Día del Padre
Domingo 19 de Junio de 2016

Acerca de la paternidad

Para la mayoría, este domingo es un día de celebración, de homenaje a ese que nos dio la vida, que nos consoló, alentó y enseñó a vivir. Otros, sin embargo en estas fechas recaen en el recuerdo, en la tristeza y la melancolía. La nostalgia probablemente los haga sonreír sin tanta alegría porque la muerte y la distancia se han interpuesto entre hijos y padres.
En los primeros años de la vida uno ve a la figura paterna como una especie de superhéroe que siempre podrá resolverlo todo, el que jamás se equivoca y que estará ahí de fierro cada vez que algo atente contra la felicidad de su hijo. No es para menos, es en base a los padres que uno se construye: aprender a caminar como ellos, a hablar con sus palabras, a llorar o sonreír, a ver el mundo a su manera, con sus ojos. En tiempos de la adolescencia, cuando todo parece estar bajo nuestros zapatos, se dan fuertes discusiones con los progenitores y no se puede justificar muy bien por qué. Las cosas con el tiempo se ven más claras y la independencia va llegando poco a poco con golpes y caídas en las que ese hombre ya no tiene poderes ni capa o no está atento para amortiguar ese dolor y es ahí que descubrimos el gran secreto: ser padre se aprende en el transcurrir de esa experiencia, no hay libros que enseñen a educar.
Ellos también se equivocan y lo sobrellevan como pueden, con la responsabilidad de sus vidas y las que tienen a cargo. Esa oportunidad en la que todo se veía gris, eso también lo frustró a él, al no poder acercar una solución.
Si se indaga, la historia de los abuelos y de los padres demuestra que muchas veces metieron la pata, que cuando no nos incentivaron a estudiar fuera de casa no fue por capricho sino para mantenernos cerca, que ese castigo que nos impusieron no buscaba nuestro dolor sino advertirnos, que él también tenía sus vicios y los superó por amor, que no le salen tanto los abrazos porque lo educaron así, rígido y sin tonos rosa, porque no nos compró el choripán que le pedíamos en la cancha para hacernos valorar un poco más, porque no nos dejaba salir hasta muy tarde porque le daba miedo que pasara algo malo.
Todos sabemos cuáles son los poderes que tiene un padre, así como somos conscientes de sus vulnerabilidades y eso, al final de cuentas, no nos hace admirarlos menos, todo lo contrario: sus fallas solo han significado más esfuerzo, sacrificio y resiliencia.
Para todos ellos, los que están acá y los que ya partieron hacia otros rumbos, para los que la pelearon más y menos, en cada mirada de amor o de enojo: Gracias por su sangre, los silencios y el tiempo. Después de todo ¿quién necesita un superhéroe si tiene un papá?

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