La Provincia
Domingo 12 de Julio de 2015

Acotaciones sobre la campaña

A la oposición le cuesta articular un discurso electoral triunfalista y los resultados de elecciones provinciales ayudan poco a este cometido. El oficialismo lidia en la Justicia con obstáculos que indirectamente cuestionan la conducción política de Urribarri

Carlos Matteoda/ De la Redacción de UNO
cmatteoda@uno.com.ar

A un mes de las elecciones primarias, la dirigencia opositora entrerriana no suma elementos del panorama nacional que a priori le permitan acrecentar el optimismo. Los resultados del fin de semana pasado, sin ir más lejos, no constituyen una garantía de triunfo ni para Mauricio Macri ni para Sergio Massa.

El kirchnerismo no ganó la semana pasada en Capital Federal ni en Córdoba, ni en Corrientes ni en La Pampa; pero los frentes opositores capitalizan en pequeñas cuotas esos no- triunfos kirchneristas.

En la Capital ni siquiera la postulación presidencial de Macri le alcanzó al PRO para ganar en primera vuelta. Si bien es cierto que la diferencia de 20 puntos entre Horacio Rodríguez Larreta y Martín Lousteau parece irremontable, el triunfo del PRO en sí mismo no es ninguna sorpresa. Una clara señal de fortaleza política era ganar en primera vuelta, y no se consiguió. Ahora, en el balotaje, Macri (a través de Rodríguez Larreta) debería mejorar el 64,25% de la segunda vuelta de 2011, para que el resultado se considere un aval claro a su postulación presidencial.

Es más, podría pensarse que la mejor elección, tomando como referencia el resultado de las PASO, la hizo el kirchnerista Mariano Recalde, de quien ya se sabía que era un pobre candidato, pero al que Lousteau le termina sacando poco más que un par de puntos de ventaja.

En Córdoba toda la oposición junta (radicales, PRO, el juecismo y otros) no le pudo ganar al delasotismo que -¡por quinta vez!- se impuso en esa provincia. Es cierto que el oficialismo cordobés tuvo el aparato provincial a su favor, pero también un desgaste de cuatro mandatos al hilo (combinados entre José Manuel De la Sota y Juan Schiaretti). En Corrientes ganaron los radicales, sí. Pero, ¿qué radicalismo es el de Ricardo Colombi? El correntino está con Massa y siempre fue un outsider del partido, por lo que difícilmente pueda sumársele ese mérito electoral a alguna dirigencia nacional.

En La Pampa, donde poca gente participó de una interna abierta entre dos líneas del justicialismo, ganó el peronismo tradicional-no kirchnerista, que no es parte del macrismo ni del massismo. Y que mira a Scioli con simpatía.

En La Rioja sí ganó el kirchnerismo, pero ese triunfo cuenta poco por lo pequeño del padrón; aunque es cierto que allí el candidato de la oposición unificada, Julio Martínez, aparecía en algunas encuestas como posible ganador de los comicios.

Esta percepción en la oposición respecto de que hay poco para festejar se acrecienta si se consideran los resultados anteriores como la derrota macrista en Santa Fe, donde la segunda máxima estrella del partido amarillo Miguel Del Sel no pudo con el socialismo gobernante. Incluso allí, de las PASO a la general, el que mejor elección hizo fue el peronista Omar Perotti.

Igual de cierto que el mérito no es del kirchnerismo, resulta que las no- victorias del oficialismo nacional están lejos de representar acumulación para la oposición PRO-UCR. Y encima, varias encuestas marcan un crecimiento de la figura del candidato presidencial del Frente Para la Victoria Daniel Scioli, con Carlos Zaninni incluido. La oposición suponía que la inclusión del ultrakirchnerista iba a afectar la imagen del bonaerense, pero esta situación no se verifica en las encuestas conocidas.

En la provincia, en tanto, se señala que el candidato que más tracciona la boleta opositora de Cambiemos es Macri, y que los niveles de adhesión al dirigente porteño están por encima de los de Alfredo De Ángeli, el candidato a gobernador del sector.

En el oficialismo, en tanto, ya se aquietaron las pocas olas que generó la determinación de Urribarri sobre la integración de la fórmula. La figura del intendente de Concordia, Gustavo Bordet, se va haciendo más conocida, y la actitud del candidato a vicegobernador Adán Bahl ayudó a transitar con suavidad los días posteriores a su aceptación de ir de número dos en el binomio.

