La Provincia
Domingo 19 de Julio de 2015

Acotaciones sobre la campaña

La conducta que asuma en el cuarto oscuro el votante tradicional de la UCR cuando no encuentre candidatos radicales provinciales ni nacionales es una incógnita. Dirigentes radicales advierten síntomas de desmotivación en la dirigencia y militancia del centenario partido.

Carlos Matteoda / De la Redacción de UNO
cmatteoda@uno.com.ar


Hasta el momento se conocen pocas encuestas electorales en la provincia. Tal vez porque estos estudios  van recuperando su sentido -que es permitirle a quien las encarga hacer una lectura de la marcha de la campaña para corregir o reforzar los aspectos necesarios- en vez de ser publicadas (muchas veces parcialmente) para convencer a los indecisos que jueguen a ganador.

No es fácil acceder a las encuestas que el PRO realiza en la provincia. Varios dirigentes radicales sostienen en off the record que eso se debe a que el candidato a gobernador Alfredo De Ángeli no levanta su intención de voto pese a haber profundizado la campaña; y pese también a que el candidato presidencial del sector Mauricio Macri, sí viene creciendo en la provincia.

Esta semana se conoció un adelanto de información de una encuesta personalizada del consultor Hugo Haime, realizada en varias provincias, que pone a la fórmula Daniel Scioli - Carlos Zannini con un 39,4% de intención de voto a presidente mientras que las tres fórmulas del frente Cambiemos suman (Mauricio Macri-Gabriela Michetti, Elisa Carrió -Toti Flores y Ernesto Sanz - Lucas Llach) 30,4%. Los dos binomios  del frente UNA (Sergio Massa- Gustavo Sáenz y José De La Sota-Claudia Rucci) llegan al 16,3%. Eso motivó incluso el reclamo de algunos dirigentes del Frente Para la Victoria entrerriano por sciolizar más la campaña en la provincia, al tiempo que aparecieron los primeros afiches de los candidatos oficialistas locales con el gobernador bonaerense.

Sin embargo, el presunto estancamiento de De Ángeli no es lo que más preocupa a los integrantes de la versión entrerriana de Cambiemos, sino cuál será la conducta en el cuarto oscuro del radical de a pie, de aquel cuya opinión no fue considerada al momento de formarse la alianza con el macrismo. Y esto no es una crítica, sino un aspecto de cómo se arribó a ese acuerdo electoral. 

A las dudas que puedan asaltar al elector tradicional de la UCR entrerriana el 9 de agosto y el 25 de octubre, respecto de que por primera vez en 124 años desde su creación no habrá candidato a gobernador ni a vicegobernador de la UCR, se suman casos como el del Departamento Feliciano que agudizan esas sensaciones.

En Feliciano el radical tradicional tendrá posiblemente un escollo mayor cuando tenga que votar como senador por el Departamento a José Luis Giménez, quien supo ser un entrerriano destacado sobre fines de los 90 y principios de este siglo cuando se desempeñaba como secretario personal del exministro de Economía Domingo Cavallo. (El cordobés fue ministro de la dictadura, del peronista Carlos Menem y del radical Fernando De La Rúa).

El exsecretario de Cavallo ya fue candidato a senador en 2011 por el PRO, aunque tal vez los radicales lo recuerden más cuando en 2001 quiso ser candidato a diputado nacional en la Alianza Grande y el entonces gobernador Sergio Montiel se lo impidió, por lo que terminó postulándose por el partido cavallista Acción por la República.

Giménez era la mano derecha del ministro Cavallo y se encargaba de tejer relaciones políticas para su jefe. También se encargó de profundizar el desagrado existente entre Montiel y Cavallo, boicoteando en todo lo que pudiera la llegada de fondos a la provincia, tal como el mismo Montiel lo recordó después de haber dejado el gobierno. Obviamente que los radicales también se acuerdan del rol de Cavallo en la generación del clima que motivó la salida anticipada de la Presidencia de Raúl Anfonsín. 

Pero más allá de este dato -al fin de cuentas Feliciano es un distrito pequeño-la pregunta que queda flotando es qué conducta tendrá el radical entrerriano cuando encuentre una fórmula compuesta por un dirigente del PRO y otro del GEN, como son De Ángeli y Juan Carlos Lucio Godoy. 

