A Fondo
Martes 09 de Febrero de 2016

Como si un número les aliviara la pena

Gerardo Iglesias / De la Redacción de UNO
giglesias@uno.com.ar


No podía faltar. Es un clásico y se veía venir. En medio del festival conservador que se apropió del país aparecieron las voces a cuestionar cifras. La aceitada maquinaria de la derecha “conserva” se mueve a la perfección. Primero sale un funcionario menor, proveniente de la cultura que ellos dicen tener, luego los viejos diarios conservadores acentúan en sus editoriales el tema. Y culminan con los nuevos tanques de pensamientos, surgidos desde una izquierda liberal pero que terminaron en voceros de los conservadores actuales. 

Así, el número de 30.000 desaparecidos vuelve a cuestionarse y con esto, a toda la etapa de represión militar (acompañadas por civiles claro) que padeció la Argentina del 76 al 83.  Instalan la discusión en un número, como si esa fuera la razón de todo, como si un número menor los exculpara o al menos, les aliviara la pena. Fueron asesinos, así haya sido uno solo el desaparecido. Fueron asesinos porque pusieron en marcha la maquinaria del Estado para aplicar el terror, mientras dictaban reglas económicas muy parecidas a las actuales.

Y de esos números, los “pícaros periodistas independientes” pasan, sin escalas, a la vieja teoría de los dos demonios, trayendo otra vez el fantasma de los Montoneros, de la guerra sucia, de los muertos en enfrentamientos, de la obediencia debida. Y de tantos “peros” que han instalado a lo largo de décadas sin poder mellar la conciencia de la gente común, que fue –y es- la que padeció aquel régimen. 

Ahí andan por estas horas, los pesos pesados del conservadurismo argentino prendidos de la triste declaración de un funcionario menor del actual gobierno (exfuncionario del gobierno que terminó en la peor crisis de 2000, huyendo en helicóptero). Buitres al acecho del menor indicio que les posibilite una revancha de lo que perdieron y no podrán lograr jamás, la aprobación de la gente de sus acciones. 

Las marchas, los recuerdos permanentes, la presencia de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y los innumerables defensores de los derechos humanos son la presencia que los frena, los interpela y les recuerda que no se dará ni un paso atrás en este tema. 

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