La Provincia
Domingo 03 de Abril de 2016

Chicos cada vez más quietos y sedentarios

Déficit de enseñanza física. En Primaria solo 80 minutos semanales, y en Secundaria 120 minutos, son un insuficiente aporte frente a epidemias de salud o para la incorporación de hábitos saludables y valores de trabajos en equipo

Daniel Caraffini/De la Redacción de UNO
dcaraffini@uno.com.ar


La Educación Física fue vista en muchas ocasiones como una materia residual de la currícula escolar. Sin embargo, en los últimos años, los cambios de hábitos sociales y los problemas de salud que asoman desde la niñez obligan a replanteos en cuanto a su estrategia en las escuelas, afirman los especialistas.

Mientras la Organización Mundial de la Salud recomienda que los chicos deben tener, al menos, una hora diaria de actividad física, en la actualidad, la enseñanza escolar en la materia dista de esas estimaciones: en el nivel Primario, hay no más de dos módulos de 40 minutos por semana, mientras que en la Secundaria, dos horas en siete días.

Uno de los estudios más recientes, con datos incluso de Paraná, aportó que cerca del 40% padece sobrepeso, según el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina (UCA). Asimismo, marcó que el déficit en los estímulos de educación física escolar afecta a cuatro de cada 10 chicos en la Primaria y a tres de cada 10 en Secundaria; y más de la mitad no realiza actividades físicas o deportivas extraescolares.

Hay valores y beneficios que reporta su práctica, que exceden incluso el estado físico y de salud: hay una repercusión en hábitos, habilidades y capacidades para el trabajo en equipo, la convivencia, el respeto.

En un contexto social de claustrofobia, falta de espacios al aire libre en hogares, reducción de espacios verdes en las ciudades, menos inserción en clubes, su importancia también toma mayor dimensión para enfrentar la epidemia de sobrepeso en alza que azota a la niñez, la obesidad y hasta el sedentarismo.

El Magíster Jeremías Secchi, profesor de Educación Física en escuelas y en la Universidad Adventista del Plata (UAP), cuestionó que “en general, en la escuela no se evalúan niveles de actividad ni condición física, y en el caso de los Profes que hacen los test, no vuelcan la información ni a los chicos ni a los padres”.

Habló de la necesidad de implementar “recreos activos”, y también educar a la familia, para estimular el disfrute del niño por la actividad física.

“La solución a enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes, la hipertensión, enfermedades coronarias, es mejorar la forma en que vivimos. Vivimos en una sociedad enferma y estresada con un montón de problemas de salud y psicológicos inclusive. La causa está en la forma de vivir, de alimentarnos, de trabajar, de relacionarlos, de cómo usamos la tecnología”, amplió.

—La cantidad de horas de Educación Física en las escuelas es la adecuada y pertinente?

—No es la cantidad suficiente. Los chicos deberían hacer por lo menos una hora de ejercicio físico, por día. Todos los días tendrían que tener clases de Educación Física.

—Tenemos un modelo de Educación Física de décadas atrás, que no tiene funcionalidad en nuestra sociedad, más claustrofóbica, con menor actividad física de los chicos, menos acción al aire libre, y con más problemas de salud.

—Claro, te referís a la actividad física extraescolar. Lo que pasa es que cambiaron muchos factores. Uno de ellos es la alimentación: si vos te fijás, el 90% de los productos tienen alto contenido de azúcar o de sal, los contenidos industriales no son saludables, entonces estamos envenenado a la gente. Por eso el problema de la obesidad viene principalmente por la alimentación, y también por la falta de actividad física. Pero principalmente por la alimentación.

Entonces, ¿cómo le podés echar la culpa a un nene de 3 o 4 años que es obeso? La culpa no la tiene la actividad física, porque el chico es activo espontáneamente. Si hay obesidad a niveles de preescolar, la culpa no la tiene la actividad física, sino otros factores. Uno de esos es la alimentación. Por supuesto que la actividad física es otro de los factores. Pero acá hay un problema o epidemia global: tenemos una sociedad cada vez más enferma, y el problema lo tenemos en la forma en que vivimos, que nos está matando, y nos está dejando sin calidad de vida. Es la forma de vivir, de alimentarnos, de trabajar, de relacionarlos, de cómo usamos la tecnología.

