Salud
Viernes 11 de Agosto de 2017

La verdad del turrón ¿alimento o golosina?

Por Paula Eder
de la redacción de UNO
peder@uno.com.ar




Se podría decir que la vida sana está de moda, aunque la palabra "moda" no termina de describir el cambio radical que ha sufrido nuestra idea de bienestar en los últimos años. Las tribus alimenticias ya están por todas partes: veganos, vegetarianos, crudiveganos, puede haber uno de cada uno en una familia tipo. Los runners, un gimnasio por cuadra, las cuentas de instagram de mujeres y hombres fit acumulan millones de seguidores.

Cada vez es más la gente se preocupa por practicar hábitos saludables, y las marcas y sus departamentos de marketing lo vieron antes que nadie. "Bajo en sodio", "reducido en calorías", casi todos los alimentos procesados tienen al menos una leyenda de este tipo, sin embargo, hay quienes afirman están más avocadas a conciliar al consumidor con su conciencia que a reflejar la realidad del producto.

Hoy, en el día del nutricionista, recordé que de todos los hábitos saludables que intenté en mi vida sólo pude incorporar uno: comer turrón. Me gusta ir a comprar turrón y mirar con desprecio a los que están eligiendo galletitas rellenas. Me siento alguien sano y con muchos años por delante cuando viene a mis manos desde una estantería llena de alfajores y cubanitos que solo compran las viejas.

Pero eso fue hasta hoy, que miré la etiqueta y la encontré llena de nombres raros que comenzaron a hacerme ruido.

Mal de muchos... lo bueno es que en apariencia no soy solo yo. El turrón tradicional, barato, vive una especie de "boom" de ventas. Es llamativo porque a lo largo de los años no ha sufrido modificaciones significativas, ni se ha relanzado al mercado con otro nombre, ni siquiera han cambiado el color de su envoltorio. Sin embargo, el producto está más vigente que nunca; las ventas aumentaron en los últimos años un 100% según explicó a Clarín Miguel Dillón, gerente de marketing de Arcor, empresa líder en el rubro.

En diálogo con UNO, la Licenciada en nutrición Anneris Cornejo MP 15.673, fue tajante: "El turrón es una golosina, no un alimento". Y ahí puede estar la clave, en los últimos tiempos al turrón se lo ha dejado de considerar golosina, para pasar engrosar las nobles filas de los alimentos, al lado de las berenjenas y el bife de hígado. "-Pero vos viste la definición de alimento?", me acorrala, y antes de que yo conteste que no, dispara: "Alimento es una sustancia nutritiva. Y el turrón no tiene nada que nutra solo azúcar y harina algo de proteína mínima".

Si vemos la etiqueta veremos que los ingredientes son: jarabe de glucosa -como los caramelos-, harina blanca, azúcar, aceite y lo que usan para amalgamar la mezcla: lecitina de soja, gelatina grenetina bovina, aromatizante de turrón, y apenas 10 por ciento de maní, que sería 2,5 gramos, o sea dos maníes grandes o tres pequeños. Son 98 calorías nutriente alguno y sin nutriente, no hay alimento.

"El principal ingrediente son Hidratos. No tiene vitaminas, ni minerales. Se usa como colación aveces porque es práctico". Con un valor que ronda los 5 y 7 pesos, es el más elegido por empleados de comercio de la zona céntrica de Paraná, según dijeron a UNO en un kiosko ubicado a metros de la peatonal.

Además la profesional opinó que algo fundamental en la golosina es la porción: "Es una porción controlada y su textura obliga a una masticación lenta, eso da saciedad". Pero además indicó que, descartada la posiblidad de alimentarse comiendo un turrón, tampoco se está obteniendo la sensación de saciedad que puede dar un yogur, aunque para eso debamos gastar unos 10 pesos más como mínimo.

Detrás del fenómeno hay varias empresas, claro. La primera fue Georgalos, que en la década del 40 lanzó Namur y marcó un hito en la historia de las golosinas nacionales pero dejó de producirlo."La recomendación de los profesionales de la nutrición fue de gran influencia para su crecimiento", afirma Dillon.

Es su relativamente bajo valor calórico y su precio accesible los que hicieron que los profesionales recomendaran esta golosina como colación. Sin embargo, el marketing y alguna distorsión quizás inconsciente de los consumidores con ganas de comer sin culpas instaló la idea de que comer un turrón es tan sano como comer una mandarina recién sacada del árbol.


"El turrón es un gusto que uno se puede dar, como cualquier otra golosina", finaliza la profesional y me parte el alma también, ya no veo un turrón, sino dos obleas húmedas con caramelo en el medio. Más frutas y verduras, menos procesados, me voy repitiendo en voz baja. No importa cuan verde sea su envoltorio, todo lo que se acerque a lo artesanal y, consecuentemente, se aleje de lo industrial, será siempre la opción más sana.

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