Hoy por Hoy
Viernes 07 de Octubre de 2016

Cada vez más armas en la calle

Una de las preocupaciones centrales que tuvo siempre la Policía, como mecanismo para intentar limitar la gravedad de los hechos delictivos fue tratar de mantener controlada la proliferación de armas de fuego en las calles de cualquier ciudad de la provincia. Una forma de prevención de delitos mayores y, en definitiva, hasta un sistema de autoprotección en su propio trabajo.
Lo cierto es que hace bastante tiempo esa lucha parece perdida o abandonada, y la caída en picada de los resultados positivos están a la vista en toda la provincia. Los hechos delictivos con armas de fuego son hoy moneda corriente, y ya no se habla de grandes asaltos ni enfrentamientos entre bandas. Hoy hasta el robo de un celular se hace a mano armada. En cualquier calle, a cualquier hora del día y en las circunstancias menos pensadas.
Pistolas, revólveres, tumberas, no importa la modalidad ni el tipo. Las armas están y representan un peligro cada vez mayor para la población de cualquier ciudad entrerriana.
Pero la situación empeora. En Concepción del Uruguay se repitió hace pocas horas un hecho que ya tuvo un antecedente hace pocos días. El miércoles por la noche un joven estaba con amigos escuchando música en la costanera Paysandú, y cuando menos lo esperaba recibió un disparo en una pierna. No se sabe desde dónde, quién, ni porqué. Lo cierto es que perfectamente el tiro podría haber dado en la cabeza de cualquiera de los muchos jóvenes que se juntan todas las noches en ese lugar.
El muchacho se hizo atender en un centro asistencial, donde le dijeron que tenía un proyectil alojado en la pierna. Lo que siguió, como siempre, fueron trámites de rutina, se dio aviso a la Fiscalía en turno, iniciándose las actuaciones de rigor. Listo. Nada más.
Pero apenas unas semanas antes, un niño, de solo 1 año de edad, recibió un disparo en un brazo con orificio de entrada y de salida. Todo mientras estaba en brazos de su madre, caminando por el barrio La Higuera.
Una situación similar se vivió también hace pocos días en Gualeguaychú. Un menor de 13 años se encontraba pescando con un familiar y, de pronto, sin mediar nada previamente, recibió un impacto de bala en el muslo izquierdo. No lograron observar de dónde había provenido el disparo y solo agradecieron la suerte de no haber sufrido un hecho más grave. El menor fue trasladado al hospital Centenario de Gualeguaychú, donde fue asistido y se constató el carácter de las lesiones, que resultaron afortunadamente "leves".
Hay un punto de inflexión donde la preocupación da lugar al miedo. Pues las medidas de prevención clásicas, como no andar de noche por lugares peligrosos, no exhibirse con teléfonos en la vía pública o no caminar en soledad por lugares oscuros parecen haber quedado totalmente obsoletos ante la falta de racionalidad con que suceden hoy los hechos. Y no son hechos menores. Involucran armas de fuego disparadas hacia cualquier lugar sin mediar situaciones que pudieran resultar peligrosas para quienes terminan heridos.
Las balas perdidas son cada vez más frecuentes. Tan perdidas como las armas que las disparan. Armas perdidas por alguien, entregadas por alguien, alquiladas por alguien. Alguien debería comenzar a hacerse cargo.

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