A Fondo
Miércoles 08 de Abril de 2015

Causas, motivos, razones o circunstancias

Luciana Actis / De la Redacción de UNO
lactis@uno.com.ar

 

Kenia es un país de 42 millones de habitantes, donde el 43% de la población sobrevive con menos de 1,25 dólares por día. Un país negro más ubicado al este de África, continente del que poco estamos informados; y del que mucho menos comprendemos.


El Jueves Santo, el grupo yihadista somalí Al Shabab asesinó a 148 personas en un ataque en la Universidad de Garissa, en el este de ese país, muy cerca de la frontera con Somalia, luego de retener durante más de 16 horas a un grupo indeterminado de estudiantes y profesores. El centro académico tiene una población de 815 estudiantes y, según detalla la prensa internacional, ya fue hostigado en 11 ocasiones por grupos extremistas. Un total de 533 estudiantes de la mencionada universidad fueron reportados como desaparecidos por sus familiares luego del último ataque.


Y ahora nos acordamos que existe ese país. La pregunta incisiva y “original” que resuena en este momento es: ¿Quién es Kenia? La respuesta global, obvia y predecible: un silencio diametralmente opuesto al estridente Je suis Charlie que gobiernos, medios de comunicación, universidades y otras instituciones replicaron hasta el cansancio cuando otro grupo islamista asesinó a dibujantes, periodistas y personal de seguridad de la revista satírica Charlie Hebdo, en París.


Mi observación, hasta aquí, no pretende ser novedosa ni original. Es más, intuimos que la muerte en el continente africano no es novedad: según un informe de la Organización de las Naciones Unidas, los diez países más pobres del mundo están en África (Nigeria, Etiopía, Malí, Burkina Faso, Burundi, Somalia, República Centro Africana, Liberia, Guinea, y Sierra Leona), con todo lo que eso implica y conlleva.

 

Hambrunas, sida, guerras, atentados de grupos terroristas, y otras plagas. Lamentablemente, las zonas pobres son abrevadero frecuente de la parka, y esto se ha naturalizado.


Mi observación no es más que un parche hilvanado sobre un desgastado manto de piedad que todos –políticamente correctos– nos apresuramos a echar sobre las regiones más empobrecidas, olvidadas y castigadas. Todos nos rasgamos las vestiduras por esas latitudes remotas en África u Oriente Medio. Zonas con las que algunos se solidarizan aún más fervientemente (en la prédica, por supuesto) si la oportunidad amerita destilar consignas antisemitas, como en el caso de quienes se lamentan por la Palestina masacrada “por los judíos”.


Quizás, lo ideal sería ir más allá de las solidaridades mal intencionadas, los lamentos consternados, y las condolencias de rutina. Una buena forma de comenzar a superar el estado contemplativo sería, aunque sea,  hacerse preguntas sobre las “causas, motivos, razones, o circunstancias”, como decía cierto profesor mexicano. Pero las causas y motivos que subyacen en lo más profundo, las razones que nunca fueron del todo lógicas, las circunstancias políticas, económicas y culturales.


Para responder a la pregunta ¿Por qué Charlie sí y Kenia no?, antes habría que hacerse otros interrogantes: ¿Qué preconceptos tenemos acerca de Kenia y los demás países del continente africano? ¿Cuáles son los pilares sobre los que se sigue sosteniendo el etnocentrismo en la actualidad? ¿Cómo trata el periodismo a las noticias internacionales? ¿Qué lugar ocupa Kenia en la agenda mediática? ¿Por qué sólo es noticia cuando es víctima de un atentado terrorista islámico? ¿Por qué escasea el interés de las empresas periodísticas en las noticias internacionales?

 

 

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