Deportes
Domingo, 18 de abril de 2010El día que se levantó el corte
El Puente Internacional General San Martín, símbolo del conflicto por la pastera Botnia, fue sinónimo de fraternidad, al menos por unas horas: El rugby lo hizo posible.
Rugby Sin Fronteras dejó su mensaje. De fondo, el puente, símbolo de la lucha contra Botnia (UNO/Mateo Oviedo).
El reloj marcaba las 15 en el ingreso al puente Internacional General
San Martín y el murmullo en el ingreso a la Aduana se detenía por unos segundos porque un grupo de
jugadores ingresaba a una cancha de rugby improvisada sobre el acceso a Uruguay con las banderas de
todos los países de Sudamérica.
Las nubes amenazaban un temporal sobre el pie del gigante de cemento, pero poco importaba a los presentes, que se habían acercado para observar un hecho histórico. El puente cortado desde el 20 de noviembre de 2006 por un grupo de asambleístas de Gualeguaychú en reclamo a la instalación de la planta de celulosa Botnia en defensa del medio ambiente y el río Uruguay, se abría para recibir a un grupo de apasionados del rugby que dejaron atrás un mensaje en las Islas Malvinas para llevar otro a una zona de conflicto entre dos ciudades fisuradas por los intereses del sistema.
Fray Bentos y Gualeguaychú volvían a comunicarse, al menos por un par de horas. La Fundación Rugby Sin Fronteras y jugadores de todos los países vecinos, entre ellos ex Pumas como el caso de Eliseo Branca, Gonzalo Romero Acuña o Rob Corbelo, salían a la cancha para jugar un partido simbólico que comenzó con un fuerte diluvio que intentó conspirar con la causa, pero sólo logró dramatizarlo llenando de barro las siluetas de los “viejitos”.
La idea de jugar el primer tiempo en Gualeguaychú y el segundo en Fray Bentos no era una mera excusa para “enviar un mensaje”. Tenía la iniciativa de lograr el primer acercamiento entre habitantes irascibles por la falta de diálogo. Sin arrogancia y a un par de horas del fallo de La Haya que determinará una fuerte sentencia sobre el conflicto, uruguayos y argentinos se mostraron expectantes. Pero por sobre todas las cosas impacientes por llegar a una conclusión satisfactoria. “ Acá decimos que cuando Argentina estornuda, Uruguay se resfría y no podemos vivir así”, comentó a Ovación Adriana Decaoud, periodista del diario Acción de Mercedes. Y explicó que la gente de Fray Bentos “sueña todos los días con ir y volver”.
El vínculo entre los dos países a través de los valores del rugby no fue el único motivo. El evento tenía por objeto recaudar alimentos y ropa para las víctimas del terremoto que sacudió a Chile.
Pasó el primer tiempo y Bautista Segonds, presidente de la Fundación ordenó con un megáfono que la Aduana estaba habilitada para cruzar el puente y jugar el segundo tiempo del lado uruguayo. “ Esto es fantástico y digno de destacar porque es una manera de defender la integración. Además que se ayude a Chile es emocionante”, relató Simón Berti ex jugador y actualmente árbitro de Chile.
La caravana de autos le hacía cosquillas al gigante de cemento que no debe haber entendido tanto bullicio luego de casi cuatro años. Y se hacían las 16.30. La larga fila disminuía su velocidad porque los agentes de Prefectura tomaban nota de las patentes (argentinas y algunas paraguayas) que accedían al país vecino y giraban unos metros para llegar a la cancha, ubicada a pasos del río y a la misma altura, cubierta por las enormes columnas que sostienen el puente.
El olor de la paella preparada para el tercer tiempo invadía el terreno de juego donde los jugadores se divertían y chocaban cual si fueran adolescentes. Sobre el borde amigos, familiares y muchos periodistas, estos últimos intentando seguir el juego por un instante y olvidarse de las cuestiones políticas para disfrutar de la tarde que a esa altura se mostraba agradable con rayos de luz penetrantes observados desde una posición privilegiada. Las remeras de No a las Papeleras, de Carpinchos y las pancartas anunciando la marcha programada para el 25 se entremezclaban y no pasaban inadvertidas sin perder el marco de respeto.
La coyuntura quedaba a un lado al menos por un segundo. Uruguayos y argentinos o bien Fray Bentos y Gualeguaychú se veían las caras de nuevo y empujaban para el mismo lado.
Un sobreviviente de la tragedia de 1972
Gustavo Zervino (foto) fue uno de los 16 sobrevivientes de los 45 que murieron en el accidente aéreo de 1972 cuando un equipo de rugby uruguayo intentó cruzar la cordillera para jugar un encuentro amistoso en Chile. El avión que trasladaba al equipo Old Christian’s Club partió desde Mendoza y no pudo conseguir llegar a Chile y chocó una de sus alas con uno de los picos de las montañas. La cola se separó del avión. Las personas fueron rescatadas 72 días después de lo hoy se conoce como el Valle de las Lágrimas, una historia conmovedora representada por la película Viven.
Zerbino, presidente de la Unión de Uruguay, fue uno de los grandes impulsores de la idea del presidente de la Fundación Bautista Segonds. Habla de su pasado con notable fortaleza. “No tengo nunca recuerdos gracias a Dios. Lo revivo cuando me lo preguntan, pero la mente selectiva hace que el dolor no exista y me quedo con el ejemplo de los amigos en la montaña”, dice. Además desafía. “ La vida es una fiesta a la que venimos sin ser invitados y nos vamos sin darnos cuenta. Y todos tenemos una cordillera, no caerse sino levantarse y luego agradecer lo que la vida te da”.
