La Provincia
Jueves 12 de Febrero de 2015

Así quedó una mujer golpeada por el granizo en Concepción del Uruguay

Paola Simeone cuenta el horror que sufrió junto a sus amigas durante el temporal que azotó días pasados a La Histórica.

La tormenta que azotó a Concepción del Uruguay el 5 de febrero, que causó destrozos en viviendas, calles, árboles y muros, también dejó su huella en el cuerpo de Paola Simeone, una joven uruguayense que esa tarde había decidido ir a pasear a la Isla del Puerto y, de repente, quedó bajó la imponente granizada.

En el programa local Animal TV, de Abelardo Santángelo, Paola relató el horror que sufrió junto a otras chicas en medio del violento temporal. Ella había decidido ir en bicicleta a pasar la tarde junto a sus amigas a la Isla del Puerto, cuando observaron que en el cielo se avecinaba una tormenta, por lo que comenzaron el regreso a casa.

El clima empeoró en cuestión de minutos y la tormenta las sorprendió sin haber podido salir de la Isla donde fueron alcanzadas por el viento huracanado, la lluvia y el granizo, junto a otro grupo de personas.

El vendaval era tan fuerte que movía completamente sus bicicletas y en ese momento, no había manera de refugiarse, ya que las palmeras que se encuentran en el camino solo tienen unos pocos meses de ser plantadas, transcribió el sitio 03442.

Sin manera de protegerse quedaron totalmente expuestas y sufrieron golpes debido al granizo que les causó importantes inflamaciones y moretones por todo el cuerpo.

“Nos preocupamos mucho por una de nuestras amigas, que fue la que más sufrió, porque anteriormente había tenido ataque de nervios”, señaló Paola.

La joven también reprochó la actitud de algunos vecinos que se encontraban saliendo de la isla en auto y no se “percataron” que junto a ella había niños y una señora que necesitaban ayuda y ni siquiera pararon para poder llevarlas a la entrada así quedaban protegidos.

La odisea duró hasta llegar al pórtico de la Isla del Puerto, donde fueron asistidas por la ambulancia, pero criticó a policías que estaban en un patrullero estacionado debajo del techo, que no salieron a asistir a los ciudadanos que se encontraban ahí.

“A la noche no podíamos ni atarnos el pelo del dolor que nos causaban los chichones en la cabeza”, dijo.

 

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