Donación de organos
Viernes 30 de Diciembre de 2016

Ciencia y fe se unen de nuevo a la espera de un milagro para Franco

El adolescente oriundo de Chajarí fue el primer bebé en el país en recibir un trasplante de corazón. Ahora necesita otra oportunidad

Desde hace un mes y medio Franco Dal Molín está internado en el hospital Garrahan en Buenos Aires. Fue el primer bebé de la Argentina en recibir un trasplante de corazón, a los 8 meses. Pasaron más de 12 años desde entonces y ahora necesita un nuevo donante porque el órgano comenzó a fallar. Al respecto su mamá, Libia Gallo, señaló que recién hace cuatro meses los médicos les contaron que un corazón trasplantado dura 10 años. "Sentimos dolor, impotencia", contó a UNO y manifestó que desde la intervención, en el año 2004, el niño periódicamente tuvo que cumplir con sofisticados controles de rutina y hasta hace poco no se había reportado ningún inconveniente en su salud.

Ahora esperan una nueva oportunidad y Libia explicó que en la Argentina nunca se hizo un retrasplante: "Sería la primera vez y tenemos las mismas sensaciones que hace 12 años atrás. En ese entonces no había corazones artificiales y ahora sí, pero no pueden colocarle uno porque cuando le ponen el stent, va a la costilla y se pega quedando toda una sola cosa, y cuando se saca, hay que sacar todo", comentó.

Por ahora Franco no está en la lista de emergencia del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai), ya que está muy débil y debe recuperar peso, pero ni bien esté en condiciones lo van a incluir. "Tuvo una diarrea durante 20 días, producto de los problemas que empezó a tener en el corazón", explicó la mamá.



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A la espera de un milagro


Mientras Franco permanece internado, Libia lo acompaña las 24 horas y su papá viaja desde Chajarí a verlos cada vez que puede. La familia pasó junta la Navidad en el nosocomio y también va a reunirse mañana a recibir el Año Nuevo en un contexto hospitalario, con una mezcla de emociones que van desde la esperanza a la tristeza.

Aferrada a la fe en Dios y en las posibilidades de la Medicina, Libia confía en que llegará un nuevo milagro. Mientras esperan, contó cómo vive su hijo esta situación: "Franco está bien de ánimo. Nos pregunta si le van a poner un nuevo coranzoncito", señaló.

A su vez, destacó: "Acá los médicos, los enfermeros y los demás trabajadores del Garrahan son como nuestra familia, después tantos años. Tienen una calidad humana impresionante. Debería haber un hospital así en cada provincia. Los doctores que hacen los trasplantes son eminencias en el mundo y se sientan con nosotros, nos convidan café y nos ofrecen lo que necesitamos". En este marco, subrayó: "Estoy muy agradecida con todos ellos y también con quienes trabajan en la Obra Social del Personal de la Industria Maderera, que nos acompañan, nos alientan, nos visitan, nos preguntan cómo estamos; gracias a ellos jamás durante estos años nos faltaron los medicamentos, que salen 80.000 pesos por mes".

"Espero que Dios lo acompañe a Franco. Lo que le pido a la gente es que lo tenga presente en sus cadenas de oraciones, no importa de qué religión sean. Lo que más necesito es tener a mi hijo con vida, para seguir viviendo yo también", expresó por último, sin poder evitar que se le escapen las lágrimas.



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Una vida de constantes desafíos


Cuando Libia se planteó formar una familia, advirtió que tenía dificultades para quedar embarazada. Luego de 11 años lo logró y feliz con la noticia, no faltó nunca a un control médico para que su hijo naciera sano. Sin embargo, en uno de los estudios de rutina el médico que la atendía advirtió algo extraño. "Me dijo que veía como una grasita y me mandó a hacerme otra ecografía. El resultado fue el mismo. Pero en las provincias hay más ignorancia y por no perder a una paciente no me derivaron a Buenos Aires a hacerme otros estudios", se lamentó, y explicó: "Si lo hubiesen hecho lo podrían haber operado a través de la panza y hoy no tendríamos que estar hablando de un trasplante, porque nunca lo hubiese necesitado".

A su vez, recordó con aflicción el accionar de un pediatra que lo atendió en sus primeros meses y cuando ella le planteaba que el bebé no respiraba bien le decía que no se preocupara, que era un niño sano, con peso normal y sin problemas. "Una vez fui tres veces en el día porque lo veía mal, lo notaba como agotado, y el doctor me decía lo mismo, que dejara de preocuparme porque mi hijo era sano", rememoró.

Fue entonces que optó por visitar a otra profesional de la salud, que al atender a Franco advirtió que el pequeño tenía un problema en el corazón: "Me dijo que podía ser un soplo y le hicieron un Ecodopler. La médica estuvo dos horas con él porque no podía creer lo que veía: su corazón bombeaba y toda la sangre iba al pulmón y funcionaba la mitad del órgano", indicó Libia.

Desde ese momento todo fue desesperante: lo derivaron enseguida al Garrahan. Llegó el 6 de enero de 2004 y primero lo intervinieron para salvarle el pulmón. Le pusieron una sonda para que aumentara de peso y poder hacerle una operación a corazón abierto. En agosto le dijeron a su mamá que volviera a Entre Ríos y que en setiembre lo iban a intervenir, pero esa misma noche el pequeño sufrió tres infartos y la necesidad de una cirugía fue inminente. Pasaron varios horas, lo pudieron compensar, pero el diagnóstico no era bueno y le pidieron a Libia que llamara a su marido para que lo viera: "Me dijeron que no iba a sobrevivir y fue el peor momento de mi vida", recordó.

Franco ingresó en el listado de emergencia nacional del Incucai para esperar un corazón de alguien pequeño, de poco kilaje. Las probabilidades eran reducidas, pero finalmente apareció.

La operación fue un éxito y tras pasar todas esas instancias, la familia confía en la llegada de un nuevo milagro para Franco, quien con 13 años se aferra a la vida con más fuerza que nunca.


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