La Provincia
Domingo 26 de Junio de 2016

Bordet busca calma financiera para el resto de su mandato

El gobierno no prevé endeudarse adicionalmente, sino cancelar deuda flotante y bajar los servicios de la consolidada, unos 13.500 millones que equivalen a la mitad de los recursos anuales. El rojo de la Caja de Jubilaciones explica el 96 % del déficit

El vértigo de las noticias de las últimas semanas en la Argentina absorbió gran parte de la capacidad de atención del público. En ese marco, el discernir sobre los efectos y las causas de determinadas situaciones es algo complejo aún para las personas más informadas. Asimismo el marasmo informativo hace que muchas veces asuntos de interés del público local pasen poco menos que desapercibidos.
Uno de estos temas son las implicancias presentes y futuras del permiso que la Legislatura entrerriana le daría al gobierno para que acepte las condiciones de la restitución del 15% de la coparticipación federal de impuestos que le era retenida a la provincia por la aplicación del Pacto Fiscal firmado por el entonces gobernador Mario Armando Moine y el expresidente Carlos Menem a instancias del entonces superministro Domingo Cavallo, que ya tiene media sanción unánime de Diputados. Y en segundo lugar, el permiso de endeudamiento por más de 650 millones de dólares que le permitirán al gobernador, Gustavo Bordet, si lo maneja adecuadamente, gozar de calma financiera por el resto de su mandato.
Mucho habló del estado (supuestamente desfasado) en que el gobernador Sergio Urribarri dejó las finanzas provinciales. Según la Ley de Presupuesto para el año en curso el déficit financiero acumulado total del Tesoro provincial 2007-2015 es de unos 2.350 millones de pesos. En tanto que el déficit acumulado en la Caja de Jubilaciones motivado en la detracción del 15% fue de 8.235 millones entre 2004 y 2015 (ambas cifras a valores constantes). No hace falta irse tan atrás: solo en 2015 el déficit de la Caja de Jubilaciones ascendió a los 2.200 millones de pesos, casi el equivalente a nueve años de déficit del Tesoro.
El déficit de la Caja de Jubilaciones –un elemento imposible de modificar hoy en Argentina sin grave riesgo social e institucional- explica el 96% del déficit que dejó Urribarri. El resto podría explicarse por lo que demanda sostener la Universidad Autónoma de Entre Ríos, que representa un monto de unos 800 millones al año y creciendo, y por el diferencial de transferencias a los municipios dispuesto en la reforma de la Constitución provincial por unos 700 millones de pesos al año, sin haberles transferido servicios ni responsabilidades.
"Son las cosas que ya estaban instaladas desde hace 20 años, que hay que seguir pagando y no tienen solución porque no se puede recortar beneficios por más que uno tenga todo el poder político del mundo, sin arriesgarse a tener un incendio", explica un ministro del actual gobierno provincial.

