Fútbol
Sábado 15 de Abril de 2017

Putear al otro es un deporte

Nuestro estado de irritación es proverbial, no solo en el fútbol. Es cierto que los argentinos necesitamos un shock de Abya yala, un golpe de sinceridad, una rueda de mate, pero veremos que el insulto es ya un patrimonio de la humanidad

Íbamos a empezar con una reproducción de agravios frecuentes pero apelamos a la imaginación y la memoria de las y los lectores para ahorrarnos ese cuadro de mal gusto.
Digamos, de entrada, que en la rueda de mate el humano se reconcilia con la naturaleza, pone su corazón sobre la mesa y entra en sintonía con su historia, de ahí la sinceridad. Esa armonía está en las antípodas del insulto, porque en una rueda de mate el otro no es un enemigo, no es otro siquiera, las fronteras se esfuman.
Por eso se impone el mate como remedio para los males del desencuentro del humano con el humano, del humano con la naturaleza, del hoy con el ayer. Como una cura contra la competencia de exabruptos, que observamos en una escalada no siempre resuelta en palabras.

Selección de todos
Tomamos el fútbol porque está en nuestra cultura, y en particular la Selección nacional como lo que es: un club de todos. Calzar la celeste y blanca es como no ponerse camiseta, andar en cuero colectivo, porque nos reúne y representa a todos.
Sin embargo, vemos a los Messi, Mascherano, Gatti, Bilardo, Maradona, y tantos haciendo de sus cuerdas vocales un desagüe. Y qué decir de políticos y sindicalistas. Más abajo daremos algunos ejemplos no tanto con insultos (que no precisamos) ni con la cloaca de las redes "sociales", sino sobre posiciones rígidas y extremas que escuchamos en declaraciones públicas ante asuntos que podrían invitarnos, en verdad y qué lindo, a una conversación amable. Bravuconadas que nos darían risa si no fueran caldo para otras violencias menos inocuas.
Hace años que venimos, los argentinos, puteando al otro. H de P es la calificación más frecuente entre hermanos. Si sumamos, habrá más culpables que argentinos.
En esta vida frenética, a los gritos, cortamos grueso, metemos en la misma bolsa de nuestros desprecios a grandes masas, y cuando el vecino nos advierte, muy tímidamente, que se nos fue la mano le respondemos "me chupa un huevo". A malevo, malevo y medio.
En la burguesía el jueguito termina en abogados y jueces, y en el barrio a las puñaladas. Está claro, entonces, que solo para algunos es un "jueguito".

De Gatti a Bilardo
Si miramos con sinceridad y serenidad podremos disfrutar la unidad subyacente, con los matices a la vista, y comprender que el otro opina distinto primero porque ignora tanto como ignoramos nosotros, y en segundo lugar porque sinceramente piensa que el otro camino es mejor. O miró lo mismo desde un ángulo diferente.
Veamos estos ejemplos:
1-Hugo Orlando Gatti, el Loco, escucha a un fanático de Lionel Messi y le responde: en mi época iba al banco.
Todos entendemos que busca bajar el nivel de expectativas con Messi. Pero lleva a un extremo: lo manda al banco de suplentes. Sería como sacar a Mercedes Sosa del coro, una cosa así.
2-Carlos Salvador Bilardo busca derrumbar la candidatura de Jorge Sampaoli a la Selección y afirma: no sirve para nada, ni como DT ni como persona. Si agarra Sampaoli me voy a Turquía.
Tomemos aire y preguntémonos, ¿hace falta llevar las cosas a ese extremo?
3-El árbitro le cobra una sanción a Lionel Messi y Messi insulta de arriba abajo en dos oportunidades al línea. ¿No debiera tomarse unos mates también, nuestro querido Leo?
4-Algunos periodistas deportivos dicen tonterías sobre los jugadores de la Selección. Los jugadores de la Selección deciden en forma corporativa no hablar más con el periodismo. ¿No debiéramos, periodistas y jugadores, tomarnos unos mates? ¿Por qué vamos a pedir dioses en la cancha? ¿Y por qué pediríamos dioses en los micrófonos?
5-Una expresión en la política: el dirigente dice que los manifestantes a favor del gobierno "son todos unos giles, unos tarados", el otro quiere meter presos "a todos" los kirchneristas, no falta quien llame a dar vuelta los autos de los que piensan distinto a él. ¿Qué tal unos mates? En medio de una revolución sería para analizar, pero cuando ese mismo dirigente apoya gobiernos capitalistas burgueses, entonces ¿no pasa a ser puro y liso pasatiempo vulgar?
6-Ante el anuncio de Claudio Tapia de conversar con Jorge Sampaoli para que se haga cargo de la dirección técnica de la Selección Argentina, sus "patrones" del Sevilla, en vez de callarse la boca y luego saludar a su entrenador por lo que significa dirigir el seleccionado de su propio país, no, ¿qué dicen? Que el Sevilla "consideraría una falta de respeto, al tiempo que inaceptable, cualquier reunión o contacto destinado a que el entrenador proceda a la ruptura contractual con este club, y que por tanto no dudará en hacer valer sus derechos". Si tienen derechos contractuales, ¿por qué no los harían valer? ¿Tienen que mostrar los dientes, necesariamente? ¿Y si se toman unos mates? Este ejemplo muestra que el estado de irritabilidad (a veces apurando un negocio) no es una exclusividad de los argentinos.

