A Fondo
Jueves 12 de Mayo de 2016

Apóstoles de la falsa conciencia

Luciana Actis / De la Redacción de UNO
lactis@uno.com.ar


En el siglo XVIII, el filósofo alemán, Karl Marx, definió como falsa conciencia al pensamiento de los individuos que no es consecuente con sus condiciones materiales de existencia. Un concepto, a estas alturas, de manual y abrumadoramente vigente. 

Un ejemplo de falsa conciencia podría ser un descendiente de pueblos originarios festejando un 12 de octubre, o un trabajador asalariado que adopta y defiende la ideología burguesa. Afortunadamente, del primer caso no he sido testigo directa, mas el segundo es abundante hasta el punto del espanto (y el hartazgo).

Un empleado que niega la conciencia de clase, desde su punto de vista, obra en contra de sus propios intereses. Este autoengaño al que se ha sometido buena parte de la población supone una oposición entre el modo de interpretar la realidad y la realidad misma, lo cual implica consecuencias en distintos ámbitos de la vida, por ejemplo, en la toma de decisiones.

A pesar de las aberraciones en materia política y económica que se han cometido en la Argentina desde diciembre pasado, sorprende la defensa acérrima e infundada con que el proletariado apaña la gestión. Están quienes piden que al Presidente  se le dé más tiempo, quienes sostienen que no roba porque es rico, también están los que fundamentan que la evasión de impuestos vía paraísos fiscales no es un delito porque cada cual es dueño de hacer lo que quiera con su dinero.

Con tristeza, he comprobado una notable capacidad para hacer de la estupidez un apostolado: ciudadanos asalariados que dicen que no hay que quejarse del pasaje de colectivo urbano a 8 pesos con 50, ni de las boletas de electricidad con montos de cuatro cifras, pues había que sincerar los números. Y ante cualquier réplica, estos apóstoles de la falsa conciencia se escudan en el mantra sacrosanto de la “korrupción”. Pues bien, si se habla de corrupción, hay que entender que no es una cualidad inherente ni exclusiva de la política, sino que la mayor parte del megaempresariado, ese que se niega a pagar impuestos y decide esconder su dinero en el Caribe, fue engranaje y motor de la corrupción en los 90, pues se hizo de empresas estatales a precio vil y licuó sus déficits con la deuda pública, que los apóstoles pagan tarifazo mediante. 

Pero ellos seguirán predicando. Si esto no es colonización del pensamiento,  debe ser zoncera, lisa y llana.

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