Mauricio Macri
Lunes 22 de Agosto de 2016

Cirugías

Hace menos de un año, durante la disputa electoral, el macrismo acuñó la denominación "campaña del miedo" para contrarrestar las acusaciones contra el programa que llevaba entre manos la alianza Cambiemos. Esa campaña se proponía, según los que finalmente ganaron los comicios, asustar a la población haciéndole creer que Mauricio Macri llevaría adelante un ajuste salvaje que haría que muchos perdieran su trabajo o cayeran en la pobreza.

Había también quienes sostenían que Macri y sus socios forman parte de una nueva derecha, más democrática y humana que las anteriores, que llevaría adelante su plan neoliberal sin la agresividad que tuvo, por ejemplo, el menemismo. Que haría una "cirugía mayor con anestesia", en lugar de la operación sin calmante alguno que en los 90 significaron las privatizaciones, el endeudamiento externo, la destrucción de puestos de trabajo y toda la política económica de la época.

Entre esas dos posturas giraba el debate crítico sobre cómo actuaría el nuevo oficialismo; no tanto sobre cuál sería la orientación de sus políticas, sino sobre el modo en que las llevaría adelante: con gradualismo o con topadora.

Ocho meses de gobierno es poco tiempo para analizar si tenían razón los primeros o los segundos. Lo que sí es claro es que, con o sin anestesia, el Gobierno avanza en la dirección que ambas corrientes de opinión señalaban: la prioridad es la producción primaria, aunque genere poco empleo y con salarios bajos, lo cual explica la megadevaluación y la quita de retenciones al campo y a las mineras; las inversiones vendrán del exterior porque se les paga a los fondos buitre y se da la bienvenida a las misiones del Fondo Monetario Internacional; los incentivos al consumo para que este cumpla su rol como motor de la economía son considerados "ilusiones", que le hacen creer al ciudadano medio que se puede comprar un televisor o irse de vacaciones; lo mismo que los subsidios para pagar la luz o tomar el colectivo; la apertura de las importaciones es un hecho, aunque eso golpee a la industria nacional; y, en definitiva, el esfuerzo lo deben hacer los trabajadores con el recorte de sus salarios (aumentos acordados por debajo de la inflación) y con incrementos irracionales de las tarifas de los servicios públicos.

Por otro lado, se decidió mantener cierta red de contención social, aunque no tengan nada que ver con la ideología de quienes están ahora en la Casa Rosada, por ejemplo la Asignación Universal por Hijo, el programa Precios Cuidados y los planes del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación que implementó el kirchnerismo y que, aunque está en duda su continuidad, hasta ahora no han sido dados de baja. Hasta el momento tampoco han regresado las AFJP y las empresas nacionalizadas no han vuelto a ser privatizadas.

Aunque el tiempo transcurrido es poco, los bolsillos flacos de los asalariados y los despidos a gran escala hablan por sí solos. Se puede decir, siendo generosos, que o hubo un "error de cálculo" del anestesista o que el cirujano carece del pulso necesario para hacer una intervención quirúrgica sin poner en riesgo la vida del paciente. Aunque es poco el tiempo, lo que está claro es que el médico decidió operar y eso, con más o menos dolor, lleva al mismo destino de pobreza, desempleo y exclusión.

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