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Jueves 24 de Marzo de 2016

Con Coco los torturadores se ensañaron porque era un cuadro

Militante. Manuel Ramat y Gloria Tarull recordaron la militancia universitaria de Victorio Erbetta, que comenzó a trabajar cerca de los más humildes en la Acción Católica Catedral de Paraná. Luego siguió ayudando en los barrios y estuvo cerca de Elsa Díaz en la creación del Sindicato de Empleados Públicos de Entre Ríos.  

De la redacción de UNO
Por Juan Manuel Kunzi | jkunzi@uno.com.ar


Victorio Coco Erbetta permanece desaparecido desde el 23 de agosto de 1976 cuando, según las declaraciones de los testigos en la Causa Área Paraná, fue torturado hasta que el corazón dijo basta. Su secuestrador, el policía federal Cosme Ignacio Marino Demonte, está pagando con cadena perpetua en la cárcel de Paraná. 
Para escribir sobre el trabajo social que realizaba en los años previos a su desaparición me encontré con Manuel Ramat. Mi mamá, Silvia, la hermana más chica de Coco, me aconsejó que destaque “cómo ayudaba a los pobres, a los que no tenían nada”. 
Cuando lo llamé a Manuel me cortó el teléfono. Después de varios intentos me atendió, se disculpó porque estaba en el medio de un panel sobre Derechos Humanos pensados para la educación en las cárceles.  
Charlamos unos minutos vía celular y como algo ya sabía quedamos en encontrarnos al otro día. A las 10.30 me estaba esperando en la puerta del bar que está en la esquina de San Martín y España. Tenía pinta de cineasta de trinchera: camisa verde mangas largas, bermudas con bolsillos a los costados color marrón claro, mucho pelo blanco peinado con la raya al costado y ojos claros. Lleno de vida lo encontré al hombre que, al igual que Coco, soportó las peores torturas imaginables. 
“Después que me secuestran,  me llevan detenido a la comisaría de El Brete. Me ‘blanquean’  y trasladan a los calabozos de Comunicaciones. En ese momento tomé contacto con otros compañeros y ellos me cuentan que lo habían matado a Coco. Se decía que como caían compañeros constantemente a los calabozos, él desde la ventana de la celda los alentaba para que resistieran las torturas. Trataba de levantarles el ánimo. Parece que esta actitud los llevó a ensañarse aún más a sus torturadores”, calculó Ramat, que conoció a Coco a mediados de los años 60, cuando militaban en la Acción Católica.  
¿Era un cuadro político para vos? le pregunté con los ojos que me ardían de tantas lágrimas. Es que me había quedado pensando, mientras lo escuchaba, en todos los frentes que Coco tenía abiertos al mismo tiempo y que algún día voy a reconstruir. 
Manuel me habló de Hernán Pirro que seguro me podía contar algo interesante de los últimos años en la Facultad de Ingeniería. En las declaraciones que quedaron en la causa Área Paraná, mi tío Joe, el hermano más grande, lo nombró a Pirro porque fue el que llamó a mi abuela Nachi, el 13 de agosto de 1976, para contarle que a Coco se lo habían llevado detenido. 
En la mesa ubicada en el fondo del bar, entre la ventana y la barra, fue la primera vez que escuché la versión de que Coco podría haber preparado su entrega en el decanato de la Facultad de Ingeniería que estaba en la órbita de la Universidad Católica. 
“Era un cuadro (político) con mucho compromiso. Tenía muchos años de trabajo barrial con los grupos progresistas de la Iglesia. Organizó la lucha para que la Universidad pasara a la órbita del Estado. Cuando analizaron el papel que desempeñaba, quizás se ensañaron un poco más, era un compañero que estaba muy comprometido”.
En la diaria, Manuel lo destaca como un muchacho que hacía muchos chistes “que tenía un espíritu para pelear en los momentos difíciles. Me imagino que la decisión de quedarse al frente del Centro de Estudiantes, cuando ya detenían de manera sistemática, tiene que ver con su compromiso”. 
La primera vez que se vieron fue en 1964, en un encuentro de la Acción Católica Catedral.  “Él siempre tuvo una fuerte vinculación con la Iglesia”. Se volvieron a ver las caras después de La pelea de la Escuela Hogar que se generó en 1971, calculó Ramat que enseguida describió el momento histórico para la militancia paranaense.  La provincia en ese momento estaba intervenida por el brigadier Ricardo Favre, que ocupó la Gobernación de Entre Ríos hasta 1973. Quisieron transformar la Escuela Hogar en un Liceo Naval y apropiarse de los terrenos del barrio Consejo para entregarlos a los suboficiales. 
Esa “injusticia” los movilizó y salieron a las calles. Conocieron al padre Roberto Croce y con sus compañeros de la facultad  tomaron una definición por el peronismo y  fundaron en la provincia la Juventud Universitaria Peronista que nació en la Universidad Católica. 
En la segunda camada de estudiantes que se suman a la agrupación, Manuel  volvió a tener contacto con Coco.  En 1974 ganaron todas las universidades de la región y la conducción de la JUP intensificó el trabajo barrial que llevaban adelante con la Juventud Peronista (JP). 
En 1975 después de la muerte de Ramón Pichón Sánchez “nos empiezan a buscar a varios”, marcó Ramat que destacó el trabajo de Coco por los derechos de los estudiantes y los viajes que realizaba en un fitito con Elsa Díaz militando para fundar el Sindicato de Empleados Públicos de Entre Ríos. La Flaca Díaz fue asesinada el 19 de agosto de 1976 a los 28 años, por la dictadura militar en la provincia de Santa Fe.
En la Facultad 
La profesora Gloria Tarull después de contar la historia que vivió antes y durante el golpe cívico militar en la Facultad de Ciencias de la Educación, mientras me hablaba de Coco, volvió a nombrar a Elsita Díaz.
Fui convencido y le pregunté qué imagen tenía del Coco: “Un cuadrazo”, me respondió la mujer que hacía cinco minutos me había impactado con su lucidez para hablar sobre temas tan difíciles frente al puñado de estudiantes.  

