lorenzo de los Mina”, y dice que tomó los datos de otro trabajo suyo de 1992 que llamó “Los Mina desde sus orígenes”.

“El Barrio San Lorenzo de Los Mina, Distrito Municipal de la provincia Santo Domingo Este, ha adquirido un profundo desarrollo general desde sus orígenes cuando se produjeron las poblaciones de negros esclavos. El nombre de San Lorenzo proviene de que éste era el santo de los negros Mina. Al parecer lo veneraban porque dicho santo fue martirizado y torturado en Roma, lo que se asemeja a la esclavitud de los moradores de entonces. En cuando a que si se le puede llamar Los Mina o Los Minas, hay varias versiones:

Que el nombre del Barrio proviene de una Tribu africana que le llamaban a sus miembros los ‘ negros Mina’, que luego ocupaban la parte francesa de la isla en la época colonizadora y fueron hechos prisioneros y enviados al lugar donde es hoy Los Mina Viejo (Los Mina Sur). Que a esa parte se trajeron de la zona francesa de la isla unos negros procedentes de África, pero que su apellido era Mina, y les llamaban ‘negros Mina’. Que el gobierno colonial español trajo negros esclavos huidos de la parte francesa, y que procedían en su mayoría de una región africana llamada Mina, y por esto eran llamados negros Mina”.

“Desde que poblaron el sector se le puso el nombre de San Lorenzo de Los Minas; ésta no indica de dónde proviene el nombre. No hemos confirmado a ciencia cierta cuál de esas versiones es la verdadera, muchas personas escriben el nombre del Barrio tanto con ‘s’ como sin ésta al final. Pese a que la versión más convincente es la que indica que se escribe sin ‘s’”, concluye Caamaño.

Desde Venezuela
Veamos lo que nos dice la estudiosa venezolana Elisa Marvena Nyarai. Primero, señala: “En el siglo XVIII negros de la Costa de Marfil y de la Costa de Oro fueron traídos a Barlovento. Como el puerto más importante de esta región se llamó San Jorge de Mina, los negros que vinieron de allí fueron denominados ‘mina’. Todavía hay un tambor conocido con el mismo nombre en el Barlovento venezolano”.

Luego dice: “He aquí una lista alfabética de todos los nombres de tribus africanas que pude encontrar en documentos dispersos”, y nombra varios, entre ellos “Anagachi, Angola, Arara, Arache, Arobi, Bambi, Beñon, Barila, Binga, Bemba, Bran, Cachanga Cafo, Cambindo, Cabuta, Camoanda, Camaconda, Camojunda, Candala, Carabali, Casimba, Catangala, Cataloaqui, Catende, Congo, Cyle, Chalala, Chara, Ebia, Embuila, Fulo, Folopo, Ganga, Guachi, Guaza, Guinea, Guunga, Jerrero, Jiri, Luango, Mabala, Malemba, Mandele, Mandinga, Mina, Mobangombe, Mojinga, Monda, Mondongo, Mosanga, Matoangombe, Mugunchi, Nago, Popo, Quiboto, Quinene, Quisongo, Quisulo, Sape, Soso, Suchi, Sundi, Tacanga, Tari”.

Después los comparará con nombres aportados por los estudiosos, pero lo cierto es que están los Mina.

Más adelante: “A menudo se confunden los Minas, Arara, Fanti y Ashanti y los habitantes de Dahomey con los Lucumí”.

Y luego: “Ramos piensa que los Mina eran congoleses. Por otra parte los autores están de acuerdo en que los esclavos procedentes de la Costa de Ghana y Togo fueron conocidos con este nombre, lo que parece más lógico. En Venezuela el tambor ‘mina’ proviene por cierto de esta región”.

Hasta aquí llega entonces con los Mina Elisa Marvena Nyarai. Ahora, se habrá visto que una de las culturas es la Jiri.

Veamos este párrafo posterior: “En las partes altas de Nigeria y Camerún viven los Plateau Nigerians. Hablan idiomas bantús. A ese grupo pertenecen las siguientes tribus de nuestra lista. Bambi (Mbemba), Chara, Aroba (Roba), Camoanda (Camba), Cataloaqui (Talok), Cule (Kulu), Embuila (Mbula), Guunga (Guungawa), Jiri (Guri), Monda (Munga), Muguchi (Munga)”.

Los Jiri son pues los Guri. Y lo dejamos ahí, para seguir más adelante por aquello de que una palabra saca otra… A propósito, interesante ver cómo en Río Grande do Sul llaman gurises a los chicos. El profesor Fermín Chávez llamaba a investigar mejor la curiosa relación entrerriano riograndense.

¿Y nuestros registros?
Pero vayamos a nuestro punto. Hay documentos muy sustanciosos respecto de los africanos mina en América, mucho para explorar. En Cuba particularmente. Pero vayamos a nuestros propios registros locales.

