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Viernes 20 de Noviembre de 2015

Cinco elecciones debieron definirse por balotaje en América Latina durante el último año

Dilma Rousseff en Brasil, Sánchez Cerén en El Salvador, Juan Manuel Santos en Colombia, Tabaré Vázquez en Uruguay y Luis Guillermo Solís en Costa Rica triunfaron en las recientes segundas vueltas del continente.

Cinco elecciones se definieron por balotaje en América Latina durante 2014, y en cuatro de ellas las fuerzas políticas oficialistas se impusieron en el marco de comicios en los que las preferencias de los electorados fluctuaron modificando los resultados finales entre la primera y la segunda vuelta.
El 25 de octubre del año pasado, la presidenta brasileña Dilma Rousseff, candidata por el Partido de los Trabajadores, logró la reelección con el 51,64% de los votos y se impuso ajustadamente sobre su rival Aécio Neves, postulante por la socialdemocracia, que obtuvo un 48,36%.
En la primera vuelta, celebrada 20 días antes, la mandataria había alcanzado el 41,59% de los sufragios y Neves sumó 33,55%, y la ambientalista Marina Silva, a quien los sondeos marcaban como favorita, cosechó un 21% de las voluntades. El magro resultado logrado por Silva, quien ocupaba el lugar del fallecido Eduardo Campos, constituyó la gran sorpresa de la primera vuelta, en función de las expectativas que los encuestadores cifraron en la candidata.
Los analistas de opinión tampoco acertaron de cara al balotaje, ya que en esa instancia, los principales relevamientos pronosticaron un triunfo de Neves, algo que tampoco ocurrió.
Si se trata de resultados ajustados, la contienda electoral desarrollada en El Salvador en febrero y marzo del 2014 constituyó uno de los comicios más parejos de la historia de América Central. En la primera ronda, el candidato del oficialista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (una fuerza guerrillera devenida en partido político), Salvador Sánchez Cerén, se impuso a su adversario de la derechista ARENA, Norman Quijano, por más de 10 puntos porcentuales.
Sin embargo, en el balotaje, la diferencia entre ambos se redujo sensiblemente, y Sánchez Cerén apenas logró un triunfo por poco más de 10.000 votos, un 0,22% de los casi tres millones de sufragios.
En mayo de 2014, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, consiguió la reelección a pesar de perder en la primera vuelta en el contexto de una compulsa muy reñida. El jefe de Estado colombiano recibió el 25,69% de las adhesiones en las elecciones que se concretaron el 25 de mayo del año pasado, y se ubicó por detrás de Óscar Iván Zuluaga, el postulante opositor que contaba con la bendición del ex presidente Álvaro Uribe, y que ocupó el primer lugar con el 29,25% de los sufragios.
En los comicios de segundo turno, celebrados el 15 de junio, Santos recibió el aval del 51% de los electores y su adversario trepó hasta un 45%, pese a que eran varios los sondeos que auguraban un éxito opositor.
En el balotaje celebrado en Uruguay, en noviembre pasado, Tabaré Vázquez, postulante del Frente Amplio, se coronó ganador al imponerse sobre Luis Lacalle Pou, del Partido Blanco, por más de 13 puntos porcentuales y llegó a la primera magistratura del país por segunda vez.
En la primera vuelta, Vázquez le había sacado 17 puntos de ventaja a Lacalle Pou (47% a 30%) en comicios que contaron con la participación del más de 90% del padrón, una de las asistencias de votantes más altas de las últimas elecciones que se disputaron en el continente. Fue un proceso electoral en el que no hubo sorpresas en cuanto a la concreción del tercer período de gobierno consecutivo del Frente Amplio en Uruguay.
Costa Rica fue el único país de América Latina donde, al cabo de una segunda vuelta, no se verificó un triunfo del oficialismo durante 2014. En la segunda instancia del proceso electoral desarrollada el 6 de abril, Luis Guillermo Solís, del Partido Acción Ciudadana, de centro izquierda, le ganó con el 77,88% al oficialista Johnny Araya, del Partido Liberación Nacional, que alcanzó un 22,11%. En el primer turno, Solís se impuso por apenas un punto (30,64% a 29,71), sin embargo Araya consideró que no tenía chances de cara a un balotaje, puesto que los votos de todo el arco opositor se congregarían en su contra, y en consecuencia desistió de hacer campaña. 

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