Entrerrianos por el mundo
Sábado 12 de Noviembre de 2016

Con los mejores cortes de carne, conquistó el país trasandino

de chico se fue del campo y logró ubicarse en santiago de chile, se hizo conocido por sus habilidades a la hora de cortar la carne. Hoy es el encargado de una cadena de carnicerías.

La vida de Isabelino Díaz nunca fue fácil, al igual que la de su humilde familia que vive en el Quinto Distrito del Departamento Gualeguay. Todo lo que hizo fue con esfuerzo y trabajo, lo que sumado a los fuertes valores del respeto, la honestidad y tener palabra, llevaron hoy a posicionarlo como empleado jerarquizado de una de las principales cadenas de cortes de carnes de la capital chilena.
Hay que pensar que las familias hace un tiempo les inculcaban a sus integrantes ser buenas personas, más allá de la condición social.
En estos tiempos de transformaciones se puede escuchar: 'son ladrones por ser pobres o expulsados del modelo'. Francamente hay millones de ejemplos donde de familias humildes sus integrantes lograron superar el escollo partiendo de un hogar donde el dinero no abundaba.
También hay que decirlo, el valor de mamar el trabajo de chico, de respetar al que cumple una tarea, anhelar una superación a través del esfuerzo eran moneda corriente en una comunidad rural y me atrevo a decir en nuestra Argentina reciente. Llevándolos a nuestros días, no estaba en la cabeza de nadie la sola posibilidad de los denominados ni, ni: gurises que ni estudian ni trabajan.

