La Provincia
Jueves 12 de Noviembre de 2015

“Al dolor y transfusión de HIV los combatí con la fuerza mental”

Tras nueve años de silencio y tratamiento, habló por primera vez la víctima que sufrió la infección en el hospital San Roque. Diario UNO de Entre Ríos cumple 15 años de vida y los festeja con un suplemento especial #UNO15años


Javier Aragón/De la Redacción de UNO
jaragon@uno.com.ar


Los días previos a la Semana Santa de abril de 2007 en la casa de una mujer de Paraná cayó una bomba. Su vecina le dijo “che mirá, que al ir al hospital escuché tu nombre y parece ser que tenés algo bravo”. Así se enteró ella de que por una transfusión de sangre la habían infectado con el virus de HIV en un nosocomio público donde, según quedó luego establecido, se violentaron todas las medidas de seguridad y salubridad a la hora de realizar esta práctica médica. 
“Todo se inició con mi embarazo, nueve años atrás. Tuve familia y se me transfundió sangre en octubre de 2006. Y seis meses después me enteré por una vecina que tenía HIV. Increíble, así fue cómo me desayuné de la noche a la mañana que mi vida iba a cambiar para siempre. De ser sana, no tener problemas de salud a sufrir por un grave error y negligencia ser portadora del virus de HIV. No lo podía creer”, dijo a UNO la víctima de ese hecho que quedó marcado para siempre en el sistema de salud entrerriano como uno de los peores lunares.
Esta pobre mujer desde todo punto de vista sintió que el mundo se le terminaba y por ello desde ese entonces nunca quiso hablar con un medio de comunicación. Por vergüenza, por el qué dirán, por los mitos que se tejen con el HIV y el sida, por la desprotección inicial del Estado, por la falta de comprensión de los responsables, en definitiva por ser la víctima de este irremediable suceso.
“La verdad es que ahora quiero hablar porque quiero llevarle esperanza a la gente, y que se sepa que quien es portadora de HIV no está en las puertas de la muerte. Hay tratamientos científicos, programas de contención y personas maravillosas que trabajan por el otro”, resumió esta mujer que no será identificada por una cuestión obvia.
UNO fue el primer medio que por abril de 2007 publicó la judicialización de esta grave situación, y desde ese momento acompañó a la víctima en el duro proceso de reclamar justicia. 
La cobertura del juicio llevó a tener algunos inconvenientes con algunos de los familiares de los imputados, procesados y luego uno de ellos condenado, pero valió la pena porque se hizo público un tema que muchos quisieron o hubieran preferido “tapar”.
Sobre la “película de terror” que vivió, recordó: “Luego de lo que me dijo mi vecina, fui al hospital y traté de hablar con las autoridades, nadie quería decirme nada, desde la secretaria hasta otros médicos me miraban sin hablar, hasta que una médica me dijo secamente lo que tenía”.
“Sentí como que yo era la responsable de todo. Estaban enojados y el maltrato de ellos fue evidente. Una especialista del San Martín me dijo ‘ahora te vamos a dar la leche para tu hijita ya que no le podés dar de mamar y además te vamos a dar preservativos’”, contó la mujer asombrada por la respuesta y contención inicial del programa provincial de HIV. Recordemos la fecha, abril de 2007.
“La verdad que el golpe que recibí no me hizo bajar los brazos, no lloré, porque tenía bronca, pero además tenía más impotencia porque no tuvieron tacto ni sentido común para ayudarme. Les faltó un poco de psicología”, resumió la afectada de la negligencia. “Quedó claro que todos ellos, los médicos del San Roque y del San Martín que tuvieron responsabilidad con esto, entre ellos se empezaron a responsabilizar para lavarse las manos. Fue lamentable su acción”, indicó. 