Poco recomendable
Por otra parte, las políticas de reducción de gastos son de dudosa recomendación cuando, según datos oficiales, el 72% del gasto financiado con Rentas Generales son salarios, déficit por jubilaciones (9%) y transferencias a municipios (15%), quedando apenas el 4% de libre disponibilidad real para atender el resto de los gastos de funcionamiento. "La rigidez del gasto es extrema", dice el funcionario conocedor.
Pero esa situación financiera estructural que año a año tuvo la administración provincial pasó casi desapercibida gracias a la espectacular ampliación del presupuesto provincial en Rentas Generales (coparticipación más impuestos provinciales) y la aplicación de parte de ese incremento a obras de infraestructura, particularmente entre 2007 y 2015.
Los recursos corrientes saltaron de 3.231 millones de pesos en 2007 a 26.484 millones en 2015. En tanto la obra pública provincial, financiada con estos recursos, pasó de 247 millones en 2007 a 2.637 en 2015.
Las razones del bienestar también hay que encontrarlas en las transferencias a municipios, que saltaron de 405 millones en 2007 a 3.826 millones en 2015.
Y a ello sumar toda la descarga de obras públicas y programas consignados en los Recursos con Afectación Específica que llevaron el Presupuesto 2016 a la suma total de 58.000 millones de pesos, siendo aproximadamente la mitad de estos recursos cuyo destino no puede cambiarse: obras, planes sociales, programas de salud, educación, capacitación, entre otros.
Así, la retracción de estos fondos en el inicio del gobierno de Cambiemos ha sido la contracara de aquella sensación de bienestar para transformarse en el fundamento de la sensación de depresión.
En síntesis, la data oficial tanto de la Provincia como del gobierno nacional, indica que el déficit acumulado que dejó Urribarri es del orden de los 2.443 millones de pesos, pero que su causa es esencialmente estructural y por lo tanto independiente de su figura y de su estilo de gobierno. En todo caso su pecado habría sido no haber priorizado y enfrentado la situación, falta que por cierto en ese caso habría que achacarles también a sus antecesores desde 1983 a la fecha.
Urribarri, está claro entonces, mantuvo el statu quo respecto del déficit estructural y se subió a la ola de la expansión del gasto inducido por la Nación en las provincias. Según la Dirección Nacional de Coordinación Fiscal con las Provincias (DNCFP). Entre Ríos fue la segunda jurisdicción donde más creció la inversión pública en el quinquenio 2009-2013, solo superada por Formosa. Fue la rueda de la felicidad, que mientras giró tapó las inconsistencias de las finanzas estatales.
El efecto, quizás un tanto exagerado para identificarlo, es lo que los integrantes del Consejo Empresario de Entre Ríos registraron en cifras y estadísticas llamaron "la Década de Oro de Entre Ríos", según su último informe publicado en 2015, en el que destaca el avance de la provincia en todos los indicadores sociales y económicos. Pero ocurre que, cuando la ola se vuelve marejada, es donde afloran los nuevos problemas del empleo y la caída de la actividad, la inquietud social y los viejos problemas derivados del déficit instalado en el Estado.

La otra bestia negra
La otra bestia negra es la deuda o el endeudamiento. Una deuda es importante, no por su monto, sino por su proporción respecto de una variable. También es esencial si se trata de una deuda administrable o no.
Las cifras oficiales indican que la deuda del Tesoro provincial descendió apreciablemente como proporción de los recursos. Así, en 2007 la deuda consolidada representaba el 97% de los recursos, en 2011 fue del 68%. En tanto en 2015 se ubicó en el 55%. Es decir, cayó 42 puntos porcentuales equivaliendo en proporción a poco más de la mitad de los recursos corrientes anuales.
La deuda consolidada se ubicaba en los 13.500 millones a fines del año pasado. Pero su estructura está impactada por sucesivos endeudamientos caros y de corto plazo que han sido necesarios como una forma de cubrir las urgencias que planteaba un gasto inflexible a la baja y sin financiación parcial.
Por eso resulta de fundamental importancia la posibilidad de cancelar la deuda flotante (equivalente al déficit acumulado) y la consolidada, cambiándola por otra más barata y mejor escalonada en el tiempo. Contablemente no se trataría de la expansión de la deuda, sino de un cambio de una deuda por otra. Habrá que estar atentos a los costos de esta novación que suelen ser pingües negocios para agencias, consultoras y bancos organizadores. Son unos 650 millones de dólares.
Con ese dinero fresco y con cobradores que dejen de acosar, y con la ayuda de la Legislatura, Bordet habrá pasado al otro lado del río, donde podrá gozar de calma y abocarse, por fin, al verdadero gran desafío: la gestión.
Sería positivo que en el marco de diálogo y comprensión las fuerzas políticas se aboquen a la remoción de las causas que provocan los desequilibrios fiscales descriptos en esta nota y que afectan en el largo plazo las posibilidades del desarrollo provincial.

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