Acelerados
7-Veamos esta actitud atropelladora y espasmódica en las rutas: el resultado está en los 20 muertos diarios, la mayoría jóvenes, mujeres, niños. Es muy claro adónde vamos con la velocidad, con el pretendido derecho a arrollar al otro. La ruta es el mejor termómetro de la Argentina. Allí se marca el estado de cosas, de los conductores y del Estado que es el dueño de las rutas y no se hace cargo de la masacre anual. 8.000 muertos al año, decenas de miles de heridos... En otros ámbitos pasa lo mismo pero los daños no se pueden sumar, ¿y para qué, si en las rutas los contamos y a pesar de la evidencia no hallamos en la sociedad, y menos en el Estado que es responsable principal, una medida que supere esta calamidad?
Acelerados, divididos, seguros de poseer la verdad más absoluta, insultando a todos los que cometen errores (es decir, todos menos uno mismo), los argentinos nos vamos desligando de nuestras responsabilidades y hundiendo en el fango de la mediocridad.
Hemos perdido los aceites, los elásticos, la capacidad de discernimiento entre colores y matices.
Claro, durante años comprobamos que si no cortamos una ruta, si no quemamos cubiertas, si no gritamos, si no lloramos ante las cámaras, si no pegamos tres tiros al aire, nadie atenderá nuestros justos reclamos.
En el barullo, cada cual ve la paja en el ojo ajeno y oculta la viga en sus ojos.
En las propias luchas sindicales y políticas podríamos revisar modos que quizá no han dado resultado.

Unos amargos
La estrategia de apuntar el ariete a la puerta más débil es interesante en la guerra, pero ¿funciona en las relaciones sociales, culturales, políticas? ¿Nos ayuda a conocer?
Esa crítica selectiva, interesada, no cabe en la sinceridad de una rueda de mate. Ni el técnico Bauza solo explica el mal desempeño de la Selección ni el juez Rossi solo explica la muerte de Micaela.
Los distintos sectores, todos separados en partidos, corporaciones, sindicatos, individuos, familias, empresas, profesiones, religiones, tratan cada uno de sacar una tajada y cuidar la imagen propia para ver si caen bien parados en la próxima, mientras que el común queda a merced del mercado. La rueda de mate es el ámbito de la mirada integral. Por eso la invitación: al mundo le vendrían bien unos amargos.
Escuchar al otro, honrar los silencios, dejar que fluyan los mensajes de los antepasados, enredarse en los murmullos del monte, inclinarse ante la Pachamama, eso es el mate. Armonía, complementariedad, comunidad, resistencia. Ni farándula ni éxito ni ganancia ni propaganda, nada de eso encaja en una rueda de mate.
Uno de los rubros con vicios pronunciados es el periodismo. Es el vicio del ruido. Lo admitimos para no dejar la impresión de que nos sentimos afuera del problema. Los periodistas nos sentimos casi obligados a opinar sobre lo que no sabemos, y hacemos uso y abuso de la descalificación ligera. Sabemos que los jugadores pasan y los periodistas quedamos ¿no?
Somos de los pocos que permanecemos en la discusión cuando los demás se marcharon, sea porque no fueron votados (políticos), o porque cumplieron años (futbolistas).
Qué fácil ensañarse con Mascherano. Nosotros tenemos altas chances de seguir (de no mediar un infarto), y a Mascherano le quedan los días contados porque el almanaque nos pasa factura.
La distancia de las personas y su aislamiento de la naturaleza en las redes digitales facilitan los desencuentros. Con los filos de esos mensajes desfilamos a la guerra. En una rueda de mate nadie marca el paso, no hay modo de tratar con ligereza y desprecio al otro, porque en lo que decimos al otro va nuestro corazón.
Muchos argentinos llevamos al fútbol en la sangre, un caño, una rabona, dos poemas. Y cultivamos una antigua tradición en el mate. Fútbol y mate, dos raíces con fuente en el antiguo y vigente universo guaraní charrúa.
Si nos serenamos y vemos la confluencia podremos regalar al mundo otros modos. La humanidad está al borde, ya estamos en el umbral de las ojivas nucleares. Una rueda de mate no es un gusto que nos damos, es una necesidad.
Como lo anticipamos en otro momento así, crucial: en vez de matar, matear. En vez de putear, convidarnos unos mates.
Una rueda de mate es hoy un acto de resistencia. Al barullo se le opone otro barullo, a la conciencia integral no habrá con qué darle.

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