Economia
Martes 24 de Mayo de 2016

CAME: Las Pymes no están conformes con el tope del 400% de incremento del gas

Las últimas medidas tomadas por el Ministerio de Energía y Minería de la Nación para compensar los agresivos incrementos en las tarifas de gas aplicados a las pymes se valoran por la intención, pero no resuelven el gravísimo problema generado en el sector.
En los hechos, las empresas están recibiendo aumentos de hasta 2.000%, y en la Región Patagónica, por ejemplo, 7 de cada 10 pymes recibieron sus nuevas boletas con subas de entre 1.000% y 2.000%, se afirmó desde la Cámara empresaria de la Mediana Empresa (CAME).
Lo que se propone es que solo se pague la mitad del aumento ahora. Es decir, una fábrica de mermelada que pasó de pagar 500 pesos de gas en marzo a 9.200 en abril (+1.740%), pagará 4.850 ahora (870% de aumento) y generará hasta septiembre una deuda mensual por 4.350 pesos que podrá pagar en los meses menos fríos del año, por ejemplo a partir de octubre o enero próximo.
Este sistema tiene al menos dos problemas. El primero, es que no se tiene en cuenta que en la mayoría de las industrias y comercios el uso del gas no es estacional, se consume casi por igual todo el año. Con esto, la financiación del 50% genera un problema hacia adelante, porque a partir de octubre deberán pagar boletas más abultadas.
Por ejemplo, si una fábrica comienza a pagar la deuda generada entre abril y septiembre en octubre próximo, desde entonces estará pagando los 9.200 pesos de la factura sin subsidios más los 4.350 pesos que adeudaba de la boleta de abril, lo que le dará un monto de 13.550 pesos, que equivale a un incremento anual de 2.600%. Y así deberá hacerlo por seis meses.
La situación de una Pyme que posterga el 50% del aumento de gas
En segundo lugar, para empresas que recibieron ajustes de 800%, 1.000% o 2.000% en el gas, aunque se pague el 50% del aumento ahora, sigue siendo excesivo para un momento donde se frenaron las ventas, donde los costos de producción siguen subiendo, y donde ya hay muchas empresas que se han visto obligadas a bajar sus precios aun a pérdida para sostener sus clientes.
Ningún empresario duda sobre la necesidad de ir reacomodando los cuadros tarifarios y desarmando los esquemas de subsidios. Lo que está en discusión es la gradualidad y el momento. La coyuntura actual pone un límite muy claro: la actividad económica está en recesión, miles de empresas del país pelean por su supervivencia, y es el peor momento para hacer una suba brusca como la que se implementó.
Necesariamente, el ajuste debe ser gradual y racional, permitiéndole al empresario continuar con su actividad y sostener el empleo.

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