La Provincia
Viernes 29 de Enero de 2016

Amasan pan casero y sustentan sus hogares

Son muchas las mujeres que hallaron en los saberes culinarios una alternativa laboral. En Sauce de Luna tienen una fiesta particular

Tan importante es el pan que se lo piden a Dios quienes rezan el Padrenuestro. Y hay lugares donde resulta difícil resistirse al tentador aroma a pan casero que emana de las bolsas o los canastos de quienes los ofrecen por la calle. Alimento versátil, acompaña el mate a cualquier hora o el plato de comida del mediodía. Untado con miel o espolvoreado con azúcar, ayuda a endulzar los paladares y el humor. Es tradición que se cultiva a través de las generaciones, ciencia y arte, amor hecho materia que se ingiere para nutrir el cuerpo y el alma. 

Pero además de todo eso, en algunas casas es sustento: para ayudar en la economía hogareña, son muchas las mujeres que temprano se levantan y elaboran pan casero que salen a vender por las calles para tener un ingreso.

En un bol mezclan los ingredientes, de manera artesanal. Harina, grasa, levadura, sal y agua se transforman al unirse. Ellas, con sus manos van urdiendo la masa mientras la mayoría duerme, hasta darle forma en los moldes. Sometida al calor del horno de barro, la preparación se doblega y permuta su consistencia: se hace cáscara por fuera y se torna esponjosa por dentro, perfumada por el humo de la leña que le da un sabor particular.

El ritual es común en muchos hogares de Sauce de Luna, una localidad del Departamento Federal situada a casi 150 kilómetros de Paraná, que tiene alrededor de 6.000 habitantes. Y ante tantas emprendedoras que día a día madrugan para elaborar un alimento que persiste hace siglos en diferentes culturas, la Municipalidad decidió celebrar y lanzó hace cuatro años la Fiesta del Pan Casero. Este año se realizará desde hoy y hasta el domingo. Se trata de una oportunidad que tiene el pueblo de mostrarse en el resto de la provincia y también en otros puntos del país; y además, de que la gente pueda disfrutar de espectáculos musicales de gran nivel y que los panaderos –participan hombres y mujeres– puedan incrementar sus ventas ante la llegada de turistas y visitantes.

Una de las ganadoras en ediciones anteriores fue Graciela Borgetto. Hace ocho años que vende pan en las calles del pueblo. Cocina cada pieza en el horno de barro que ella misa fabricó un domingo. “Hice el horno con mis propias manos, dándome maña. Lo empecé bien temprano a la mañana y lo terminé a la nochecita”, contó a UNO con orgullo. 

Muchos de sus clientes ya son fijos. No usa balanzas ni termómetros, solo a ojo calcula cuánto pondrá de cada ingrediente, y si el horno ya está a punto para empezar a cocer sus manjares. En Fiestas de Navidad y Año Nuevo suma pan dulce y en otras ocasiones también elabora pastafrolas y tortas criollas. “La vez que gané participé porque me convencieron unos parientes que vinieron de Buenos Aires, sino no me presentaba”, indicó la mujer, que después de superar la timidez de amasar en público le propuso el año pasado al intendente hacer algo novedoso para la fiesta y se decidió a cocinar un pan gigante que pesó 50 kilogramos. “Este año quiero superarlo y que sea más grande todavía”, expresó confiada.

Cuando es verano la masa leuda más fácil, y en las épocas más frías se las arregla colocándola cerca de un hogar a leña que tiene en su casa. Con respecto al calor del horno, sabe que es su aliado para lograr un buen producto, pero a la vez afecta su salud, ya que tiene problemas de circulación en una pierna. Sin embargo, no se amilana y es capaz de conseguir el pan de cada día. Sobre los secretos para lograr un buen pan dice, entre risas, que no tiene. “Cada uno lo hace a su manera. En mi caso le pongo mucho amor, dejo la masa que leude bien y se levante”, aseguró.

Lucrecia Gómez también resultó ganadora en una oportunidad. Hacía pan casero para pagarse sus estudios universitarios y el año pasado, cuando se recibió de maestra, redujo las ventas solo a los fines de semana, porque el resto de los días daba clases. “Ahora en vacaciones volví a hacer un poco más. Me levanto alas 6 y a las 10 ya lo tengo listo. El pan casero calentito se vende enseguida. A veces he tenido que salir a comprar pan o galleta a otra panadería porque vendo todo y no me queda para mi casa”, afirmó. 

Lucrecia aprendió a hacerlo cuando se lo enseñó su madre, en el campo, cuando era chica. Ahora ella le trasmite los saberes a sus hijas, que siguen sus pasos en el arte culinario y en 2015 una de ellas resultó ganadora también. Un legado que en tantos casos mantiene viva la memoria de los ancestros en la cotidianidad familiar que se erige alrededor de la mesa donde suelen conjugarse los afectos.

Una fiesta para que progrese el pueblo

Tanto Graciela Borgetto como Lucrecia Gómez coinciden en que no es lo mismo amasar el pan en el ámbito hogareño que frente a un público numeroso. Tampoco cocinarlo en un horno que no es el propio. El del concurso mide grandes dimensiones y “se enciende desde temprano del día viernes hasta la salida del sol del lunes”, explican los organizadores de la Fiesta.

Sin embargo, se animan y disfrutan de la actividad, que significa una oportunidad de poder mostrar lo que saben hacer e incrementar sus ventas de manera notable en los stand dispuestos con ese fin.

Alberto Osarán, uno de los mentores de la iniciativa que lleva adelante el Municipio, contó a UNO que el jurado es anónimo. “Con entrada libre y gratuita en las tres noches en el polideportivo municipal, la propuesta buscar rescatar y homenajear la cultura de trabajo de muchos hombres y mujeres del pueblo, que trabajan en la elaboración del pan casero y luego recorren el pueblo para su venta”, concluyó, invitando a participar de una fiesta popular que engrandece a un pueblo que lucha por progresar dentro de la provincia.
 

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