A Fondo
Martes 07 de Junio de 2016

¿Alguien ataca al trabajo en negro del periodismo?

Carlos Damonte / De la Redacción de UNO
cdamonte@uno.com.ar


El Día del Periodista tiene ese no sé qué, de lo que otros oficios carecen. Debe ser por estar en cierto modo expuestos en los medios que la gente se acuerda más de la miscelánea en cuestión que la dedicada a rendir tributo al carnicero, contador, camionero o cualquier otro trabajo que represente un medio de vida; pero son los médicos quienes, aventuro, se llevan la mayor cantidad de saludos. Como sea, en esta jornada suelen abundar felicitaciones e invitaciones a variopintos encuentros sociales (en UNO, por ejemplo, la reunión tradicional es en torno a una mesa bastante bien servida cualquier día menos este siete del seis). 

Pero la fecha opera como palanca para abordar el intrincado camino a recorrer en el periodismo. ¡Y vaya si está sembrado de satisfacciones, complicaciones y sinsabores! Se habló y se hablará de la vocación periodística, del riesgo intrínseco del oficio, del deber de expresar los hechos duros a pesar de que molesten a quien sea; y del valor de llegar a la cima, el periodismo de investigación. 

La sucinta enumeración engloba en gran medida la razón de ser de este trabajo. Empero queda sumar un aspecto fundamental: el del empleo; que va desde la brecha abierta por el trabajo en negro, abundante como mosquitos en el verano dentro del crisol de emisoras de frecuencia modulada y portales web; al cobro de, en comparación, exagerados salarios en medios del Estado. La diferencia entre un extremo y otro para una misma labor puede ser pornográfica. 

La precarización dice presente en el subempleo de quienes facturan por sus propias notas o los que, lejos de estar dotados de perfil empresario o mercantil, salen a la caza de anunciantes para obtener una porción de espacio en algún medio. Estos son los que compiten con los profesionales de la comercialización publicitaria, mellando su performance.

La tan mentada compra de conciencias es otro tópico que bien podría anclarse en este segmento donde manda el que pauta. Parangonando, trabajar en un medio donde uno depende de un salario pasa a ser como una panacea; tener obra social, jubilación y vacaciones pagas determina una ancha diferencia con aquellos compañeros  que pagan para estar en un medio de comunicación. 

Quienes estamos, por decirlo de alguna manera, dentro del sistema formal del trabajo periodístico tenemos una obligación con los compañeros que están fuera. En principio hacer las cosas como es debido,  cada uno sabe en su fuero íntimo si está moral y profesionalmente a la altura de las circunstancias; y lo que no es menos importante, bregar para cerrar la brecha y en esto es determinante el rol que jueguen los dirigentes y las autoridades del Estado que hace años miran para otro lado como desentendidos.  

Así las cosas, tan opinables como reales, quien observe entre líneas este vertiginoso oficio verá que caben, laboralmente hablando, las generales de la ley: el trabajo en negro y la precarización son asuntos graves y de primer orden que dañan a esta industria como a cualquier otra. ¿Quién se ocupa del asunto? Pocos, a juzgar por los resultados.   

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