Ser niño y hombre
Ser gurí en el campo es sinónimo de ser un pequeño hombre que trabaja a la par de sus padres, teniendo la posibilidad de crecer, jugar, pero cumpliendo con el ritual rural: se trabaja de sol a sol.
Una infancia llena de alegrías, dolores y muchas tristezas por no poder llegar a tener lo que tal vez a otros chicos les era moneda corriente.
En el campo funciona un sistema productivo, cooperativo y de solidaridad que se mantiene en el tiempo. Donde, tal vez, se minimiza la legislación que prohíbe el trabajo de niños.
La familia Díaz estaba compuesta por Ignacio, un hombre que lo único que sabía era trabajar de lo que fuera; su madre cuidaba a los seis hijos y ayudaba en el resto de los quehaceres. Es decir, una mujer que trabaja a la par de su marido.
En el campo, la vida comienza mucho antes del amanecer, donde la tarea primaria es ordeñar a mano las pocas vacas que son parte del campo de los Díaz, luego dar de comer al resto de la granja; preparar la tierra para el maíz, trigo o avena y después pasar a la huerta o chacra para sembrar las verduras u hortalizas que aseguren el almuerzo o cena diaria. La siesta no existe, porque es el momento de poder jugar un poco con el resto de los hermanos, o porque hay que ir a la escuela 55, ubicada a poca distancia.
El día sigue con el segundo ordeñe de las vacas, el encierro de los animales en los corrales y gallineros y por supuesto, la vital leña que permite tener prendida la cocina antigua las 24 horas. En el campo no hay cocina a gas, todo se hace a base de leña, desde el secado de la ropa hasta el guiso, la sopa o el asado o la preparación del baño para higienizarse. De allí que la excursión al campo o al monte en un carro ruso para buscar ramas y madera era prioritaria. Luz eléctrica por ese entonces era una verdadera utopía.
Tal vez, lo más rústico del campo, era alambrar los cercos de los campos, cavando pozos profundos para enterrar los postes que eran apisonados. La madera era cruzada por siete hilos de alambres llamado San Martín, duro y flexible. Ese trabajo se debía hacer temprano, porque el sol se hacía sentir, lo mismo que la hacheada en el monte.
El otro trabajito que hacía Isabelino con sus hermanos era la siembra. Eran pobres, no tenían maquinarias, por lo que con un arado a mancera (estructuras largas con cuchillas) para dar vuelta la tierra. Este equipo era impulsado por un caballo o algún vacuno. Para que el trabajo rindiera se salía bien temprano para aprovechar al máximo el tiempo.
UNO se contactó con el argentino, en Santiago y telefónicamente, conocimos un poco más de su vida.
—¿Dónde y cuándo naciste?
—Nací el 4 de abril de 1963, en Nogoyá, Entre Ríos.
—¿Qué hacías en el campo?
—De niño y desde que tengo memoria siempre trabajé con mi padre, soy el mayor de seis hermanos y como tal debía ayudar en los labores del campo como amansar caballos, arar, cuidar los animales, sembrar, etc. Además, tenía que complementar con trabajos para poder subsistir yo mismo. Éramos una familia de bajos recursos y el dinero a veces no alcanzaba para mucho, me tocó trabajar en tu casa Javier, con tu papá, o en lo de tus tíos Beto y Marcial, y esto fue hasta alrededor de los 16 años.
—¿Qué recordás de tu infancia?
—Por lo general en mi infancia siempre fui un niño tranquilo y trabajador, se daban instancias en las que era travieso con mi hermana Stela, para mí era costumbre sacarle la silla cuando se fuera a sentar y terminaba con un guantazo de mi madre, pero sabía que solo lo hacía por corregirme, pero en el fondo igual se reía. También recuerdo juntarme con mis amigo Orlando Oroño con vos y con tu hermano Gustavo a jugar a la pelota paleta.
—¿A qué edad te fuiste del campo?
—En 1979 partí a Buenos Aires, donde arrendaba con mi hermana Stela. En 1982 me fui a Puerto Belgrano ya que me tocó realizar el servicio militar en infantería de marina y me mantuve ahí hasta 1984, luego regresé a Buenos Aires hasta 1990, allí decidí irme a Chile hasta 1992 que fue cuando regresé a la Argentina. En Buenos Aires estuve trabajando hasta 1998 que me fui definitivamente a Chile en 1998.
—¿Por qué elegiste Chile?
—Elegí Chile porque alrededor del año 1997 la economía de Argentina estaba pasando por una crisis, y daba la casualidad de que en Chile se estaba produciendo el crecimiento laboral y económico, además teníamos la facilidad de que mi actual esposa era chilena y teníamos a dónde llegar.
—¿Cómo fue el proceso de llegar a un lugar desconocido?
—Fue difícil, porque tuve que acostumbrarme a una cultura diferente
—¿Cómo subsististe?
—A mi llegada a Chile fuimos albergados por mis suegros, en ese tiempo yo ya tenía dos hijos: Luciano y Noelia, los dos nacidos en la Argentina, años atrás había aprendido el oficio de carnicero y eso me dio la facilidad de conseguir un trabajo en Chile. En este país no es frecuente encontrar a carniceros de oficio, el carnicero argentino tiene más posibilidades, ya que tiene más conocimiento de la carne, y gracias a esto no me fue difícil encontrar un trabajo.
—¿Qué hacés ahora?
—Estoy a cargo de una cadena de carnicerías.
—¿Cómo se compone tu familia?
—Sigo con mi esposa, a la cual conocí en Argentina, con ella tuve dos hijos Luciano de 28 y Noelia de 19, Luciano convive con su pareja Paulina de 29 con la cual tiene un hijo, y Gabriel es mi nieto de 5 meses.