Sin embargo no todas son rosas. Por un lado, la discusión sobre el pegado de boletas y el primer revés judicial del urribarrismo tras una presentación del viceintendente paranaense Gastón Grand, le marcan un límite a la conducción política de Urribarri.

En Paraná, el gobernador no pudo despejar el panorama para la candidatura única de Blanca Osuna, y si bien es cierto que la actual intendenta debería ganar las PASO con comodidad considerando entre otros aspectos que cuenta con el apoyo de los candidatos provinciales, la apelación a la rebeldía peronista de Grand o la desafiante permanencia de la candidatura del funcionario provincial Daniel Elías opacan el escenario imaginado por el gobernador.

Otro dato de la percepción electoral en el justicialismo surge de los sectores rurales o de pequeñas poblaciones donde se está sintiendo el descontento de productores agropecuarios.

Si bien el candidato opositor De Ángeli no es el dueño de esos votos, los intendentes y legisladores peronistas sienten a diario el rigor de las críticas de ese sector y algunos se atreven a señalar que podría ser un error repetir la campaña de 2013, centrada únicamente en la figura de Urribarri. Entienden que aún siendo el principal elector del oficialismo, el Pato está desangelado por las dos fallidas candidaturas, primero a presidente y luego también por haber quedado fuera de la posibilidad de ser candidato a vicepresidente.

Con tino el oficialismo entrerriano no batió el parche con la chance de ser compañero de fórmula de Scioli, pero el abrupto despertar que tuvo el sueño entrerriano todavía está presente. Por eso, en privado, los dirigentes oficialistas piden “más Scioli” en la campaña, a quien si algo hay que reconocerle es la preponderancia que le da en su discurso al tema productivo.

Se sabe desde hace varios meses que en el gabinete de Scioli habrá lugar para exgobernadores justicialistas y allí las chances de Urribarri son importantes, pero a la luz de lo ocurrido con otras posibilidades de ocupar cargos nacionales, el oficialismo se maneja con cautela. No es un dato menor en ese sentido que Urribarri haga públicas las sugerencias sobre medidas de gobierno que le comunicará a Scioli, como ocurrió el martes en Basavilbaso en relación a la producción avícola.

Seguramente nada de esto es desconocido por Urribarri, quien le dio a las listas un toque de popularidad recurriendo a figuras de los medios de comunicación.

El archiconocido rostro del conductor Cristian Bello estará en uno de los extremos de la boleta del Frente Para la Victoria. Candidato al Parlasur, Bello pone a favor de la causa electoral del oficialismo la confianza ganada durante años en amplios sectores de los radioescuchas y televidentes, desde medios públicos como LT 14 o privatizados como Canal 9. El hombre de medios ya había sido tentado por Mauricio Macri en persona para ser candidato del PRO en 2013, pero se negó; Urribarri supo convencerlo. “Esta vez no podía decir que no”, se sinceró.

Otra carta en la manga de Urribarri fue la inclusión del periodista Santiago Miguel Rinaldi en la lista del oficialismo. Aunque Rinaldi va de candidato suplente a senador, está claro que su inclusión tiene un peso significativo. Rinaldi es tal vez el principal referente del sector agropecuario en los medios provinciales, y su presencia en la boleta del FPV impacta a la oposición. Alfredo De Ángeli se cuidó de cuestionarlo, al igual que lo ha hecho el resto de la dirigencia opositora. El Torito de María Grande se limitó a reconocer que estaba “sorprendido” y aventuró que Rinaldi “deberá darle explicaciones a los productores”, apuntando a que el periodista había sido vocero de las demandas del campo en 2008/ 2009.

A su favor, entre otros aspectos, Rinaldi tiene un conocimiento superlativo del Departamento Paraná que recorre periodísticamente desde hace más de tres décadas. Igual se sabe que en ninguno de los dos casos hay un reconocimiento a la militancia, pero los argumentos a favor de la candidatura de Rinaldi suavizan el enojo de algunos peronistas del campo que lo junaban en la vereda de enfrente. Esta es una diferencia con la candidatura de Bello al Parlasur, aunque de eso solo se habla puertas adentro del urribarrismo.    

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