A Fondo
Miércoles, 29 de junio de 2011Igualdad
A usted le puede gustar o no el fútbol, ser hincha o no de River, pero lo que no podrá negar es que el descenso millonario a la B Nacional tiene un impacto tan tremendo que desborda los confines de un campo de juego o de un estadio.
A usted le puede gustar o no el fútbol, ser hincha o no de River, pero lo que no podrá negar es que el descenso millonario a la B Nacional tiene un impacto tan tremendo que desborda los confines de un campo de juego o de un estadio.
Frente al maremoto informativo que se desprende del evento deportivo, surge la necesidad de hacer hincapié en un aspecto: el mal llamado Interior (las provincias, allí donde crecemos y morimos millones de argentinos) tiene una oportunidad histórica de superar –al menos en el plano deportivo– un relegamiento ligado a la matriz unitaria sobre la que se erige este país.
Si observamos cómo quedan las cosas en los dos torneos, veremos que la supremacía otrora apabullante de los clubes de la ciudad portuaria, hoy está en franca declinación: en Primera, sobre 20 equipos siete serán de las provincias. En la B habrá nueve de provincias y 11 de Capital o Buenos Aires (el número variará de acuerdo a la suerte de los sanjuaninos ante Gimnasia La Plata).
En este contexto, los dirigentes deportivos locales deberán demostrar su grandeza como representantes de las provincias para contrarrestar la soberbia capitalina que exige privilegios. Se ha escuchado decir por estos días barbaridades en los medios porteños, como que River no puede jugar en determinados estadios o que los jugadores millonarios no deben realizar travesías tales como viajar a Puerto Madryn para enfrentar a Guillermo Brown, por el efecto físico que padecerían en el traslado.
Es inevitable preguntarse si el mismo problema no lo padecerán los jugadores madrynenses ante cada compromiso como visitante. O si los jugadores de Patronato o Boca Unidos de Corrientes están hechos de alguna genética distinta que les permite ir al sur sin dificultades.
El absurdo de estos planteos queda demostrado al ver lo que sucede, por ejemplo, en la NBA. ¿Usted sabe cuánto tienen que recorrer los jugadores de Detroit Pistons (en Michigan, al norte) para enfrentar a los Miami Heat (en Florida, al sur)?: 2.227 kilómetros. Dirán que no tenemos los mismos servicios de transporte. Claro, es así por el modelo centralista pensado solo para el Puerto.
El fútbol ha sido utilizado para un sinfín de razones, entre otras para ocultar la masacre perpetrada por los genocidas. No estaría nada mal que esta vez sirva como punta de lanza para un país más igualitario y federal.
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