La Provincia
Viernes 01 de Abril de 2016

Asambleísta interpeló por carta pública sobre el proyecto Amarras

Natacha Crimella sostuvo que un emprendimiento inmobiliario ubicado en el sur entrerriano plantea “desviar el río Gualeguaychú, que es de todos” y reclama definiciones a los legisladores Nicolás Mattiauda y Sergio Kneeteman

La asambleísta de Gualeguaychú Natacha Crimella publicó una carta abierta a dos legisladores de ese Departamento del sur entrerriano, Nicolás Mattiauda y Sergio Kneeteman, para pedirles mayores precisiones sobre un supuesto apoyo al cuestionado proyecto Amarras.

En el texto, Crimella diferenció urbanizaciones de otras zonas del país con la que provocó un conflicto en Gualeguaychú que se ventila en los Tribunales, y aclaró que Amarras plantea “desviar el río Gualeguaychú, que es de todos, es un bien colectivo, para embellecer el patio de la casa de algunas personas”.

En un fragmento, se preguntó: “¿Qué ejemplo queremos dar a nuestros hijos respecto del tratamiento del tema ambiental?”, y acusó: “No seamos hipócritas, hay mucha gente esperando la definición de este conflicto para ver si invierte o no. Es hora de que los representantes de la gente se pongan los pantalones y se planten ante el dinero de dudoso origen que está llegando a la región”.

A continuación, el contenido literal de la carta de Crimella.

“Carta abierta a los legisladores departamentales Nicolás Mattiauda y Sergio Kneeteman (que se encuentran, repentinamente, muy preocupados por la causa “Amarras”). 
En estos días asistimos con sorpresa a la noticia de que se llevó a cabo una reunión a la que asistieron representantes políticos de la región y de la empresa “Altos de Unzué SA”, responsable del proyecto “Amarras” (habría sido el 23 de marzo, ya que se da a conocer en los diarios del 24). 
El encuentro fue propuesto por los legisladores provinciales del frente “Cambiemos” -señores Mattiauda, senador del departamento, y Kneeteman, diputado del departamento-, aunque también asistió el diputado Bahillo y el intendente Davico. Luego de la reunión, Mattiauda declaró hallarse preocupado por el futuro del proyecto y manifestó expresamente, comprendiendo a su colega en la declaración, que “nosotros aspiramos, por supuesto, a que el proyecto pueda seguir avanzando”, (sic). Este exabrupto del legislador ha sido fuente de innumerables comentarios en las redes sociales, entre los que se destacan los que le piden al senador que aclare a quien se refiere cuando dice “nosotros”. Es decir, ¿a quién invoca Mattiauda cuando habla en plural? ¿se refiere a las personas que lo votaron? ¿sabrá que “Altos de Unzué SA” es una persona jurídica y como tal no tiene derechos políticos, es decir, no vota?
Estos y otros interrogantes surgen inevitablemente de las espontáneas e inesperadas declaraciones de los legisladores provinciales del departamento -que, debe decirse, ninguno de los dos es de Gualeguaychú-. Tengo como intención poner de resalto ciertas circunstancias –Sigue Crimella- que son pasadas por alto en el discurso de Mattiauda, ya que su opinión evidencia –por ser ingenuos-, el supino desconocimiento que tiene de la cuestión y, particularmente, de lo complejo y grave que es el asunto, al cual pretende acceder y brindar soluciones realizando reuniones de café -deporte nacional de los políticos locales-. 
Me propongo tratar dos o tres puntos, los más relevantes del conflicto, tras lo cual quedará en evidencia la sinrazón de la defensa que hacen del proyecto ustedes, los legisladores electos por el departamento Gualeguaychú. En concreto, uno de los aspectos más importantes que han mencionado las sentencias dictadas contra el proyecto viene dado por la prohibición que tienen en la legislación argentina los particulares respecto de modificar un cauce de agua navegable –como es el río Gualeguaychú. 
Esta prohibición tiene una explicación racional, que es evitar la depredación de los bienes considerados fundamentales y, a su vez, la violencia que generaría permitir esa apropiación. Es decir, si todos tenemos derecho a usar los bienes colectivos como propios, ¿quién creen ustedes que terminará usándolos? Obviamente que el más fuerte o el más rico. Ustedes parecen desconocer –o simulan hacerlo-, que los precedentes de la provincia de Buenos Aires que mencionan como ejemplos a seguir, además de que no los favorecen para nada, son diferentes a este caso. Los countrys o barrios privados de la provincia de Buenos Aires tienen un espejo de agua artificial alrededor del cual realizan alambiques y terraplenes para construir las viviendas. 
En “Amarras”, lo que se planea hacer es: desviar el río Gualeguaychú, que es de todos, es un bien colectivo, para embellecer el patio de la casa de algunas personas. En pocas palabras, se toma, se apropia, un bien que es de todos en beneficio de unos pocos. 
Como agravante, debe contemplarse que no es cualquier bien, no es la esquina de la plaza San Martín. Es el agua, que tiene importancia superlativa, ya que tiene directa incidencia sobre la calidad de vida de las personas. Todo lo dicho siempre y cuando supongamos que la discusión pueda ser posible, para lo cual deberíamos olvidar que se encuentra prohibido para los particulares (una sociedad anónima lo es), desviar o apoderarse de un bien colectivo como es el cauce de un río navegable. 
Otro aspecto que ustedes parecen desconocer -o simulan hacerlo-, lo constituye el hecho de que se han desmontado cerca de 100 hectáreas sin la autorización administrativa correspondiente. Eso está prohibido, y constituye un delito. Ergo, realizar el estudio de impacto ambiental de manera “aséptica”, arrancando de cero y pasando por alto este dato y la destrucción del humedal -ambiente también protegido, cuya alteración se encuentra prohibida-, forman parte de una actitud permisiva que premia al infractor. 
En pocas palabras, es un mal ejemplo, ya que quien violó las normas desvía el eje de la discusión, que pasa a ser la segunda etapa. Se impone una moción de orden y de sentido común: hay violaciones de leyes desde el inicio. Sinceremos la discusión y pasemos a la siguiente instancia: ¿hacemos de cuenta que acá no pasó nada? ¿hacemos “como si” Altos de Unzué no violó las normas porque fallaron los controles y ya destruyó el ecosistema o nos ponemos firmes para que no vuelva a pasar? ¿qué ejemplo queremos dar a nuestros hijos respecto del tratamiento del tema ambiental? No seamos hipócritas, hay mucha gente esperando la definición de este conflicto para ver si invierte o no. 
Es hora de que los representantes de la gente se pongan los pantalones y se planten ante el dinero de dudoso origen que está llegando a la región -por hallarse corrido de otras o a causa de la necesidad que tienen de “nuevos mercados”-. Me pregunto, el rabino Bergman, ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, ¿opina lo mismo que sus partidarios? ¿Estos chicos, Mattiauda y Kneeteman, hablaron con alguien distinto a la empresa antes de ir a dar la cara por ella? 
No quiero pecar de ingenua pero creo que se apresuraron en ir a defender una causa tan complicada donde, encima, está pendiente la intervención del máximo tribunal de justicia del país”.

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