GoSkateboardingDay
Viernes 17 de Junio de 2016

Ambulantes

Un martes cerca de las ocho de la noche, caminaba por la peatonal y los panes que salían de una canasta me tentaron. Compré uno con chicharrones a 35 pesos y lo terminé a la mañana siguiente porque era riquísimo. También vi que tenía panes caseros comunes y tortas negras enormes. El vendedor me sorprendió porque fue expeditivo. Agarró la plata, me entregó el pan, seguí caminando y él volvió a sentarse en el banco que está frente a Farmacity.
El jueves cuando volví a pasar, a la misma hora, me llamó la atención la gorra de lana blanca y roja que usaba en la cabeza. Sospeché que la apatía con mi compra tuvo que ver con mi campera azul con detalles amarillos. Al mismo tiempo pensé que la ubicación que había elegido para vender sus panes era estratégica por las luces aunque, en el medio de la caminata, reflexioné que las personas que compran medicamentos quizás están desautorizados para comer pan con grasa. Mi mamá vendía pan casero en la calle y en las oficinas públicas a mediados de la década del 90. Se iba con dos bolsas repletas y antes siempre dejaba uno en casa. Eran riquísimos.
Hace una semana el vendedor de panes de la peatonal quedó en el medio de la polémica porque funcionarios municipales y policías quisieron decomisarle la mercadería que tenía a la venta.
La gente que caminaba por la peatonal se "solidarizó" y le compró todo lo que tenía para que los representantes del Estado finalicen el operativo. En estos días se me vino a la cabeza el vendedor ambulante de frutas, Mohamed Bouazizi, que se prendió fuego cansado de que la policía tunecina le sacara su mercadería. A los pocos días murió en la cama de un hospital rodeado por su familia. La situación fue muy parecida a lo que pasó en Paraná, aunque hay que agregarle que la ofensa de Feida, una funcionaria municipal, fue quizás el principal detonante para que Mohamed tomara la decisión. Feida le pegó una cachetada y el joven de 26 años sintió que había perdido todo, además de la mercadería. Por las quemaduras, el 4 de enero de 2011 murió en la cama de un hospital de Sfax, que se encuentra a 110 kilómetros de Sidi Bouzid, una ciudad perdida en el mapa de Túnez.
La muerte de Mohamed generó las protestas que terminaron con el régimen dictatorial de Zine el Abedin Ben Ali y hoy es el mártir de la "Primavera Árabe". Ahora, cuando camino por la peatonal, miro a todos los vendedores ambulantes y pienso en sus historias personales. También se me ocurre que ojalá, alguna vez, un representante del Estado se les acerque para preguntarles qué quieren o qué necesitan para trabajar en condiciones "normales".

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