A Fondo
Domingo, 01 de agosto de 2010Hallazgos en una colección asombrosa
Descubrieron 6.000 imágenes centenarias de toda la región impresas con altísima calidad.
Romero se entusiasma con la explicación del maravilloso patrimonio del Ministerio.
El archivo del Ministerio de Obras Públicas es una mina de oro y está revelando patrimonios
culturales que sorprenden. Es la Dirección Nacional de Vías Navegables distrito Paraná Medio pero
todavía le queda la sigla antigua, el MOP, Ministerio de Obras Públicas, y conserva varias
actividades de ayer, a pesar del achicamiento que impuso el modelo neoliberal.
El paso del tiempo deterioró las instituciones, hizo que organismos que contaban con más de
3.500 trabajadores quedaran con apenas el 10 por ciento de esa plantilla, pero no logró deteriorar
los archivos de planos y fotos, ni el ánimo de muchos de sus trabajadores.
Las colecciones son conocidas en círculos vinculados al puerto, pero la comunidad no conoce
ni el 2 % de la notable riqueza de esos archivos que este año ofrecieron nuevas imágenes que
atrapan.
A los miles de planos conservados cuidadosamente en anaqueles con celdas, con botones
numerados que dan la pista para extraer en un rollo las claves de la evolución del río, las islas,
las costas, durante más de un siglo, y los diseños de embarcaciones hechas y reparadas en la
región, a todo eso se suman las fotografías.
Son antiquísimas, y muestran imágenes sorprendentes cuyos negativos están impresos en vidrio,
en su mayoría. Un manjar para los expertos en distintos rubros, para los historiadores locales en
varias ciudades de la región, y un deleite también para los vecinos de todo el litoral que puedan
acceder a estas fuentes.
Desde las raíces
Hay fotos de muchas ciudades y localidades menores de la región, tal vez una veintena, de
distintas provincias. Los paranaenses pueden ver, por ejemplo, el río con su enorme cancha natural
frente a esta capital, con playas en las orillas, ¡playas! Y el momento en que refulan arena encima
de chatarras, para originar la isla que hoy se ve arbolada, protegida, frente a la costanera.
El arribo de un barco cargado con decenas de carretas, la construcción de tabla estacas para
la defensa del puerto; un grupo de barquitos a vela y a vapor anclados o contra los muelles, un
buque de fama internacional, una draga de las que hicieron historia; pontones, balizadores,
remolcadores… una panorámica de la ciudad completa, desde la dársena hasta las torres de la
catedral, antes del Parque Urquiza.
Y así, las casas antiguas, algunas con sus bellas fachadas nuevas, que hoy lucen centenarias
todavía porque el tiempo no las destruyó, en la zona del parque y la costanera. O las barrancas en
un paisaje natural tan distinto del escenario actual, o las faenas de personal altamente
calificado, cuyos oficios se fueron perdiendo en las últimas dos décadas por la falta de
continuidad.
Rosario, Santa Fe, San Pedro, San Nicolás, Paraná, La Paz, Diamante, Victoria; y así
Hernandarias, Santa Elena, Brugo, Esquina, Helvesia, Curtiembre… podríamos nombrar otras diez
ciudades y pequeñas localidades con su historia ribereña, con las construcciones y los obreros que
les dieron vida: todo está archivado aquí de manera ejemplar. Todo listo para un renacimiento del
interés por la identidad fluvial del litoral.
Sin palabras
Las fotos son especiales, panorámicas muchas de ellas, focalizadas algunas en las
construcciones históricas, con obreros de alpargatas, bombacha, pañuelo al cuello, sombrero;
posiblemente algunos incluso con chiripá. Miles de paranaenses encontrarán allí a sus abuelos y
bisabuelos, los trabajadores que a principios del siglo XX encendieron los motores de las grandes
obras y de las más arriesgadas luchas sociales que supieron liderar socialistas y anarquistas.
