La Provincia
Viernes 07 de Octubre de 2016

Con esfuerzo, más curas luchan contra el flagelo de las drogas

En Paraná hay sacerdotes que sostienen un férreo compromiso social. Este año crearon la Asociación Lázaro para brindar contención

Mientras se barajan diversas hipótesis en torno a la muerte del cura Juan Viroche en la provincia de Tucumán, quien había denunciado el avance de las drogas y la violencia en la zona, crece el debate sobre el rol que deben tener los referentes de las parroquias frente a esta flagelo, que afecta a miles de jóvenes en el país y cercena sus proyectos de vida y los de sus familias.
Si bien se trata de una problemática sumamente compleja, hay sacerdotes que no evaden esa cruenta realidad y toman el compromiso de ayudar a quienes son víctimas de las adicciones, con los recursos de los que disponen. "Hay curas que tienen mucho compromiso concreto con su barrio, con las familias, con los problemas que genera la delincuencia o la falta de alimentación. Aunque quizás la labor del sacerdote está un poco desprestigiada por varios motivos, para mucha gente su figura sigue siendo muy valorada, sobre todo en los lugares donde existe este compromiso con las necesidades de las personas, donde los párrocos no solo asisten sino que también buscan caminos para que las familias aprendan a remarla y puedan salir adelante", señaló a UNO el padre Mario Taborda, a cargo de la parroquia de Bajada Grande. A su vez, destacó que en algunos lugares la realidad social demanda un involucramiento, una cercanía y un diálogo constante con la gente. "Nos toca compartir con los chicos que tienen problemas. A veces algunos están fumando un porrito y hasta me ofrecen. No acepto porque no necesito eso", indicó el cura, que además es capellán en la Unidad Penal Nº 1 y convive con realidades donde la vulnerabilidad social y la falta de contención suele ser moneda corriente.
"A las drogas que de alguna manera producen menos daño, las consume gente con cierto poder. Generalmente la muchachada humilde fuma porro y si alguien llega a tener ciertos accesos a drogas más fuertes, hay que preguntarse cómo adquirió los medios para comprarla. Y en eso el tema de delincuencia y la droga van de la mano", analizó el sacerdote, y opinó que "es muy fácil adquirir la droga y es muy difícil de controlar". En este sentido, sostuvo: "A veces uno se sorprende cuando advierte que viene de personas y de ámbitos que no imaginaba".
Para contrarrestar esta realidad, contó que en la medida que pueden, los sacerdotes derivan a jóvenes con problemas de adicciones a la Asociación Lázaro, un hogar que creó un grupo de religiosos y de laicos hace unos meses con el fin de brindarles un tratamiento para que puedan recuperarse. "Los jóvenes viven ahí. En este momento debe haber unos 10 muchachos que llegan a partir de las preocupaciones de los párrocos de las distintas comunidades donde se dan situaciones de este tipo, que si bien uno no las puede resolver, sí puede procurar acompañar convenientemente, convenciendo a ese o esa joven con problemas de adicciones para que vaya a ese lugar y brindándole los medios".
La Asociación Lázaro funciona en calle Salvador Caputo 1153. "Trabajamos en un real compromiso para intentar contener a los hermanos excluidos en situación de calle, víctimas de las adicciones, ayudando al Estado en su tarea y siendo portadores de fe y esperanza, mediante una obra de caridad y una vida evangélica", explican en su fanpage y especifican: "La Asociación Lázaro busca rescatar a los que pidan ayuda, integrarlos a la comunidad".
"Ahí la persona tiene que asumir que va a seguir una conducta muy disciplinada, donde tiene que hacer un corte total con todo consumo, incluso con todo lo que lo estimule, lo excite y lo altere. Debe tener una vida ordenada. El predio es un terrenito de una hectárea donde trabajan la tierra, ya que es muy importante el contacto con la naturaleza. Se hacen huertas, se crían animales como gallinas o conejos. Hay algún trabajo de carpintería y aprenden algo de mecánica", comentó Taborda, y aclaró: "En la casa no hacen atención psiquiátrica, sino que los llevan al Hospital Escuela, con el que tienen un convenio".
"La evolución de cada uno de los chicos es según sus posibilidades. Algunos tienen buen entorno familiar, otros no tanto. Hay casos que no aguantan y se escapan, pero se les da varias oportunidades. Se les habla mucho, pero hay casos donde hay un hábito tan adquirido que tuerce esa dimensión espiritual que es la voluntad", manifestó.
A su vez, contó que el tratamiento en la Asociación es gratuito y que la obra se sostiene con el trabajo de voluntarios, con el aporte de padrinos y con donaciones. Al respecto expresó: "Tenemos un voluntariado donde hay sacerdotes que colaboran. La labor fundamentalmente está a cargo del padre José Barreto, que es el párroco de la iglesia Cristo Peregrino; y el que coordina todo es un hombre que es candidato a la consagración a Dios en el diaconado permanente, quien fue empleado de la fundación Ave Fénix, que antes desarrollaba sus tareas en este lugar, y que renunció a su sueldo y vive junto a los muchachos de la providencia del buen Dios. Esta persona tiene esa custodia permanente del lugar, que nosotros valoramos mucho y tratamos de apoyar".
Por último, reflexionó: "Si bien en la iglesia no podemos resolver el problema de la droga, podemos acompañar algunos casos, y esta es una pequeña pero concreta respuesta".
Quien desee colaborar con esta obra, puede contactarse a través de Facebook: Asociación Lázaro. También pueden comunicarse con el padre José Barreto llamando al celular (0343) 154721967; o con Jorge Achor: (0343) 154530424.

