A Fondo
Lunes 09 de Febrero de 2015

Comer, remar, amar

Vanesa Erbes / De la Redacción de UNO
verbes@uno.com.ar

 


Hace poco vi la película “Comer, rezar, amar”, en la que Julia Roberts encarna a una mujer que busca recuperar su capacidad de asombro y viaja por el mundo para redescubrirse y encontrar su verdadero yo.


Si bien la mayoría de nosotros seguramente no cuenta con los recursos suficientes para poder viajar por el mundo, sobre todo después de que la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) implementó la Percepción 3.550 a fines de 2013, que adiciona un 35% más a las compras que se hacen sobre pasajes y demás consumos en el extranjero, cada uno tiene a disposición un montón de alternativas cercanas que le permiten redescubrirse.


En este sentido, en una ciudad como Paraná se pueden hallar muchos mundos distintos sobre los cuales darse una vuelta. Entre ellos, el río instaura una cultura propia que bien vale la pena conocer. Y la Escuela de Canotaje, Expedición y Natación en Aguas Abiertas (Ecenaa) cumple un rol muy importante en esta aspecto. Se trata de una institución que nació en 1984, cuando junto a un grupo de jóvenes comenzaron a gestar el proyecto de unir a remo, en canoas canadienses, las ciudades de Brasilia y Buenos Aires, navegando el río Paraná desde su naciente.


A esta expedición, que se realizó un año después en conmemoración del año internacional de la juventud, se la denominó Pacis Nuntii, que en latín significa mensajeros de paz.


En la actualidad, la Ecenaa promueve valores deportivos y humanos, y constituye un espacio de recreación y de encuentros. Allí no solo se aprende a remar, sino que se comparten vivencias singulares, como la de este fin de semana, en la que un grupo de palistas emprendieron una travesía de 25 kilómetros desde el parque San Martín hasta Paraná, de noche, bajo la luz de la luna.


Si bien es una experiencia que se realiza hace años en la capital provincial, es la primera vez que se suma tanta gente: fueron un total 70 personas que en 40 embarcaciones unieron ambos puntos. Se trata de un logro de la actual comisión directiva, que se animó a extender el cupo de inscriptos para que más gente pueda disfrutar de las sensaciones que este itinerario propone.


El clima acompañó y a la madrugada un café caliente, unos mates, unas facturas compartidas en una de las islas que emergen en el trayecto sirvieron para reponer energías y esperar el alba.


Sin dudas la satisfacción de quienes participaron expresa una tradición que solo es posible en una ciudad como Paraná, con su río, sus arroyos y sus paisajes privilegiados.


Y es este río el que nos confiere una identidad particular. Cuidarlo y enseñarle a las nuevas generaciones a querer y proteger este recurso es una responsabilidad colectiva y se requiere del compromiso de todos.


Instituciones como la Ecenaa cumplen muy bien esta labor y generan espacios de encuentros cotidianos que impulsan a redescubrir un sentido de disfrute que a veces suele perderse en la vorágine de las responsabilidades y obligaciones cotidianas. Felicitaciones a quienes sostienen este proyecto.

 

 

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