> Testimonio. En la producción Ausencias del fotógrafo entrerriano Gustavo Germano, Coco aparece en una foto junto con Zulema y Delia Calleja, Elsa Díaz, Carao Godoy.
“Pertenecíamos a distintas universidades, pero a la misma agrupación. Se hacían encuentros interfacultades, debates, compartíamos días enteros de discusión y trabajo. Además lo veía a Coco cuando nos encontrábamos con su círculo más íntimo por aquellos días. Los dos nos estábamos formando. Él era muy reflexivo, muy político, muy comprometido. Nosotros lo escuchábamos mucho. Era un líder a seguir, era convocante. Nos movilizada. Estaba anticipando  en muchas cuestiones. 
Su definición de “cuadrazo” la respalda  en “la formación política que nos daba a nosotros. Era un claro cuadro político. Tenía llegada, era un líder. Su relación afectiva hacía que lo admiráramos, era nuestro referente, un orador, nos convocaba, nos formaba, reflexionábamos sobre lo que nos decía. Era un claro cuadro político, tenía llegada, era un líder. Un cuadro a seguir muy convocante, claro”. 
Coincide con Manuel en describirlo como “un compañerazo formado política e ideológicamente, sensible a lo que estaba pasando. Un trabajador barrial como pocos, comprometido, querido. Era un referente calificado.  Muy alegre, que te estimulaba, siempre  tenía una palabra de aliento. Tenía la capacidad de llegar al otro, de comprender, quería ayudar en todo. Todo esto lo hacía grande, porque era un grande”.
La charla con Gloria fue en la mesa de las computadoras del hall del nuevo edificio de la Facultad. Mientras que los integrantes de La Colectiva cantaba en contra del Golpe y el televisor tenía el volumen altísimo en un programa sobre deportistas desaparecidos que estaba dando el canal Encuentro. 
En la muestra Ausencias, del fotógrafo entrerriano Gustavo Germano, Coco aparece en una foto junto con Zulema y Delia Calleja, Elsa Díaz, Carao Godoy. 
La cartilla de presentación de la obra que recorrió buena parte del mundo, dice:  Victorio José Ramón nace el 10 de agosto de 1949 en Goya (Corrientes). Como militante cristiano de Acción Católica conocerá a monseñor Servando Tortolo, arzobispo de Paraná (Entre Ríos). Muy pronto se implica en actividades barriales. Estudia Ingeniería Electromecánica en la Universidad Católica Argentina y milita en la Juventud Universitaria Peronista. Fuma bastante, y aunque no le gusta el deporte, sí le gusta bailar chamamé. Lo eligen presidente del Centro de Estudiantes. Un 16 de agosto de 1976 efectivos de la Policía Federal se presentan en el Vicedecanato de la Facultad preguntando por él. Al cabo de pocos minutos es montado a un coche patrulla. Pasará la noche en la Delegación de Paraná de la Policía Federal. A la mañana siguiente lo trasladan al centro clandestino de detención del Escuadrón de Comunicaciones Blindados II del Ejército. Su madre intenta buscar la intermediación de monseñor Tortolo, quien se niega a recibirla. El 23 de agosto Victorio -entre golpes e insultos- es sacado por última vez de su celda. Va encapuchado y maniatado. Nadie lo vuelve a ver. La versión oficial del Ejército cuenta un intento de fuga.

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