—¿Qué es lo que más se detecta hoy, obesidad, sobrepesos, falta de actividad física, mala alimentación?

—Uno de cada tres chicos es obeso y tiene bajos niveles de capacidad aeróbica, o una capacidad aeróbica no saludable, que si persiste en ese hábito, repercutirá en la salud adulta, con enfermedades cardiovasculares a temprana edad, a los 35 años o antes como se ve ahora, o antes ya con problemas cardiovasculares. Eso repercute en la sociedad: imaginate un padre de familia con hijos pequeños, que es el sustento de la familia, que sufra un problema cardiovascular y quede postrado en una silla. Porque no pensemos solo en la muerte, ya que no siempre luego de un evento cardiovascular termina en la muerte, sino que muchas veces termina en discapacidad o disfuncionalidad, entonces eso altera el funcionamiento normal de la sociedad, y los costos de salud que eso conlleva.

—¿Cuál es el objetivo que tienen los Profes con la Educación Física, o del sistema educativo, a la hora de la enseñanza en la escuela?

—Digo lo que debería. Uno de los objetivos principales de los Profes, sobre todo en la Primaria, debe ser que los chicos tengan el placer por el movimiento. Ese es el desafío más importante: el gusto por la actividad física, por moverse, el querer hacer, ese debe ser el objetivo principal. Que el chico disfrute de las clases de Educación Física. Y creo que los Profes que conducen bien las clases lo logran, porque el estar sentado en un aula escuchando varias horas a una maestra no tiene comparación con el bienestar de estar en un espacio abierto, corriendo, jugando, divirtiéndose y aprendiendo y fortaleciendo todo el organismo.

El objetivo principal es que el chico disfrute hacer actividad física y lo pueda mantener durante toda su vida lectiva, para que le pueda servir como motor y hábito en el futuro. Recordemos que los hábitos se arraigan con mucho mayor fuerza en niñez, adolescencia y primera adultez joven. Cuando vos está en las facultad solo, ahí te arraigas en lo que aprendiste en tu casa, terminás de arraigar los hábitos.

—¿Hay que instrumentar nuevas prácticas en la enseñanza escolar, o redefinir estrategias en priorizar prácticas de deportes o juegos?

—Creo que no tiene tanto que ver con el tipo de juego o de ejercitación, sino en la forma de conducción del Profe. Lo más importante es eso. Por supuesto que el juego tiene que estar presente. Si todo es ejercitación, y todo es cumplir y hacer, y no hay espacio para la actividad espontánea, para el juego, la risa, la diversión, no lográs un disfrute o placer. El juego tiene que estar presente. Puede haber profesores que lleven adelante actividades lúdicas en las escuelas, pero que no están tal vez bien conducidas. Es muy sencillo: el chico tiene que correr, hacer ejercitaciones aeróbicas, las que tienen que ver con la fuerza, con la coordinación, y todo eso se logra con juegos y con ejercitación. Pero no veo en la mayoría de las escuelas ningún aparato colgante; entonces, ¿cómo logramos mejorar la fuerza de tren superior? Trepándose, también haciendo apoyos, caminando en cuatro patas, en dos, pero necesitamos lograr desarrollar la fuerza. Y vos no ves en las escuelas tampoco instalaciones que te permitan a vos desarrollar este tipo de actividades, como colgantes. Pero el problema no está tanto en la infraestructura, sino en la cantidad de estímulos y en la motivación del Profe para hacer de la actividad física algo disfrutable, lindo, atractivo.

—Acerca de correr y jugar al aire libre, se da que cada vez hay menos espacios abiertos, y que las escuelas tienen problemas de infraestructura, algunas incluso no tienen predios o apenas un gimnasio cerrado o patio.