Las fotos del Ministerio son un tesoro, por donde se las mire. Un grupo de obreros y
funcionarios de la repartición tomaron conciencia plena del valor histórico, eso es lo que nos
transmitieron ellos porque supieron mostrarnos esta maravilla. Pero hay un obstáculo que salta a la
vista: no tienen presupuesto por ahora para garantizar la preservación correcta, el aprovechamiento
cultural y la difusión de tan hondo patrimonio.
Al encontrarse cara a cara con estas riquezas, uno piensa que el día que los paranaenses
puedan conocer todas las fotos que permanecen allí apiladas, casi escondidas; el día que puedan
comprenderlas, analizarlas, compararlas, tomar dimensión de esas raíces, entonces recibirán un
cimbronazo. ¿Cómo llamar a esa luz interior, individual y social, cómo llamar a ese fogonazo que
devolverá a una comunidad entera los rasgos más nítidos de su rostro portuario?
Restituir las líneas, los relieves, a una historia que había quedado difusa por el “progreso”
material abandonado al arbitrio del mercado, ¿es posible?
Lo que fuimos y somos
De estas imágenes pueden estudiarse las personas, sus modos, sus oficios, sus vestimentas.
Pueden saberse las maneras, los secretos de la construcción de obras que han durado más de un siglo
y que fueron erigidas con métodos antiquísimos, como el caso del puerto, sobre fajos de chilca y
broza.
La arquitectura de edificios notables, de obras que no sólo le dieron vida económica a la
ciudad sino que también presentaban un panorama tan bello que uno (y nos pasará a muchos) no
imaginaba.
Allí puede apreciarse el cambio de la fisonomía de la ciudad, de las barrancas de ayer que
permitían el acceso por senderitos hacia las casas del centro de Paraná, y que luego serían
niveladas en forma de mesetas, para darnos lo que es hoy el bellísimo Parque Urquiza.
Hay trabajadores allí que aman profundamente este patrimonio, lo valoran en toda su
dimensión, y eso le da al tesoro un valor agregado.
Uno lo huele en el aire: los obreros piensan que esta base histórica, lo que significó el
Ministerio en la construcción de la Paraná de hoy, esa energía del pasado, digamos, podrá vencer
como si fuera por una inercia a estas tendencias destructivas de las últimas dos décadas, que
entregaron los trabajos del río a grupos multinacionales y desfinanciaron reparticiones que eran
insignias de la soberanía y la independencia.
Cuando lo adviertan
Todas las fotos han sido tomadas por expertos con las mejores tecnologías, y guardadas como
quien confinara un tesoro en una cajita, para la posteridad.
Lo que tiene el Ministerio es un museo latente, pero un museo que puede ser vivo, con
imágenes que permitirían a los habitantes de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos,
Corrientes, el Chaco, una suerte de interacción, en la que revisaran sus conceptos. Donde la
identidad orillera, portuaria, apareciera así, naturalmente, limpiando los obstáculos (obras,
concepciones, costumbres) que a nuestras ciudades las fueron haciendo de espaldas al río, a los
humedales. Eso se nota en Rosario, en Paraná, e influye incluso hasta en sus gustos musicales, pero
la colección del Ministerio llama a otra cosa.
Un enamorado
José Antonio Romero no hacer mucho que desempeña labores en el viejo Ministerio, pero es un
enamorado de toda la vida, porque su padre Rómulo le infundió ese apego al espíritu de los
portuarios, de los embarcados, los talleristas, los expertos en mediciones y en tantos oficios
propios de esta familia fluvial.
Los trabajadores del Ministerio, como los ferroviarios, como los mineros, son una raza. La
pérdida paulatina de este capital social y laboral pero principalmente espiritual ha sido un
retroceso y algunos, en el fondo, piensan que este proceso no es irreversible.
José Antonio Romero no es el único enamorado de este mundo de guinches y faros y anclas, que
se fue volviendo nostalgia, herrumbre, soledad. No es el único, pero él nos convocó a mirar los
planos, las fotografías, y nos transmitió el deslumbramiento que narramos aquí.
