Espectaculos
Lunes 06 de Julio de 2015

Cine en el Círculo Odontológico

El miércoles en Paraná, con entrada gratuita, se proyectará Las acacias, del argentino Pablo Giorgelli

Multipremiada en todo el mundo, la película nacional Las acacias, opera prima del director Pablo Giorgelli, emociona por y desde su sencillez. Podrá verse en la función de este miércoles, a las 20.45, en el Círculo Odontológico de Paraná (Corrientes 218), con entrada libre y gratuita.

La historia, o la excusa para que Giorgelli se aboque a la presentación de Rubén y Jacinta, es un viaje. Rubén es chofer de un camión, y su cliente le pide que, además de transportar troncos de acacias desde Asunción hasta Buenos Aires, lleve a Jacinta y a Anahí, la beba.

El título de la película no parece ser caprichoso. No solo tiene que ver con lo que se transporta en el camión, sino que sus características parecen identificar tanto a lo transportado como al transportista. Las acacias, los árboles, tienen la particularidad, en algunas de sus especies, de poseer espinas en su tronco o de emanar una sustancia tóxica que actúa como mecanismo de protección. Pues bien, la hosquedad que excede al mero carácter solitario que evidencia Rubén se condice con la sustancia que conforma la carga.

Algunos dirán que  Las acacias es una road movie. Pero en ellas los personajes llegan al final siendo otros, habiendo crecido en el transcurso del viaje. Parten de una manera y arriban de otra. Aquí, no. Rubén y Jacinta son los mismos -la esencia no cambia-, lo que sucede es que se abren, mostrando todo aquello que por un buen rato fueron retaceándose uno al otro, en uno de los acertados manejos del guión de Giorgelli.

Premiada en cuanto festival fue invitada (Cámara de Oro en Cannes, más otros galardones en Londres, San Sebastián y Biarritz, entre tantos otros), la película tiene algunos simbolismos primarios -el encierro en el que están los personajes en la cabina del camión, y la infinidad del paisaje que recorren-.

No hay subrayados innecesarios, palabrerío superfluo. El filme emociona por y desde su sencillez. Si ambos son solitarios y están atravesando etapas difíciles, con fracasos sobre sus espaldas, la cámara estará allí, acompañando, escudriñándolos, pero no interrogándolos. 

Es tanto lo que nos dicen Rubén y Jacinta con sus miradas que los sentimientos nos llegan sin que se necesite que los personajes lo verbalicen. Si a veces menos es más, Las acacias hace de ese axioma su razón de ser.

 

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