—Sí, la realidad es que en muchas escuelas el chico sale al recreo y se pone con el celular. Si vos recordás cómo eran los recreos de antes, eran totalmente diferentes. Porque una de las cosas clave en materia de Educación Física son los recreos; los chicos deberían tener recreos activos y la escuelas, espacios verdes, de acuerdo a la cantidad de alumnos. Porque la otra realidad es que los maestros les piden no corran, no jueguen al fútbol, porque se van a lastimar o por problemas del seguro, hay presiones. Para darte un ejemplo: yo di salto en el cajón durante siete años en 6º grado de una escuela Primaria, y un día me lo prohibieron. Eso desapareció de la escuela, por seguridad, pero de esa manera, para que el chico no se lastime, empiezan a limitar muchas prácticas deportivas. Y creo que es una lástima, porque yo podría haber tenido algún quebrado, que no lo tuve, en los siete años que hice salto al cajón ninguno se lastimó, solo hubo algún golpe, como cuando jugás al fútbol. Entonces, se va poco a poco también limitando la actividad física en el recreo: que no corran en el recreo porque no hay espacio, o porque las maestras no los dejan. Entiendo la cuestión de higiene, por la transpiración en el aula, pero hay que ver la manera de que los chicos se muevan más, y nosotros estamos haciendo todo lo contrario.

—¿Qué estrategias se podrían abordar para favorecer el movimiento de los niños: políticas educativas, amplitud de horas de actividad física?

—Por un lado, en la escuela en general no se evalúan niveles de actividad ni condición física. Es una realidad, el Profe va y da clase, pero hace años que no hay una evaluación o seguimiento de los chicos. Tampoco hay información hacia los chicos; los Profes que hacen los test no vuelcan la información ni a los chicos ni a los padres. Es decir que la familia no está informada de la situación real en cuanto a los niveles de condición física. El profe puede detectar obesidad, puede detectar un montón de patologías o síntomas de enfermedad, o de mala situación física que puede repercutir en la salud del niño. Eso no existe, y si existe es algún esfuerzo aislado, no hay consenso a nivel nacional de qué pruebas evaluar.

En cuanto a las soluciones, el tema es difícil, pero creo que institucionalmente hay que aumentar la frecuencia de actividad física y de alguna manera, también ofrecer capacitación y especialización a los profes de Educación Física. Muchas veces tampoco pasa por el tema que el Profe conozca más, sino con la motivación que tengan para trabajar, porque muchas veces no tienen los materiales. Pero hay que hacer un trabajo, cursos de motivación, capacitación, y por supuesto aumentar las horas de actividad física.

Y luego educar a la familia: hay un trabajo conjunto con la familia, que tiene mucho que ver en los hábitos y formación de los chicos.

Ocho remedios naturales
“Hay una cuestión en la forma de vivir, que nosotros tenemos que utilizar”, insistió Jeremías Secchi. Y postuló los ocho remedios naturales “que Dios nos ha dado”, que pregona la filosofía adventista, para poder ser felices y tener salud: agua pura, descanso, ejercicio, la luz solar, el aire puro, la nutrición, la temperancia –abstenerse de las cosas perjudiciales y hacer un uso equilibrado de las cosas buenas–; y la esperanza y confianza en Dios.

“La forma en que trabajamos, comemos, en que nos relacionamos con los otros, en cómo vivimos, eso determina nuestro estado de salud. Entonces el punto clave está en mejorar la forma en que vivimos. La solución a estas enfermedades crónicas, como la obesidad, la diabetes, la hipertensión, enfermedades coronarias, a una sociedad enferma y estresada con un montón de problemas de salud psicológicos inclusive, está en revertir y cambiar la forma de vivir. No está la solución en una pastilla, ni solo en la nutrición, ni solo en la actividad física”, destacó.
Investigación premiada
En 2013, el docente Jeremías Secchi obtuvo el 1º premio al mejor trabajo de investigación, otorgado por la Sociedad Argentina de Pediatría, en el marco del 36º Congreso Argentino de Pediatría.

El estudio abordó la realidad de cinco provincias –entre ellas Entre Ríos– en torno a la capacidad aeróbica de niños y adolescentes entre 6 y 19 años, es decir, las condiciones del corazón, vasos sanguíneos y pulmones para funcionar eficientemente. Entre una multiplicidad de datos sobre la población estudiada, asomó que uno de cada tres chicos tuvo un nivel de capacidad aeróbica indicativo de riesgo cardiovascular futuro.


 

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