"A la droga la anima el espíritu del facilismo"
Sobre la muerte dudosa del padre Juan Viroche y la posibilidad de que haya sido asesinado por haber denunciado el avance de las drogas en la provincia de Tucumán, reflexionó: "Murió muy joven y es muy triste la impunidad. Pero quizás la falta de organización pastoral y de una política definida de la Iglesia en un tema tan delicado, tan urgente y tan actual, que toca todas nuestras situaciones, hacen que un sacerdote esté un poco solo enfrentándose a estas situaciones, con cierta firmeza y audacia que tal vez raya con la imprudencia". En este sentido, expresó: "La política de la Iglesia es la pastoral. Somos pastores en el pueblo de Dios y nuestro servicio a lo comunidad se da en realidades diferentes, según donde nos toque. Y el cura ve el sufrimiento y sufre con la gente, ve a los padres destrozados y al tipo adicto que se está quemando la existencia y que podría ser una persona útil y feliz, con un proyecto de vida, pero no puede lograrlo porque está incapacitado. Entonces el sacerdote mira a su entorno eclesiástico y no siente el suficiente apoyo y acompañamiento, pero se plantea que no puede ser indiferente y a veces el compromiso se ejerce sin la suficiente contención, y el aislamiento hace que nos expongamos a veces innecesariamente".
"Creo que es necesario involucrarse, lo que discutiría es el modo. La Florida es un pueblito y en esos ámbitos, más en una provincia tan religiosa como Tucumán, un cura es un personaje que tiene un peso importante y su palabra es muy tenida en cuenta, por eso provoca tanta conmoción. Se puede hacer el trabajo sin necesidad de ir contra el poder de la droga", dijo, y agregó: "Lamentablemente trabajamos con los emergentes porque los que proveen la droga son intocables, no sabemos quiénes son; tienen poder, impunidad y protección. Entonces tenemos que ir a lo concreto: ver cómo acompañamos a las familias y también cómo ayudamos a crear contención a los muchachos".
Por último, opinó: "Para cambiar un poco esta realidad tendríamos que ir volviendo a los viejos conceptos de las parroquias, que actuaban también como un club donde se jugaba al pool o al fútbol, se aprendía boxeo o karate, además de ir a misa. Además hay que rescatar la labor de los clubes de barrio, porque hoy en día en la casa los padres están afuera trabajando y hay mucha libertad y sobre todo mucha soledad. Ese es un gran desafío de la sociedad, porque el tema de la droga no es el mal en sí mismo, sino que hay un espíritu que anima la droga y es el del facilismo, donde hay falta de estima y de valor de lo que cada uno es como persona", concluyó.

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