Grabamos una hora de explicaciones, detalles, pero preferimos en esta entrega relatar el
estado de ánimo de estos paranaseros, gente de dragas, tornos, obras faraónicas, meses afuera de su
hogar, anclados muchos en un tiempo de esplendor que todavía muestra sus resplandores en la
distancia y que ellos quieren, infructuosamente, retener.
“Si no fuera por responsabilidad de esta gente se hubiera perdido, como pasa en muchos
lugares; pero se preservó y en estado excelente”, se enorgullece Romero. “La repartición tenía como
premisa documentar en imágenes las distintas etapas y procesos de construcción, se reflejaban en
imágenes esas tareas, sea el dragado, las obras… Y hoy hay un material inédito que muestra la
Paraná de antaño; es impresionante encontrarte con la imagen completa operativa del puerto de
Bajada Grande. Hoy mucha gente no sabe cómo era el puerto. El puente sobre el Antoñico. Ver lo que
es la costanera cuando no había calles, ver las barrancas del parque Urquiza casi sin árboles”.
¡Qué universo! ¡Qué Paraná originaria ha quedado fija en los archivos! Y cuántas historias
podrán narrarse completas, el día que se abran las colecciones, pero más: el día que se abran los
investigadores, los amantes de lo nuestro y busquen recuperar, en cada vidrio impreso, en cada
film, en cada plano, nuestra propia identidad.
Museo estable con fotos y guías
La repartición y el sindicato de Dragado y Balizamiento quieren, en conjunto, revalorizar los
archivos, los edificios, y devolverle a la ciudad este patrimonio, dentro de este ámbito de
trabajo.
Así lo contó Romero. “Queremos en el marco del aniversario 112 hacer una muestra fotográfica
de esas imágenes para que queden como patrimonio de la ciudad, que la gente pueda venir y
conocerlas acá. Vamos a hacer un museo estable con un recorrido que va a sintetizar las distintas
etapas de las historias, abierto a la comunidad, a los estudiantes”.
El Museo tendrá imágenes, máquinas antiguas, tendrá un ámbito, y guías expertos que darán
respuestas a las inquietudes de los entusiastas.“Redescubrir esto es un poco la conciencia de esta
Dirección, de don Ángel Astrada que es el Director, de Carlos Martínez que es subdirector, y de los
muchachos del Sindicato”, insistió Romero.
Nuestro guía no se quejó, pero bastó una recorrida para constatar que el edificio habla por
sí solo de una ausencia de presupuesto, de fondos adecuados a las aspiraciones de los obreros. Si
la preservación parece difícil, el camino de la recuperación sugiere un túnel con una luz en el
final, una luz que sólo la ilusión de los obreros mantiene encendida.
Obras que pasaron el siglo
El ex jefe División Relevamiento, Dragado y Señalización, Gerónimo Raúl Vuskovich, escribió
una reseña histórica de Vías Navegables.
Allí recordó que el 11 de octubre de 1898 se creó el Ministerio de Obras Públicas y el 26 del
mismo mes la Dirección General de Obras Hidráulicas, repartición primigenia de lo que hoy se llama
Dirección Nacional de Construcciones Portuarias y Vías Navegables.
Es decir, en octubre próximo estaremos en los 112 años. Pero al mismo tiempo, celebramos
varias fechas históricas. Miembros de la Prefectura recordaron, por caso, que la inauguración del
edificio que ocupa esa institución en Paraná data del 27 de junio de 1910, y el Puerto Nuevo fue
habilitado en abril de 1910, es decir: acaban de cumplirse cien años de ambas obras.
José Antonio Romero señaló, a modo de primicia, que las autoridades y los trabajadores
pretenden refaccionar el semáforo, un clásico del puerto, con sus esferas y luces, todo. ¿Y por qué
no el pito? Lo pensaron, pero temen que con las construcciones actuales genere consecuencias
imprevistas, por la potencia de su sonido. Claro, no lo descartan.
Comentarios
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leiparana
01-08-2010
18:50:46
Quiera Dios y las autoridades que se lleve a cabo este museo¡¡¡ Seria espectacular poder ver esas fotos , tanto para nosotros , los paranaenses como para los turistas que acostumbran recorrer los museos de las ciudades que visitan.
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