Cuando se graduó de licenciada, la docente Mabel Masuti entregó una tesina, con gran acompañamiento del antropólogo Carlos Ceruti (experto en la presencia de afroamericanos en nuestra zona) y otros profesionales.

Allí incluyó listados de esclavos de Paraná según los censos de 1800 y pico. Aparecen, pues, un registro de la “patria “ de los negros y pardos censados, y esa patria puede ser Paraná, Santa Fe, Angola, Guinea, Paraguay, Benguela, Congo, Coronda, África (así figura), Brasil, y puede ser también Mina.

Veamos algunos originarios de Mina en Paraná y sus aledaños, en 1824: Mario Marury, 20 años, su amo Pedro Marury (zapatero).Y al lado Diego Marury y Mateo Marury, de 2 y 1 año, con el mismo patrón. Posiblemente hijos de Mario. También de Mina el criado Ignacio M. Villegas, peón; y Antonio Echagüe, negro carrero; y el esclavo negro Andrés Puente; y la criada María Cámara, una negra de 24 años, casada. Y de Mina también Juana La Rosa, de 25 años, soltera, criada de Barzola Magallán. Y Rita Espeleta, de 32 años, y Rufino Espeleta, de 1 año. No aparecen como esclavos sino como hijos, negros, y el amo de ambos: Salvador Espeleta.

Y Domingo Antonio Suárez, de 30 años, criado de Antonio Suárez. Y Antonia Acosta, una criada negra de 70 años. Y así, la negra Juliana Márquez, y un negro carrero de nombre Franco, y Saturnina Orellano de 22 años, y el negro Navaxia Gaitán de 21 años y la parda María A. Layago, de 31.

En el censo de 1844, figuran muchos negros pero ya no aclaran la procedencia en detalle, la patria dice África.

Son apenas ejemplos. El mina está en la piel de muchos entrerrianos, en la sangre. Se multiplicó por miles, se mezcló con el criollo, con el indio, él mismo fue un gaucho, y se mezcló también con el español y el portugués y luego con tantos inmigrantes. Seguramente está en los modos, en las creencias, en actitudes nuestras, cuyos orígenes culturales se pierden por allí.

Como africano de tantos sitios más o menos conocidos, como el charrúa, el chaná; como el guaraní, el francés, el alemán, el ruso, el italiano, el canario, el árabe… como tantos que constituyen el tejido social entrerriano, allí está el mina en nosotros.

El mina estuvo en nuestras luchas de la independencia, en nuestras guerras fratricidas por el federalismo y la república; estuvo en nuestros obrajes, en nuestras luchas sociales.

Un albañil, una maestra, una ama de casa, un peón de campo; y así un legislador, un periodista, una estudiante, un empleado de comercio, un médico: el negro mina está hoy en los sudamericanos, está en los entrerrianos. Aunque el origen de esta relación fue lamentablemente la esclavitud, hoy diremos con orgullo que nos sentimos y estamos hermanados en la sangre con los pueblos del continente vecino que alguna vez fue, juntos a estas tierras, Gondwana.

El campo Los Muertos

“Mi campo tiene 106 hectáreas y se llama El Becho. En aquella época se llamó La Chiquita, le puso el nono. Después los hijos se repartieron”, explica Rubén en un relato salpimentado con un sin fin de recuerdos. “Los Tommasi sembraron mucho los campos de Eufemio Muñoz. Entre ellos está Los Muertos, y te voy a explicar el por qué: hay un potrero que se llama Potrero Los Muertos, porque en la punta de la reja del arado sacaban los huesos de los muertos, se enganchaban los huesos. En cambio a los chicos los ponían arriba de los árboles en un cajoncito blanco”.

Este es un relato del vecino de Irazusta Rubén Tommasi, radicado actualmente en Larroque.

Publicamos cierta vez este caso que surge también de un expediente, porque Tommasi, chacarero en Pehuajó Sud, tiene los títulos de propiedad que llegan a los tiempos del Virreinato.

Los papeles confirman que su campito, El Becho, fue un potrero de las inmensas estancias de García de Zúñiga, llamadas Campos Floridos.

En esos campos alcanzó protagonismo el negro africano, porque fueron comunes en las propiedades de los García de Zúñiga las familias de esclavos. Sus descendientes somos, claro, muchos de nosotros.

  • elisamarvena

    30-08-2010

    13:00:01

    Creo que ya se que error ha podido ocurrir. Yo repostee un articulo sobre los esclavos negros en Venezuela (encontrado en : http://www.simon-bolivar.org/Principal/bolivar/procedencia_de_los_esclavos_negros.html) en el foro de Assata Shakur, pero como el
  • elisamarvena

    30-08-2010

    12:53:57

    Saludos! Gracias por el articulo pero tengo una duda. Mi nombre es Elisa Marvena Nayarai, pero no soy una estudiosa venezolana. Me ha llamado muchisimo la atencion la coincidencia en el nombre y me gustaria saber de que fuente han sacado esta informacion
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