Por otra parte, el ahora dirigente consideró: “Haber realizado esta iniciativa con Bautista, con el cual hemos trabajado mucho para que el partido se juegue en Malvinas, es muy importante”. Y agregó: “Acá entendimos que este puente de conflicto era una oportunidad para demostrarle a América Latina que a través de una pelota de rugby unida por la bandera de todos los países empujando hacia a Chile es una obra muy importante”.
Las nubes amenazaban un temporal sobre el pie del gigante de cemento, pero poco importaba a los presentes, que se habían acercado para observar un hecho histórico. El puente cortado desde el 20 de noviembre de 2006 por un grupo de asambleístas de Gualeguaychú en reclamo a la instalación de la planta de celulosa Botnia en defensa del medio ambiente y el río Uruguay, se abría para recibir a un grupo de apasionados del rugby que dejaron atrás un mensaje en las Islas Malvinas para llevar otro a una zona de conflicto entre dos ciudades fisuradas por los intereses del sistema.
Fray Bentos y Gualeguaychú volvían a comunicarse, al menos por un par de horas. La Fundación Rugby Sin Fronteras y jugadores de todos los países vecinos, entre ellos ex Pumas como el caso de Eliseo Branca, Gonzalo Romero Acuña o Rob Corbelo, salían a la cancha para jugar un partido simbólico que comenzó con un fuerte diluvio que intentó conspirar con la causa, pero sólo logró dramatizarlo llenando de barro las siluetas de los “viejitos”.
La idea de jugar el primer tiempo en Gualeguaychú y el segundo en Fray Bentos no era una mera excusa para “enviar un mensaje”. Tenía la iniciativa de lograr el primer acercamiento entre habitantes irascibles por la falta de diálogo. Sin arrogancia y a un par de horas del fallo de La Haya que determinará una fuerte sentencia sobre el conflicto, uruguayos y argentinos se mostraron expectantes. Pero por sobre todas las cosas impacientes por llegar a una conclusión satisfactoria. “ Acá decimos que cuando Argentina estornuda, Uruguay se resfría y no podemos vivir así”, comentó a Ovación Adriana Decaoud, periodista del diario Acción de Mercedes. Y explicó que la gente de Fray Bentos “sueña todos los días con ir y volver”.
El vínculo entre los dos países a través de los valores del rugby no fue el único motivo. El evento tenía por objeto recaudar alimentos y ropa para las víctimas del terremoto que sacudió a Chile.
Pasó el primer tiempo y Bautista Segonds, presidente de la Fundación ordenó con un megáfono que la Aduana estaba habilitada para cruzar el puente y jugar el segundo tiempo del lado uruguayo. “ Esto es fantástico y digno de destacar porque es una manera de defender la integración. Además que se ayude a Chile es emocionante”, relató Simón Berti ex jugador y actualmente árbitro de Chile.
La caravana de autos le hacía cosquillas al gigante de cemento que no debe haber entendido tanto bullicio luego de casi cuatro años. Y se hacían las 16.30. La larga fila disminuía su velocidad porque los agentes de Prefectura tomaban nota de las patentes (argentinas y algunas paraguayas) que accedían al país vecino y giraban unos metros para llegar a la cancha, ubicada a pasos del río y a la misma altura, cubierta por las enormes columnas que sostienen el puente.
El olor de la paella preparada para el tercer tiempo invadía el terreno de juego donde los jugadores se divertían y chocaban cual si fueran adolescentes. Sobre el borde amigos, familiares y muchos periodistas, estos últimos intentando seguir el juego por un instante y olvidarse de las cuestiones políticas para disfrutar de la tarde que a esa altura se mostraba agradable con rayos de luz penetrantes observados desde una posición privilegiada. Las remeras de No a las Papeleras, de Carpinchos y las pancartas anunciando la marcha programada para el 25 se entremezclaban y no pasaban inadvertidas sin perder el marco de respeto.
La coyuntura quedaba a un lado al menos por un segundo. Uruguayos y argentinos o bien Fray Bentos y Gualeguaychú se veían las caras de nuevo y empujaban para el mismo lado.
Un sobreviviente de la tragedia de 1972
Gustavo Zervino (foto) fue uno de los 16 sobrevivientes de los 45 que murieron en el accidente aéreo de 1972 cuando un equipo de rugby uruguayo intentó cruzar la cordillera para jugar un encuentro amistoso en Chile. El avión que trasladaba al equipo Old Christian’s Club partió desde Mendoza y no pudo conseguir llegar a Chile y chocó una de sus alas con uno de los picos de las montañas. La cola se separó del avión. Las personas fueron rescatadas 72 días después de lo hoy se conoce como el Valle de las Lágrimas, una historia conmovedora representada por la película Viven.
Zerbino, presidente de la Unión de Uruguay, fue uno de los grandes impulsores de la idea del presidente de la Fundación Bautista Segonds. Habla de su pasado con notable fortaleza. “No tengo nunca recuerdos gracias a Dios. Lo revivo cuando me lo preguntan, pero la mente selectiva hace que el dolor no exista y me quedo con el ejemplo de los amigos en la montaña”, dice. Además desafía. “ La vida es una fiesta a la que venimos sin ser invitados y nos vamos sin darnos cuenta. Y todos tenemos una cordillera, no caerse sino levantarse y luego agradecer lo que la vida te da”.
Por otra parte, el ahora dirigente consideró: “Haber realizado esta iniciativa con Bautista, con el cual hemos trabajado mucho para que el partido se juegue en Malvinas, es muy importante”. Y agregó: “Acá entendimos que este puente de conflicto era una oportunidad para demostrarle a América Latina que a través de una pelota de rugby unida por la bandera de todos los países empujando hacia a Chile es una obra muy importante”.
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