Si bien algunos intentan asociar el hecho de no tener candidato a gobernador y vicegobenador con lo ocurrido con la candidatura de Roberto Lavagna en 2007, está claro que las situaciones son diferentes. La elección provincial se hizo en forma anticipada en aquella oportunidad y hubo candidatos radicales en todas las categorías, con Gustavo Cusinato como candidato a gobernador. Y en la elección nacional, en octubre, si bien el candidato presidencial era Lavagna; el vice era radical: Gerardo Morales. Y eran radicales los candidatos a diputados y senadores nacionales.

Lo que ocurre en Entre Ríos es diferente, y tras las PASO, cuando el senador mendocino Ernesto Sanz quede fuera de competencia derrotado por Macri, se profundizará la atípica situación. Ya no habrá radicales en la fórmula provincial ni en la nacional.

Un efecto, tal vez no calculado inicialmente, es que la falta una fórmula radical desmotiva a la militancia del partido centenario, lo que se retroalimenta con la claras muestras de desconocimiento -y, a veces, desconsideración- que manifiesta el PRO por la estructura del radicalismo.

La dirigencia de Cambiemos tiene dificultades para encolumnar a la militancia radical, salvo el caso de algunos candidatos a intendente. 

Algunos dirigentes radicales sumados activamente a Cambiemos esperan que la desmotivación no se aprecie tanto en las PASO, ya que la existencia de internas por la candidatura municipal en ciudades como  Condordia, Gualeguay, La Paz o Federal puede disimularlo; y esperan revertir la situación para octubre. 

Claro que siempre está presente el riesgo que algún sector quede resentido por la negativa a la posibilidad de pegar la boleta con el candidato presidencial Macri. Tal como sucede con Martín Gabioud en Paraná o con Jesús Liberatore en Victoria. (Hay que señalar que si esa situación deja huellas de resentimiento en la oposición; también podría dejarlas, por idéntico motivo, en sectores del oficialismo).

Pero la desmotivación de la dirigencia y militancia radical suma una causa más, y es que el sistema de formación de las listas de candidatos legislativos rompió con el mecanismo de premios y castigos que rige en el radicalismo a través de su carta orgánica.

Según este mecanismo, la lista de candidatos a diputados provinciales  se ordenaba, a partir del sexto lugar,  en función del resultado electoral conseguido por cada Departamento en la última elección general. Esta situación le daba a la dirigencia de cada departamento una motivación en cada turno electoral para hacer la mejor elección posible y así posicionarse para el próximo ordenamiento de la lista de diputados provinciales. 

Hoy, en el armado de la lista de diputados que se hizo, que surgió básicamente de las lapiceras de Atilio Benedetti (UCR) y de Rogelio Frigerio (PRO), rompió ese esquema de premios y castigos, ya que las nominaciones quedaron a merced del candidato a gobernador y de sus asesores. Por ejemplo, en la lista de candidatos a diputados provinciales Frigerio incluyó a Martín Anguiano, un empresario inmobiliario del Departamento Islas, socio del barrio privado El Curupí donde Frigerio tiene domicilio legal. 

En tanto, el candidato a senador de Cambiemos por el Departamento Islas es el hermano de otro de los socios de El Curupí, de apellido Jacobsen. Los dos carentes de pergaminos conocidos en la militancia. 

La escasa motivación se aprecia finalmente en otro dato: la cantidad de Juntas de Gobierno donde Cambiemos no logró oficializar listas. Que un partido nuevo no presente listas en las Juntas, vaya y pase; pero si se trata del radicalismo, con 124 años de historia, algo sucede. 

Lo que algunos dirigentes radicales sienten que está ocurriendo es que en un partido como la UCR, que mantenía una estructura de funcionamiento donde cada dirigente se sentía con la obligación de rendir cuentas tratando de realizar la mejor tarea electoral posible porque la organización partidaria funcionaba; hoy el hecho de no tener candidato a gobernador provoca un descompromiso en el cual nadie se siente con obligación de rendirle cuentas ante nadie

 

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