El trabajo en la empresa
—¿Cómo es hoy tu trabajo?
—Con respecto a lo que me preguntabas de la carnicería, estas carnicerías tienen un dueño, yo solo estoy a cargo como el administrador, me encargo de abrir y cerrar el local, de recibir los pedidos, en pocas palabras yo las manejo. Y gano aproximadamente 2.000 dólares.
— ¿Pensás regresar a vivir nuevamente a la Argentina?
—En realidad ese es el sueño de todo extranjero, volver a tu país, a tus raíces, volver a ver a mi familia con la misma frecuencia de antes; pero ya es difícil cuando tienes formada una familia, tenemos una vida estable acá en Chile, mi señora y yo tenemos un buen trabajo que nos da un sustento para una vida digna y sin preocupaciones. Mi hijo mayor ya formó su familia, y mi hija está estudiando en la universidad. Volver sería como empezar de cero nuevamente.
—¿Qué pensás de la Argentina hoy?
—Si lo vemos de una parte sentimental sigue siendo el país de mis raíces, pero si lo veo de una forma más política o económica, tiene fallas como la mayoría de los países.
—¿Y de Chile, qué nos decís?
—Lo veo como el país que me ha dado la oportunidad de surgir, como hombre, como padre de familia, como trabajador. Me han dado voz y voto en este país, y eso lo aprecio.
— ¿Se te hizo difícil ingresar a la sociedad de Chile?
—No, porque afortunadamente tuve siempre a mi familia que me apoyó. Tuve la suerte de encontrarme con las personas correctas que valoraban mi trabajo y mi esfuerzo y eso me facilitó mucho mi inserción en esta sociedad.
—¿Vas a morir en Chile?
—Es una pregunta bastante ambigua, no sé lo que me depara la vida y la verdad no me preocupa y no lo he pensado, moriré donde tenga que morir, en el lugar que sea.
— ¿Te da tristeza o melancolía ver poco a tus familiares en el campo, en Entre Ríos?
—Sí, intento ir lo más que puedo, pero de igual forma me da mucha tristeza perder momentos o celebraciones familiares, sobre todo perderme momentos con mi mamá que ya es de edad avanzada, ya me perdí de disfrutar varios años con mi padre que ya no está y que fue un golpe muy duro su muerte. Da impotencia saber que estoy a miles de kilómetros de distancia y que situaciones así pasen cuando yo estoy tan lejos, me provoca un millón de sentimientos.
— ¿Económicamente cómo estás?
—Me considero una persona estable, tengo lo justo y necesario para vivir y mantener a mi familia.
— ¿Le recomendarías a alguien vivir en Chile?
—En estos momentos considero que no sería una buena idea venir a vivir, específicamente en Santiago de chile, que es la capital, en donde vivo, porque hoy en día es una ciudad tan sobrepoblada de extranjeros, lleva a que las oportunidades de trabajo y de establecerte sean escasas. Está llegando tanta gente a Chile que están construyendo departamentos por todos lados, y lamentablemente son humillantes los sitios, la gente casi vive hacinada, los medios de transportes se colapsan y considero que solo las personas con suerte pueden venir a vivir acá. Pero si hablamos de otras regiones del país, son lugares que están llenos de oportunidades de surgir.
— ¿Te maltrataron en Chile por ser argentino?
—No, lo más cercano a maltrato que pude vivir de parte de los chilenos son los momentos en los que juegan los partidos de fútbol, pero siempre son burlas inofensivas, el hecho de haber perdido dos finales es realmente vergonzoso, pero todo lo tomo con diversión.
— ¿Con el paso del tiempo te considerás chileno?
—Soy, seré y moriré siendo argentino, el que viva en Chile no influye en mis sentimientos con respecto a mi nacionalidad
—¿En qué parte de Chile vivís?
—Santiago de chile, específicamente en la comuna de estación central.
— ¿Qué extrañas del campo y de la Argentina?
—Extraño las costumbres del campo, extraño la naturaleza, la tranquilidad, a mi familia, las comidas de mi madre.
— ¿Qué cosas del campo hacés en Chile?
—Tomar mate, hacer asados, escuchar folclore argentino, en ocasiones cuando se juntan familiares bailamos chamamé, y de vez en cuando cocino comidas que son de allá.

Atención con la soberbia
—¿Qué te gustaría contarles y decirles a los entrerrianos?
—Quizás este mensaje sea más para la gente que quiere experimentar y probar suerte en otros países. Solo decirles que la vida como extranjero nunca es fácil, a mí me tocó la suerte de tener a mi familia siempre a mi lado, pero hay otras personas que vienen solas y se les hace más difícil. Solo decirle que nada es imposible, que si tienen esta pequeña idea de salir de su país a uno desconocido para probar suerte, que no tengan miedo, la vida es igual allí o en cualquier lugar, debes siempre ser consciente de que al lugar que vayas debes trabajar si quieres surgir, y si tienes sueños más grandes debes esforzarte más, intentar adecuarte a la cultura de ese país, no ellos a ti, y lo más importante que considero es ser humilde, si llegas con aires de grandeza a un lugar donde nadie te conoce siendo de otro país, te garantizo que no tendrás una estadía agradable.

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