La Provincia
Lunes 30 de Mayo de 2016

Antiguos tesoros que cobran vida

“La idea surge con Fito, un amigo que también anda con antigüedades. Nos conocimos y hemos pegado muy buena onda, los dos apasionados por esto de buscar y encontrar antigüedades o volverle vida a las cosas”.

Gerardo Iglesias/De la Redacción de UNO
Así comienza Pablo Fernández el dialogo con UNO, dejando en claro que todo se trata de eso, de volverle vida a las cosas antiguas, a esos juguetes, carteles, utensilios diarios y cotidianos de nuestra infancia y de más atrás, de mucho más atrás. Así, van apareciendo envases de principio del siglo pasado y del otro también, carteles enlozados, cubiertos, vasos, juguetes y objetos que hoy parecen un tanto extraños.
Pablo comenzó con las antigüedades hace ya una década, primero por gusto, por curiosidad, que se fueron transformando en pasión, trueques y hoy en negocio. Un negocio para nada tradicional, porque se mezclan el gusto, la búsqueda y el intercambio con coleccionistas de todo el país.
Sobre la Feria de Antigüedades, que ya lleva dos ediciones, comentó que “empezamos a ver si había alguna posibilidad de hacer algo para exponer nuestras cosas y, en menos de una semana, estábamos organizando la 1º feria de antigüedades. El terreno es de mi amigo y surgió de una charla entre nosotros, con la idea de ofrecerle algo a la ciudad que no estaba explotado. Hay muchísima gente que le gustan las antigüedades, muchísimos coleccionistas que andan atrás de conseguir siempre algo para agrandar sus colecciones. La Feria empezó para quedarse, queremos seguir con esto e ir mejorándola y agregarle cosas”. Y así fue, porque ya la segunda edición, realizada el pasado domingo, aparecieron cosas “viejas nuevas” y se agregaron un par de motos antiguas que no están a la venta pero que suman, con su belleza, a mostrarnos con la pasión y esmero que pueden resguardarse parte de nuestra historia.
Sobre los objetos que se exhiben y se venden, Pablo expresó que “todo es mío, lo adquiero por gente que, como sabe que ando en esto, me lo ofertan, o me dicen tengo un pariente o amigo que tiene tal o cual cosa. Tengo gente que busca cosas también y me las pasan”. Esa búsqueda también lo lleva a convertirse en visitador de ferias “voy a ferias o remates, siempre con la idea es conseguir algo raro, que guste, que se pueda usar o exhibir.
Recordó que “hace 10 años empecé a comprar cosas en Mercado Libre y sigo comprando en todo el país”, método que utiliza también para vender “envío a todos lados, hasta he mandado cosas particulares a otros países. He pasado por un periodo de acumulación, pero ya hace un par de años empecé a comprar y vender”.
Reconoce que es difícil para un coleccionista desprenderse de los objetos porque, muchas veces, pasan a formar parte de afectos, por lo que recuerdan o por su simple belleza, pero Pablo ya no “me apego a las cosas, me doy el gusto de comprar las que que me gusten, pero una vez que las tengo, si se tiene que ir, se van y vendrá otra igual o mejor, siempre pensado en lo que vendrá”.
Y en ese circuito que se ingresa, cuando ya se pertenece a ese ambiente, todo se facilita, se vuelve casi cotidiano, andando un camino que se transforma en experiencia. “Muchísimos clientes hoy ya son amigos, coleccionistas a los cuales, si veo algo que les interesa, lo compro porque sé qué va para cada uno. Coleccionistas de marquillas de cigarrillos, de ceniceros, de muñecas, de juguetes de chapa, carteles enlozados, latas, cámaras de fotos, cosas de bronce, teléfonos”. Y en esa enumeración de objetos vuelve a surgir la pasión “la verdad es que esto es muy lindo. Salís a buscar y no sabes qué. Encontras con piezas muy antiguas, muchas con grandes historias, como también hay muchísima gente que está muy apegada a las cosas por recuerdos y no hay precio que uno pueda pagar”.
A pesar de remarcar que ya no se apega a muchas cosas, para los coleccionistas y vendedores de antigüedades, hay objetos que no se venden, que no se van de sus dominios por más dinero que aparezca, dificultando el “no se vende”. Para Pablo, su colección de camisetas de Gimnasia, su otra pasión, “no se vende. También me quedo con cosas antiguas de la ciudad como fotos, postales, medallas y latas de aceite y de té.
Entre los objetos más raros, pablo remarca “el coleccionista más extravagante que conocí. Colecciona salivaderas de loza y pelelas de loza, el mismo me dijo es un asco pero colecciona eso”.
Historias de coleccionistas, de amantes de lo antiguo, de recuperar el brillo y las historias de cada objeto, de traer al presente momentos de alegría o de tristezas en un simple juguete, una cámara de fotos, una radio. De eso se trata la Feria de Antiguedades. Este atento, amigo lector, en cualquier momento vendrá la tercera. Dese una vuelta y disfrute de un paseo a su infancia o de más atrás, a los tiempos de ñaupa, como decían nuestros abuelos.

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