La Provincia
Viernes 21 de Octubre de 2016

Chicos de una escuela dan clases en un galpón y se recrean entre pastizales

Padres y docentes de la escuela 76 Teresa de Calcuta, de Concordia, reclaman el edificio nuevo prometido hace 10 años.

Los más de 300 alumnos de la escuela primaria Nº 76 Teresa de Calcuta, de Concordia, asisten a clases en aulas separadas por paneles de madera, en espacios muy reducidos, con escasa luz, sin calefacción en invierno y con unos ventiladores que lograron ser instalados sólo por el trabajo e interés de docentes y padres.


En caso de ocurrir un incendio u otro incidente, es muy difícil tener un plan de emergencia y evacuación. Salir al patio es sólo una simple expresión, porque los chicos se recrean en un campo lindero al galpón, cuyo dueño no mantiene ni deja cercar, un pedido de los padres para resguardar la seguridad de los chicos.

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Es un lugar de paso, y no sólo que circula mucha gente, sino que también hay carreras de caballos y prácticas de fútbol a pocos metros de los niños. Padres y docentes están cansados de reclamar, llevan 10 años pidiendo edificio propio y en buenas condiciones.


La comunidad educativa de la escuela Nº 76 Teresa de Calcuta funciona desde su inauguración, hace 10 años, en un viejo galpón de calle Lieberman y Paula Albarracín, al norte de Concordia. La edificación, antes de que fuese prestada por el Copnaf (Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia) era un hogar de niños y luego una oficina de la dependencia provincial.


Surgió a partir de la necesidad de contar con mayor cantidad de bancos en la zona, el resto de las instituciones educativas no daban abasto porque, a metros justamente de la escuela Nº 76, se instalaron villas de emergencia, familias que llegaron desde Buenos Aires o de la misma Concordia.


Durante dos años no tuvo nombre, sólo escuela Nº 76, y aunque al momento de ser inaugurada mucho se dijo de la compra de un terreno cercano donde se levantaría el nuevo edificio, pero hoy en esos lotes se levanta un plan habitacional.


Patricia González es mamá de tres alumnos de la institución y en diálogo con UNO explicó que lanzaron una campaña de información por redes sociales para que la gente evidencie el riesgo al que están expuestos a diario los chicos de la institución.


"Estamos en una zona suburbana de Concordia y mucho de los alumnos se encuentran en situación de vulnerabilidad. En la escuela se brinda el almuerzo y la copa de leche tanto de mañana como de tarde", explicó.


González resumió el largo peregrinar de padres, directivos y docentes tanto en la dirección de Arquitectura de la Provincia, como en la departamental de Escuelas local, contó sobre las notas sin respuestas, las dilaciones y la angustia de no tener, a diez años de la inauguración en un edificio precario, ni siquiera la certeza de la construcción de uno nuevo que otorgue a los estudiantes condiciones dignas para el aprendizaje.


"Cuando los chicos salen al recreo, lo hacen a un campo vecino. Es constante la circulación de personas porque es una vía de paso a la villa. Juegan al fútbol, arman carreras de caballos, largan los animales a pastar, todo en el mismo terreno donde nuestros hijos está jugando. Muchas veces el municipio nos ayuda con el desmalezamiento del lugar, pero no alcanza. Y el dueño del terreno nos dice que sólo nos permite cercar, con promesa de compra de su terreno, pero es claro que nosotros no nos podemos comprometer, no está en nuestras manos decidir eso", explicó la mamá.


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