A Fondo
Viernes, 29 de junio de 2012Justicia por la yegua asesinada
Que la maldad y la estupidez humana son infinitas no es novedad. Que la manera en que una sociedad trata a sus animales indica su desarrollo, tampoco. Pero quienes desayunamos ayer con la espantosa noticia de la yegua apuñalada horas antes de parir, no podemos abandonar esa extraña sensación, mezcla de impotencia y bronca.
Adriana Pacheco/De la Redacción de UNO
Que la maldad y la estupidez humana son infinitas no es novedad. Que la manera en que una sociedad trata a sus animales indica su desarrollo, tampoco. Pero quienes desayunamos ayer con la espantosa noticia de la yegua apuñalada horas antes de parir, no podemos abandonar esa extraña sensación, mezcla de impotencia y bronca.
El animal pertenecía a una humilde familia que vive detrás de la Cotapa. Dormía sola en un campito cercano, a pesar de estar preñada y a la intemperie, en pleno invierno. Aunque ya había sido atacada una ocasión anterior en que apareció con la cabeza tajeada, la dejaron indefensa y sola.
La madre del dueño manifestó pesar por la falta de acción de la Municipalidad, que de haberla atendido al teléfono quizás hubieran podido salvar al animal, pensó. Finalmente y después de cuatro horas de espantosa agonía, llegó un veterinario policial y la sacrificó, cuando ya había perdido al potrillo. También les solucionaron el entierro: una pala mecánica y un camión volcador de la Unidad Municipal Nº 3 cargaron al animal y lo trasladaron a otro lugar para ser enterrado.
La Ley nacional Nº 14.346, en su artículo 1 refiere que “será reprimido con prisión de 15 días a un año, el que infligiere malos tratos o hiciere víctima de actos de crueldad a los animales”. También castiga el uso y abuso de los animales de tiro, ya que pena “hacerlos trabajar en jornadas excesivas sin proporcionarles descanso adecuado, según las estaciones climáticas; emplearlos en el trabajo cuando no se hallen en estado físico adecuado y emplear animales en el tiro de vehículos que excedan notoriamente sus fuerzas.” Basta con transitar el centro paranaense un día de la semana a cualquier hora para encontrar estos enunciados sin cumplir y los que es peor, sin castigo.
Como consuelo ante tal desolador panorama, los amantes de los animales esperamos que pronto se cumpla lo expresado por el jefe de la Policía de Paraná, Ricardo Frank: que la Policía encuentre, y la Justicia castigue a los culpables del asesinato. Una explotada yegua y su hijito lo merecen.
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