La Justicia condenó tiempo después a Ricardo Alcain por el delito de Omisión de deberes de funcionario público y Abandono de persona a la pena de tres años de prisión condicional y absolvió a Gabriela Coronel Campana, pero a la víctima nadie la hace olvidar “el maltrato de algunos de los integrantes del programa provincial de HIV”. 
Insistimos, el interés de esta nota periodística no es revolver el dolor de la víctima, sino saber cómo está con el paso del tiempo y por sobre todo cómo hizo para sobreponerse.
Segundo golpe
Como si esto fuera poco, la mujer madre de la pequeña criaturita sufrió otro tsunami en su casa. El marido, cobarde, la abandonó.
Lamentándose, esta mujer contó que no solo tuvo que sufrir la grave enfermedad, sino también tuve que “soportar” que su pareja se fuera. Tuvo miedo de estar con ella, dejó a la víctima sin ayuda y optó por irse porque no superó la situación que atravesaba la madre de su pequeña hijita.
Habrá pensado esta mala persona que una portadora de HIV lo iba a contagiar; por falta de información, por comodidad, este policía, que en la actualidad trabaja en la fuerza policial, marcó que es un ser despreciable desde todo punto de vista. Es fácil hacerle un hijo a una mujer y luego volar con el primer viento.
Con el paso del tiempo los sinsabores comienzan a ser historia del pasado, porque por la aplicación del tratamiento adecuado en Rosario esta mujer logró neutralizar el HIV, pero también pudo evitar que a través de su leche materna se contagiara su pequeña hija. “Los médico me dijeron que esto último fue muy llamativo y por suerte mi hijita no tiene nada. Igualmente, cada tanto tiene que controlarse”.
Los que siempre estuvieron
Su rostro cobra vida a la hora de agradecer. “La verdad es que hay algunas personas que demostraron ser muy generosas, como lo fue mi abogado Miguel Cullen; la titular de la Dirección de Asistencia a la Víctima, Marcia López; y el entonces ministro de Salud y Acción Social (hoy gobernador electo) Gustavo Bordet”.
“Cullen estuvo siempre, me extendió su mano y fue fundamental en el juicio; Marcia es una mujer maravillosa porque se puso a disposición y fue la que posibilitó que durante todo este tiempo pueda asistir sin ningún problema a proseguir con el tratamiento en Rosario”, detalló. 
“Lo que te voy a decir, siempre lo dije a mis seres queridos, no lo digo hoy por política, pero Bordet fue uno de los pocos funcionarios provinciales, por no decir el único, que se interesó, que no me dio la espalda. Sin conocerme me abrió las puertas de su despacho y se comprometió a ir hasta las últimas consecuencias. Este hombre demostró tener sensibilidad y palabra y la verdad es que demostró ser una buena persona”.
Buscando la tranquilidad
La entrevista fue prolongada. Ella recordó que ahora trabaja con un remís, que busca que sus tres hijos de nueve, 10 y 17 años crezcan en un hogar normal. “Estudian y me están demostrando que son la luz de mis ojos. Incluso estudian música y les va muy bien”.
Esta mujer de 41 años, hizo alguna mención al médico Ricardo Alcain, quien para la Justicia fue el responsable de toda esta tragedia. “Él nunca tuvo el coraje de hablarme, se escondió y me demostró ser un gran soberbio y arrogante como persona”, definió.
La ida y la vuelta en el tiempo llevó a mencionar que hoy ella está estable con el tratamiento y el HIV con carga viral cero, es decir que prácticamente la enfermedad está controlada. “Antes se creía que era mortal, hoy digo con todas las letras tengo una enfermedad crónica, controlada porque el tratamiento científico fue efectivo”.
“Gracias a este programa estatal, se me provee en Rosario de la costosa medicación, la asistencia, el control sin tener que pagar un solo peso”, reseñó para valorar el funcionamiento de la continuidad de esta política de Estado.
Como mueca de la vida, rememora los dichos de un médico en el arranque de esta penosa experiencia. “Mire señora, usted tiene HIV y no descartamos que en dos años llegue a tener sida, así que prepárese para todo”, recordó esta mujer que con fuerza dice: “Parece que le gané esta parada difícil a la vida, y tras nueve años acá estoy cada vez con más fuerza mental y física”.
Con estos golpes, la víctima del este proceso, marcó: “Aprendí que con la cabeza uno se debe mentalizar que se puede salir adelante, teniendo objetivos y proyectos en la vida como es ver a tus hijos crecer. Gracias a Dios mi familia siempre me bancó, lo mismo que mis amigos que nunca me dieron la espalda”.
Sobre la discriminación social, dijo: “La verdad es que muy poca gente me dio vuelta la cara. Los médicos implicados se lavaron las manos y mi marido, pero el resto demostró estar a la altura de las circunstancias”.
Otro punto válido de esta historia, es que esta mujer tuvo tanta fortaleza a la hora de convertirse en padre y madre que no necesitó ayuda extra de profesionales. “La verdad es que tenía muchos temas para hacer en mi casa, y no tuve necesidad de acudir a un psicólogo. Mi terapia era estar con mis seres queridos, con mis hijos”.
Fue el primer caso testigo de un grave error médico y sanitario y por ello es que deja como un claro mensaje: “Lo que se debe hacer para enfrentar una enfermedad es informarse, aprender a conocerla y por sobre todo no tener miedo, sino sacar fuerza para pelearla toda la vida. Yo sigo peleando como desde el primer momento”.

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